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Las rías, el laboratorio permanente desde el que pensar en el futuro

La comunidad científica se sumerge en las aguas gallegas en busca de conocimiento

Hay infinidad de proyectos de investigación en marcha

Cada vez son más las bateas provistas de artilugios de control.

Cada vez son más las bateas provistas de artilugios de control. / Iñaki Abella

Manuel Méndez

Manuel Méndez

Arousa

Lo habitual es ver a hombres y mujeres trabajando sobre las bateas, barcos abarloados a ellas –con sus grúas subiendo y bajando mejillón, ostra o almeja–, y tanto cuerdas como cajas o cestos apilados sobre el emparrillado de madera, compartiendo espacio con bidones y flotadores.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte son cada vez más los viveros flotantes provistos de cámaras de vigilancia u observación, sensores, sondas, dinamómetros digitales, anemómetros, aerogeneradores y todo tipo de artilugios que contrastan con el tradicional cultivo del «oro negro» de batea y demás especies de acuicultura.

Esto se debe a que también son cada vez más las acciones tendentes a mejorar la seguridad de los viveros y a desplegar todo tipo de líneas de investigación vinculadas al cambio climático, el crecimiento de los bivalvos, la presencia de biotoxinas y la captación de semilla, entre otros muchos objetivos.

Centros dependientes de la Consellería do Mar como el CIMA, Igafa o Intecmar, pero también Cetmar, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), las universidades, organizaciones de productores, empresas privadas y la DOP Mexillón de Galicia son algunos de los agentes impulsores de este tipo de iniciativas que convierten a las rías gallegas en un gran laboratorio.

Una batea provista de cámaras en la ría de Arousa.

Una batea provista de cámaras en la ría de Arousa. / Iñaki Abella

Un espacio para la investigación y la innovación en el que obtener resultados que garanticen el futuro de la acuicultura y el marisqueo de las rías en la comunidad, lógicamente haciendo especial hincapié en la de Arousa, por aquello de ser la más grande, la más caudalosa y la que posee mayor cantidad de zonas marisqueras y un número mayor de bateas de mejillón, ostra y almeja.

De ahí proyectos como el titulado «Moluscos y Medio Ambiente: Demostrador de un servicio de predicción y seguimiento costero en apoyo a la acuicultura en el Atlántico NE», centrado en la ría de Arousa y especies como el berberecho y el mejillón.

Conocido como «Moll-e Malone», su objetivo principal es «mejorar la evaluación de la calidad del agua» en la ría arousana «apoyando la acuicultura local».

Lo que se persigue con ello es la creación de «una plataforma integral de datos» que incluya tanto «modelos costeros y observaciones in situ, proporcionados por proveedores locales», como los registros de monitoreo y previsión marina ofrecidos por Copernicus, el programa de observación de la Tierra de la Unión Europea que se basa en la observación del planeta por satélite.

Todo ello «se combinará con datos socioeconómicos, tanto del mercado como de dispositivos in situ dedicados a monitorear el crecimiento y la producción de bivalvos» en las bateas.

Uno de los puntos de control de la ría.

Uno de los puntos de control de la ría. / Iñaki Abella

Es una acción del Centro Tecnológico del Mar (Cetmar) que se complementa con estudios como el llamado «Transformar», pensado para proporcionar «soluciones para impulsar la adaptación al cambio climático».

Además de «promover la innovación cooperativa para activar la transformación social a través de medidas basadas en la naturaleza, las tecnologías innovadoras, los modelos de financiación, seguros y gobernanza, la concienciación y el cambio comportamental».

Es una iniciativa dirigida a los mejilloneros y mariscadores de a pie participada por la Universidade de Vigo y el CSIC que estudia el impacto de las condiciones oceanográficas en la producción de mejillón.

Para ello se monitoriza en tiempo real una batea dotada de sensores y se evalúa la evolución de los bancos de cultivo y marisqueo de almeja a través de un modelo matemático.

Al hablar de estos proyectos tampoco hay que olvidarse del Apromex («Análisis de la población de semilla de mejillón y evaluación de nuevos sistemas para su captación en el medio natural y para su producción en criadero»).

Esta línea de investigación, como ya se avanzó en su momento, se basa en obtener mejilla en novedosos sistemas recolectores long-line, es decir, las cuerdas instaladas en la ría de Muros-Noia que constituyen un sistema de fijación de cría en el medio natural que, a su vez, hace de soporte a distintas pruebas y estudios.

La intención de la Consellería do Mar y sus colaboradores en este proyecto es determinar el mejor modo de garantizar e intensificar la obtención de las larvas que están en suspensión en el agua.

Algo que mejorará el trabajo de los bateeiros, que es lo que también buscan el CSIC, el Consello Regulador do Mexillón de Galicia y de la Federación de Productores de Moluscos Delta del Ebro con el proyecto Momento, un sistema de alerta temprana basado en un sensor que controla la frecuencia y amplitud de la apertura de las valvas del mejillón a través de un cable y una maleta con energía solar, situada en el emparrillado y que transmite los datos a través de una red móvil.

Dicen los investigadores que este sistema «permitirá enviar datos en tiempo real, registrando hasta diez movimientos del bivalvo por segundo», lo cual propiciará la «detección de estrés leve o agudo» en el molusco y el desarrollo de estrategias de manejo con las que mejorar la producción y la salud de los ejemplares.

Otro estudio destacado es el que analiza el cultivo de mejillón en Arousa, de 230 kilómetros de superficie, una profundidad máxima de 65 metros y cerca de 2.500 bateas, comparando su evolución con la del molusco de la ría de Muros-Noia, de 120 kilómetros cuadrados de superficie y únicamente un centenar de artefactos flotantes.

De este modo el Instituto de Investigación del Medio Acuático para una Salud Global (Iarcus) y su Centro de Investigación Interdisciplinar en Tecnologías Ambientales (Cretus), adscritos a la Universidade de Santiago, tratan de «conocer el efecto que los polígonos dedicados al cultivo del mejillón pueden tener sobre la calidad y producción del ecosistema de las rías».

Contaminantes químicos

Lo que hacen los investigadores es evaluar «tanto el efecto depurador como concentrador de contaminantes químicos, orgánicos y microbiano, así como su repercusión sobre la calidad del ambiente sedimentario y del agua y la disponibilidad de recurso alimentario para otras especies».

La Consellería do Mar, que avala y financia este estudio, pretende con ello «avanzar en la competitividad y sostenibilidad del sector, reforzando la apuesta por la innovación y el desarrollo científico y tecnológico en Galicia», además de querer «aportar un mayor valor añadido» a los productos y «atraer nuevo talento».

Ni que decir tiene que estas y otras muchas propuestas de carácter científico dan continuidad a proyectos iniciados hace más de una década, algunos tan conocidos como el Mytiga, que analizó cambios tanto en el medio físico como en la comunidad fitoplanctónica del interior de las rías gallegas.

Amén de desarrollar herramientas para la detección y predicción de estos cambios ambientales y de la abundancia de fitoplancton prevista a corto plazo y sobre escenarios climáticos futuros.

Servía, asimismo, para «identificar y cuantificar los factores ambientales y biológicos que controlan y determinan la producción y explotación del mejillón; estudiar el impacto de los cambios observados y pronosticados para las Rías Baixas en el mejillón ‘Mytilus galloprovincialis’ y evaluar el impacto económico sobre la producción de mejillón».

Mucho más reciente, y también ligado a ese gran banco de pruebas en que se han convertido las rías, es el proyecto Musselbock, coordinado desde el Clúster Alimentario de Galicia (Clusaga) y financiado por el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo.

Con el respaldo de la DOP Mexillón de Galicia, trata de contribuir a «desarrollar en la cadena de valor del mejillón certificado un sistema seguro y fiable que garantice la veracidad e inalterabilidad de la información asociada a la trazabilidad y seguridad alimentaria».

Para buscar esa eficiencia y rigurosidad en la identificación del producto y la información del mismo que se brinda al consumidor, tanto sobre el origen como en relación con el método de cultivo y demás características del «oro negro», lo que se hace es emplear herramientas como la «recogida automatizada de datos mediante la sensorización y la aplicación de inteligencia artificial para la realización de modelos de análisis predictivos».

Digitalización

Así, mediante sensorización, digitalización, optimización de procedimientos documentales e integración de toda la cadena de valor en una misma solución digital, se busca mejorar en los procesos de cultivo y venta, «ganando en competitividad, eficiencia global y rentabilidad de la cadena de valor del mejillón certificado».

Puestos a citar proyectos en marcha no hay que olvidarse del MytilUP, enfocado a «garantizar una producción eficiente y respetuosa con el medio ambiente, asegurando la disponibilidad de semilla de mejillón sin depender exclusivamente de la captación natural de cría».

Es una propuesta de Opmega –la entidad mayoritaria del sector productor– que, con ayuda de la Universidade de Vigo, ha permitido en una primera fase «mejorar la selección y calidad de mejillones destinados a reproducción».

Con ellos «se han realizado cultivos larvarios a diferentes densidades, analizando su evolución y seleccionando las mejores condiciones para su desarrollo» hasta «optimizar la fijación larvaria» y, en consecuencia, abrir el camino a la obtención de mejilla en criadero.

Microalgas

Por otra parte, las rías de Arousa, Pontevedra y Vigo también sirven para desplegar el proyecto Benthic-Pro, centrado en el estudio de microalgas para determinar los posibles efectos de las bateas de mejillón y la extracción de bivalvos en los bancos del inframareal somero.

Entre este mes y el que viene se recogerán muestras en diferentes ecosistemas de las tres rías, es decir, en praderas de fanerógamas, fondos de maërl (algas calcáreas) y fondos con laminarias o sin vegetación.

La meta de este trabajo es conocer cómo la acuicultura y el marisqueo afectan a los distintos tipos de ecosistemas que se encuentran en las rías, pues de este modo será posible «promover una gestión sostenible de los recursos e influir en estrategias de conservación», avanzan los investigadores.

Estos y otros muchos proyectos que sería materialmente imposible resumir en estas líneas, pueden despejar el futuro a la acuicultura gallega y, muy especialmente, al cultivo de mejillón.

Caída de producción

Sobre todo porque este último «está ante una situación amenazante», según apuntan desde el CSIC.

Sus investigadores remarcan que las causas exactas de la histórica caída de producción experimentada en 2023 «aún no están claras, pero se cree que factores climáticos como el aumento de la temperatura del mar, la acidificación oceánica y los cambios en los patrones de afloramiento pueden ser claves».

"Nos vamos a matar", claman los bateeiros que recogen mejilla

Manuel Méndez

Sea cuál sea la causa del declive productivo, parece que se avecinan «años difíciles para el sector», por lo que «es fundamental reflexionar sobre estrategias de mitigación para proteger la estabilidad económica y social de la industria», consideran en el CSIC, conscientes de que los mejilloneros han jugado un papel estratégico en «el desarrollo socioeconómico y cultural de localidades costeras».

Esto es tanto como decir que «la disminución de la producción representa una preocupación importante» para esas comunidades locales.

De ahí «la necesidad de adoptar medidas estratégicas urgentes para garantizar la resiliencia de la acuicultura del mejillón y asegurar el futuro del sector», apuntan los investigadores Mario Soliño Millán y Antonio Figueras Huerta.

Proyecto MaruxIA

Para completar la relación de proyectos, aunque muchos se queden en el tintero, el MaruxIA, inspirado en la inteligencia artificial y presentado por la Consellería do Mar para modelar la influencia de variables ambientales y antropogénicas sobre el ciclo de vida de diferentes especies de interés comercial en la ría de Arousa.

Así se juegan la vida los bateeiros cuando recogen mejilla en el litoral atlántico

Manuel Méndez

Con una inversión estimada de 3 millones de euros y la intención de contribuir a garantizar la sostenibilidad y la eficiencia en la gestión de los recursos naturales, esta herramienta «ayudará en el diseño de estrategias que preserven los ecosistemas y pondrá en valor la biodiversidad, además de reforzar la competitividad y optimizar la productividad y sostenibilidad».

Así lo explican en el departamento que capitanea Alfonso Villares, donde anuncian «la realización de simulaciones de poblaciones virtuales en tres bancos marisqueros a partir de un stock inicial», haciendo un seguimiento de las tasas de reclutamiento, crecimiento y mortandad.

Paralelamente, la inteligencia artificial permitirá «estudiar la evolución de cefalópodos y pectínidos como pulpo, sepia, vieira y volandeira» concretando el grado de afectación del cambio climático.

Explican en la Consellería do Mar que «con los resultados obtenidos tendremos una visión integrada de los factores ambientales, económicos y sociales» que inciden en la producción de las diferentes especies, ofreciendo a productores y empresas el asesoramiento necesario «para mejorar la calidad y productividad», así como «el acceso a mercados más exigentes».

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