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«Balín» aún expulsa plomo, pero vuelve a confiar

El gato tiroteado el año pasado en Cambados se recupera y ya tiene una familia

El gato de Cambados con su veterinaria y nueva dueña.

El gato de Cambados con su veterinaria y nueva dueña. / Noé Parga

Cambados

Hay gente que piensa que el gato tiroteado el año pasado en Cambados no sobrevivió. Y no es de extrañar: «Llegó muerto», recuerda Olga Costa, que fue una de las primeras en atenderlo cuando aquel aciago 24 de octubre lo ingresaron con doce balines alojados en su cuerpo.

La mitad aún resisten porque están en zonas delicadas y retirarlos podría haberlo dejado paralítico, así que es una especie de «bala andante» y sus cuidadores decidieron bautizarlo como tal, con el nombre de «Balín», cuenta la presidenta del Refugio de Animales, que se convirtió en uno de sus ángeles de la guarda.

Hace poco aún expulsó uno de estos proyectiles, pero por lo demás, físicamente está estupendo. «Sus analíticas son buenas y de momento está bien. Solo hay que ver el antes y el después», añade Costa, mostrando una fotografía del felino, que ya luce un precioso pelaje blanco y gris y para nada se parece a aquel animal agonizante, pelado para las operaciones a las que tuvo que ser sometido y lleno de heridas.

Además, ha encontrado un hogar. En concreto, ha pasado a formar parte de la familia de la veterinaria de la Clínica del Refugio que lo ha atendido durante su tiempo de convalecencia y «se ha adaptado muy bien a su casa y al otro gato y al perro que tiene. Es increíble que después de lo que le hizo el ser humano, aún vuelve a confiar», añade la presidenta. Con todo, reconoce que las secuelas psicológicas siguen ahí y cuando entra alguien desconocido en el lugar donde está, «se suele asustar y esconder».

No obstante, los voluntarios del Refugio celebran una evolución digna de elogio: «Es un campeón, un luchador», resume la cambadesa, recordando el esfuerzo realizado por la protectora para ayudarlo. «Llegó muerto y ha salido adelante gracias al tesón y a la lucha de todos. Aún recuerdo los primeros días cuando hacíamos turnos de tres horas para velar por él las 24 horas».

Su caso no se ha olvidado y asegura que mucha gente pregunta por él, incluso el Seprona, que investiga para hallar a su verdugo. Llegó a haber sospechas, pero nada concluyente.

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