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Adega retira de la costa 15.300 palillos de batea

Los ecologistas alertan del problema medioambiental y reclaman soluciones

Algunos de los palillos recogidos.

Algunos de los palillos recogidos. / Adega

Manuel Méndez

Manuel Méndez

Arousa

Los tarugos o palillos de bateas son uno de los elementos más frecuentes cada vez que se organizan campañas de eliminación de basura marina. Prueba de ello, la ingente cantidad retirada de la costa mediante campañas como Plancton, de la Obra Social de Abanca.

Y ha vuelto a quedar puesto de manifiesto en una reciente campaña de limpieza simultánea de playas específicamente orientada a recoger estos trozos de plástico que se desprenden de las cuerdas de los viveros flotantes con frecuencia, y mucho más cuando se registran temporales tan intensos como los vividos en lo que va de año.

Esa campaña solidaria estuvo impulsada por la Asociación para a Defensa Ecolóxica de Galiza y se llevó a cabo en diferentes puntos de la comunidad, aunque con especial incidencia en la ría de Arousa, donde se intervino en distintos lugares de Vilanova, A Illa, Ribeira y O Grove.

El resultado de esta «I Recollida Simultánea de Paus de Batea nas Praias de Galiza» resulta de lo más satisfactorio –a la vez que preocupante– para los organizadores, pues participaron en la actividad alrededor de 300 personas y entidades que lograron sacar de las playas y las rocas nada menos que 15.300 tarugos en solo tres días de actividad, aprovechando para recoger numerosas cuerdas de cultivo, aún con los palillos enganchados, que se fueron soltando de los emparrillados y llegaron a la costa.

La sensación es agridulce, pues si bien la iniciativa ha sido un éxito, también deja claro que hay mucha más basura marina en las rías de lo que algunos pueden pensar.

Dos de los participantes en la campaña.

Dos de los participantes en la campaña. / Adega

Colaboradores

En colaboración con entidades como Limpiarousa, Surfrider España y Proxecto aMARte, lo que propuso Adega fue una acción solidaria con una dosis entretenida e incluso competitiva, pues se invitó a los voluntarios a «asumir el reto de recoger el mayor número de palos de batea posibles en solo una hora en cualquiera de las playas» de la comunidad.

Se hizo con el propósito de «preservar nuestras costas», pero también para «sensibilizar sobre la problemática de la contaminación marina» y «visibilizar la problemática ambiental que supone la llegada masiva de estos plásticos a la costa».

De ahí que propuestas como este Tarugotón, que es como se ha bautizado la iniciativa –y que tendrá continuidad en el futuro– también traten de «sensibilizar, concienciar y abrir canales de diálogo con todos los actores implicados, tanto administraciones como empresas y bateeiros, para buscar soluciones a largo plazo».

En este contexto, Adega recuerda que antiguamente los palillos se fabricaban de madera, pero dado que se estropeaban y rompían antes, empezaron a fabricarse de plástico, lo cual «supone un desafío ambiental, ya que al desprenderse o romperse acaban acumulándose en las playas», explica Adega.

Y claro, como en Galicia hay alrededor de 3.600 bateas de cultivo de mejillón, la costa gallega acumula este residuo «de forma recurrente, convirtiéndose en un problema de contaminación que pone en peligro la biodiversidad marina», denuncian los ecologistas.

Para tratar de revertir la situación insisten en que habrá más campañas de este estilo, tratando de captar a más voluntarios y de concienciar al sector bateeiro «en busca de soluciones».

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