La cepa durmiente despierta la poda
Cuando la temperatura baja, la viña duerme
Es momento de ordenar el viñedo para buscar una buena cosecha
Rías Baixas marca las directrices de esta operación, más compleja de lo que parece

Manuel Oubiña podando sus viñedos en una parcela próxima al río Umia, a las nueve de la mañana de ayer y con 2 grados de temperatura. / M. Méndez

El buen tiempo reinante permite intensificar las labores de poda, en algunos viñedos iniciadas ya el mes pasado y finalizadas. Aunque la mayoría siguen pendientes de esta operación, que irá desplegándose poco a poco hasta febrero o marzo.
Lógicamente, esta actividad resulta especialmente llamativa en la subzona productora Val do Salnés, la más importante de la Denominación de Origen Rías Baixas y la que agrupa una mayor superficie productiva.
De ahí que a estas alturas ya se vean numerosas viñas podadas y resulte sencillo encontrarse tanto a viticultores que realizan esta tarea como a otros que están atando las viñas trabajadas ya.
Labor imprescindible
Incluso los hay que van tan adelantados que ya recogieron y quemaron los restos de madera generados con esta tarea crucial en el cuidado de la viña «e imprescindible para conseguir una buena cosecha», explican en Rías Baixas.

Un viticultor trabajando desde la salida del sol, soportando temperaturas gélidas a orillas del Umia. / M. Méndez
Su Consello Regulador esgrime que la poda «permite sanear la vid y rejuvenecer las cepas, pero también equilibrar la producción de hojas y racimos, tan necesaria en la posterior fase de brotación y producción de uva».
Dicho de otro modo, que «una poda correcta es el primer paso para obtener una buena vendimia e incluso, para facilitarla».
Manuel Oubiña
Lo saben bien viticultores como el cambadés Manuel Oubiña, uno de los que ayer se empleaban a fondo para podar sus plantaciones.
«Hay que aprovechar cada momento que uno tiene para podar, sobre todo cuando el tiempo es bueno», explicaba.
Al ser preguntado por el mejor momento para hacerlo, sobre la influencia que pueden tener las diferentes fases de la luna y otros factores que condicionan esta tarea, respondía con contundencia: «Ni sé cómo está hoy la luna, porque si le hago caso, ¿cuándo podo?».

José, viticultor de Ribadumia, atando una de sus viñas ya podadas, ayer. / M. Méndez
Mientras se explicaba, utilizando una tijera automática y, quizás, pasando frío, ya que a las nueve de la mañana el termómetro se movía entre 1 y 2 grados centígrados a orillas del río Umia –donde se encontraba–, este viticultor concluía que «cada uno sabe cuál es el mejor momento para trabajar su viña».
Atando las ramas
No muy lejos de este vecino de Oubiña, «la capital de Cambados» –presumía–, se encontraba José, un vecino de Ribadumia que ya estaba atando las ramas podadas.
«Dicen que el mejor momento para podar es con luna menguante, pero hay que aprovechar días soleados como estos para trabajar», señalaba este ribadumiense, mientras empleada una atadora mecánica en sus viñedos, también a orillas del Umia.
Tanto estos productores de albariño como otros que ayer ataban y/o podaban sus plantaciones, saben que es ahora, cuando llega el frío del invierno, el mejor momento para trabajar la viña.
La viña duerme
Esto se debe a que «se detiene el estado vegetativo y las cepas están en reposo invernal o durmientes», insisten en la Denominación de Origen Rías Baixas.
Esto quiere decir que «los cortes de ramas y la eliminación de los sarmientos y los restos de madera de años anteriores se pueden hacer sin comprometer la vida de la planta», apostilla el Consello Regulador.
Permite sanear la vid y rejuvenecer las cepas, pero también equilibrar la producción de hojas y racimos, tan necesaria en la posterior fase de brotación y producción de uva
Es así como se afronta una etapa crucial que deja claro que «elaborar vinos de la calidad y el prestigio que tienen las bodegas de la Denominación de Origen Rías Baixas es un trabajo duro que se extiende a lo largo de todo el año», resaltan en el órgano rector presidido por Isidoro Serantes.
Esa, «conseguir un vino de la mayor calidad» y en la cantidad que cada bodega o viticultores se marcan como objetivo, es la gran meta que se pretende alcanzar entre agosto y octubre, cuando se realice la siguiente vendimia.

La poda elimina la madera sobrante de la vid, una planta trepadora que no puede crecer a su antojo. / M. Méndez
Una carrera de fondo
Una carrera de fondo que tiene su línea de salida en la poda, que los técnicos aconsejan «retrasar todo lo que se pueda» y realizarla «en tiempo seco», teniendo presente que «cuanto más tarde se haga la poda, más tardarán en empezar a brotar nuestras viñas».
No obstante, y como sucede con el momento de la vendimia, no hay una regla escrita, ya que multitud de factores influyen tanto en el modo de realizar la poda como en la elección del momento idóneo para llevarla a cabo.
La orografía es uno de los factores determinantes. Hace recomendable, por ejemplo, dejar para la última etapa del invierno las cepas situadas en hondonadas o vaguadas.
Pero hay otros factores diferenciadores entre las subzonas productoras de Rías Baixas, como son Condado do Tea, O Rosal, O Salnés, Ribeira do Ulla y Soutomaior.
Y también dentro de una misma área de producción, pues puede notarse más o menos el característico clima atlántico de Rías Baixas. Al igual que la orientación de cada parcela o el tipo de suelo.
«Para podar las vides debe hacer frío, pero no demasiado, porque con las heladas la madera es más quebradiza» y al cortar «pueden astillarse las ramas o sarmientos que queremos conservar», sugieren los técnicos.
Y también hay que tener presente que «las cepas más jóvenes –las de menos de 3 años– son más vulnerables al frío de las heladas».
Asimismo, «si las vides recién podadas se exponen a temperaturas bajo cero tardarán más en cicatrizar, y el riesgo de que desarrollen enfermedades de la madera se multiplica», argumentan en Rías Baixas.

La poda en O Salnés, ayer. / M. Méndez
Donde también aconsejan «realizar la poda con tiempo seco y sin niebla, para evitar que la excesiva humedad provoque la entrada de esas mismas enfermedades a través de los cortes realizados».
Esas «heridas de poda» constituyen la principal vía de entrada a la planta de enfermedades que «pueden comprometer su desarrollo», de ahí que cuando se poda con humedad se recomiende el uso de sustancias cicatrizantes y fungicidas en los cortes más grandes.
Desde que sale el sol y a 2 grados
En Rías Baixas aclaran que «una vez finalizada la poda, los viticultores aplican sustancias cicatrizantes y fungicidas en los cortes más grandes, y se emplean a fondo en distribuir y atar bien las ramas para asegurar un correcto desarrollo vegetativo».
Es también el momento de «preparar la tierra para aportar lo necesario antes de la brotación y abonar, también con los restos de la poda», remarca el Consello.
Tareas en las que ayer se implicaban, prácticamente desde que asomó el sol, los viticultores arousanos.
Y eso a pesar de que los termómetros marcaban un par de grados en viñedos situados a orillas del río Umia.
Unos cortes que en las ramas de mayor calibre deben realizarse, preferiblemente, «totalmente verticales».
También los cortes realizados en la poda requieren máximo cuidado, de tal modo que «deben realizarse con la inclinación adecuada, para que las ramas puedan escurrir bien el lloro y el agua de futuras precipitaciones».
Como puede apreciarse, hay infinidad de detalles, estrategias y recomendaciones que pueden escaparse a los menos familiarizados con el sector vitivinícola.
En definitiva, que el sector ya trabaja para «limitar el crecimiento natural de la vid y mejorar su rendimiento y la calidad de la propia madera y de los racimos, tratando de alcanzar un perfecto equilibrio entre el suelo, la planta y el clima».
Lo cual es tanto como decir que no puede dejarse que la vid –una planta trepadora de crecimiento ilimitado– crezca a su antojo, ya que «sería imposible dar forma a los viñedos y mantener un buen desarrollo de la planta y la uva», asumen en el Consello.
Se busca la máxima eficiencia del cultivo
Para lograr la máxima eficiencia del cultivo resulta crucial mantener las yemas más productivas e intentar equilibrar la producción de sarmientos.
Es por todo ello que esta poda de invierno –antes de que nazcan los nuevos brotes– se complementará tras la brotación –entre abril y mayo– con la poda en verde, tendente a reducir los brotes que han tenido un crecimiento excesivo y a favorecer la aireación de los racimos, «permitiendo que las hojas reciban la mayor cantidad de sol y aire posible».
PARTES DE LA VID (*)
- Raíz.
Como en todas las plantas, las raíces absorben y suministran el agua y los nutrientes del terreno. También almacenan estos nutrientes para que la vid sobreviva en invierno.
- Cepa.
Es el tronco de la vid y su apoyo en la tierra. En invierno almacena las sustancias de reserva y cuando está en actividad conduce la savia y el agua entre la raíz y los brazos.
- Brazos.
Son las ramas que parten de la cepa y alimentan el resto de la vid, hasta las hojas y los racimos. De ellas salen los pulgares de los que nacen los sarmientos.
- Sarmientos.
Son las ramas que la vid produce cada año. Los sarmientos que normalmente producen racimos son los que crecen de una yema o brote surgido el año anterior, en el punto de unión de las hojas a los sarmientos. Por eso estudiar las yemas y seleccionarlas es clave en la poda.
Una forma de formar y rejuvenecer la planta
La poda sirve para rejuvenecer las cepas viejas. La de formación se realiza en vides jóvenes o recién plantadas, para dar forma a la cepa y definir su crecimiento.
- Pitones y cargadores.
Son dos tipos de sarmientos que se mantienen tras la poda; los cargadores para facilitar la producción de racimos y los pitones para generar la madera sobre la que se desarrollarán las yemas de los años siguientes. Es fundamental distribuirlos convenientemente para equilibrar la producción de racimos y de madera.
- Hojas.
Nacen en espiral en los sarmientos y alimentan la planta casi en exclusiva a partir de la primavera a través de la fotosíntesis. Es importante que reciban suficiente exposición al sol
- Zarcillos.
Son las ramas que surgen junto a las hojas y la vid utiliza para trepar y sostenerse.
- Flores.
Surgen en los sarmientos junto con las hojas y zarcillos. Las flores de la vid son hermafroditas y cuando se polinizan dan lugar a inflorescencias, que luego se convierten en racimos.
(*) Información ofrecida por el Consello Regulador de la Denominación de Origen Rías Baixas
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