El «milagro» de Cornazo: «Javi» sobrevive al nacer con 393 gramos y solo 19 centímetros de largo
Hace solo una semana salió del Hospital Clínico de Santiago, tras cuatro meses en la incubadora | Es el bebé prematuro de menor peso de España y quizás del mundo pues solo tres niñas resistieron con solo 250 gramos | Es el primer nieto del patriarca vilagarciano que ya lo pasea por Vilagarcía

Javi, el «muñeco de oro» de Arousa que pesó 393 gramos / Iñaki Abella

«Javi» pesó 393 gramos al nacer y midió 19 centímetros de largo. Dos días después había perdido casi el 10 % y se quedó en 360. Cabía en la palma de la mano. Sus padres Luis Miguel Giménez Gómez y Noemí Gabarre Borja, jovencísimos vecinos de Cornazo (Vilagarcía de Arousa), están convencidos de que han traído al mundo al bebé de menor peso de España y posiblemente sea el varón que establezca este récord en el mundo pues la literatura médica que figura en las redes que todo lo saben solo habla de tres niñas: una de Estados Unidos, otra en Japón y la tercera de la India que sobrevivieron pese a rondar solo el cuarto de kilo al nacer. La última de la que se tiene noticias es una cría que en agosto nació en la India con 400 gramos, le lleva siete por encima.
Noemí Gabarre era todavía menor de edad cuando llegó su pequeño Pulgarcito, el pasado 3 de julio, en Pontevedra. Había roto aguas a destiempo y tuvo que acudir de inmediato al Hospital do Salnés, donde el doctor Cabo, jefe del servicio de Ginecología, la derivó de inmediato al Hospital Provincial, cuando se confirmó la peor de las noticias que podrían esperar: el bebé iba a nacer por cesárea con solo 26 semanas y tres días de gestación. Las probabilidades de supervivencia del pequeño eran ínfimas, casi nulas. Habría que esperar 72 horas como mínimo para ver su evolución, pues era demasiado pequeño y muy delicado.
Así lo relata el pletórico padre, un joven Luis Miguel Giménez «Luismi» que entonces con 18 años recién cumplidos se vio desbordado por la situación. «El día que nació no entré ni a verlo; mi padre me lo desaconsejó porque el niño estaba lleno de cables y conectado a varias máquinas», en la UCI de neonatos. Impresionaba. Recuerda que le dominaron los nervios,la rabia y la pena. No quería verlo si se moría ya que las noticias eran poco o nada esperanzadoras. Esperaba que hubiera un milagro.

Ricardo Giménez, patriarca de Cornaxo, con el niño en brazos | Iñaki Abella
Pasaron cuatro meses desde aquel tremendo susto. «Javi», que en todos los documentos figura con el nombre de Abraham Giménez Gabarre, sigue siendo muy pequeño pero ya alcanzó la consistencia normal de un bebé que debería haber nacido hace solo mes y medio, aunque ya va a cumplir cinco este martes, cuando las dos familias se reunirán en A Coruña para celebrar la buena nueva.
«Le vamos a hacer su primera fiesta», aseguraba lleno de emoción «Luismi», el padre, a las puertas de su casa en el poblado de Cornazo. Y no es de extrañar después de cuatro meses yendo todos los días al Hospital Clínico de Santiago de donde «Javi», apocorístico con el que se le conocerá en la familia, salió del hospital el pasado viernes 22 de noviembre.
«Fueron cuatro meses muy duros», resume Ricardo Giménez, el orgulloso abuelo y patriarca de la familia, quien reconoce que sacar al bebé adelante «fue muy difícil». Y por eso, lo primero que quiere que se diga es el agradecimiento a los doctores Cabo y Alonso de Pontevedra, pero también al magnífico equipo de Neonatos del Hospital Clínico de Santiago, a donde el bebé fue trasladado a los ocho días de nacer «porque en Pontevedra resultaba imposible colocarle una vía; no le encontraban la vena».

Abraham Giménez Gabarre, a las pocas horas de nacer. / Cedida
El bebé empezó enseguida a alcanzar el peso ideal hasta los cerca de tres kilos que tiene a día de hoy (2,8 pesaba este viernes), cuando ya se había convertido en un niño totalmente sano. «No le quedó ni una secuela, está perfectamente», insisten orgullosos el padre y el abuelo, convencidos de que también se produjo el milagro que toda la familia invocó durante casi ciento cincuenta días.
Llegó el milagro
«Es un verdadero milagro que esté aquí», afirma «Luismi» cuando explica que ese es precisamente el motivo de que el bebé lleve el nombre de Abraham, el profeta que salvó a su hijo Isaac tras ofrecérselo a Dios.
Y esa fe es la que mueve también las montañas en Cornazo. «Este martes, cuando cumple cinco mesitos, vamos a presentar a Abraham a la Iglesia Evangélica», presume Ricardo Giménez, de 47 años, y es actualmente el patriarca de este poblado vilagarciano en el que residen unas 150 personas de la familia.

Javi, el «muñeco de oro» de Arousa que pesó 393 gramos / Iñaki Abella
Muchos de ellos viajarán hasta A Coruña porque de esta ciudad es la familia de la jovencísima madre y que ya ha preparado una fiesta por todo lo alto, con presencia de las distintas generaciones de los Giménez vilagarcianos y los Gabarre herculinos.
Una felicidad que se vive desde el pasado 22 de noviembre en Cornazo, pues la llegada de «Javi» ha supuesto quizás la mayor alegría que todos han recibido en el último año.
La feliz bisabuela
«Es el muñeco de oro», definía con absoluto acierto y una enorme sonrisa Ángela, la bisabuela del pequeño Abraham, que salió a la calle para demostrar su enorme felicidad por el final feliz del nacimiento y, sobre todo, por haber superado todas las dificultades que se presentaron en el camino. «Hemos rezado mucho durante todo este tiempo para que saliese adelante», admitía la mujer. Una sensación idéntica a la que se respira en todo el poblado donde otra vecina mostraba la capilla en la que también se reúnen cuando surgen dificultades en absoluto esperadas.
Historial
Noemí Gabarre llevaba un embarazo normal hasta los seis meses. «Acudió a todas las consultas y revisiones sin que nadie detectara nada hasta el tercer mes de gestación», recuerda Ricardo Giménez. A partir de ahí ya empezaron a ser conscientes de que podría ser prematuro. La situación se complicó el 3 de julio cuando la madre sufre la rotura de membrana amniótica y hubo que provocar el parto por cesárea.
La tensión crecía a cada momento tras llegar a Pontevedra. Los primeros instantes difíciles fueron muchos; primero al nacer, luego con las lógicas complicaciones de un bebé que precisaba un respirador. «Toda la familia nos pasamos tres días y tres noches enteras en el Hospital Provincial porque temíamos tanto por la vida de la madre como la del niño», recordaban.
Tampoco fue un camino de rosas la estancia en el Hospital Clínico de Santiago, donde el pequeño «Javi» tuvo que permanecer nada menos que cuatro meses en la incubadora de neonatos con un montón de diodos conectados a un casco con el que se controlaron sus constantes vitales, sin olvidar «la sonda nasogástrica» a través de la que durante toda la estancia fue alimentado por vía parenteral. «Una situación de mucho impacto», admite Luismi al rememorar lo sufrido.
Máxima tensión
Fue un largo período en el que el pequeño Abraham tuvo que superar varios trances médicos como una operación por una hernia inguinal ya que «como era tan pequeñito ni siquiera le pudieron poner la pinza en el ombligo», así como otras complicaciones que también superó con nota.
Todos ellos capítulos de tensión máxima que se contagiaban también a todo el poblado vilagarciano donde esta semana se vive no solo con satisfacción sino con un enorme orgullo porque ahora les toca criar al bebé más pequeño del mundo, algo que no parece sencillo.
«No paró de llorar en toda la noche; mira que ojeras tengo», señalaba el hermano de Luismi, quien también se ha involucrado de lleno en la crianza de su sobrinito, y que el viernes acompañó a toda la familia a hacer compras en el centro de Vilagarcía sin dejar de recordar que el niño medía menos de un palmo. «Midió solo 19 centímetros, era poco más que esto», al tiempo que marcaba la minúscula distancia con sus dos manos.
Celebraciones
Todo un acontecimiento social que incluso captó el interés de las televisiones, pero sobre todo de muchos vilagarcianos que tienen un enorme aprecio a la familia de Ricardo, el patriarca de Cornazo, al ser uno de los vendedores ambulantes veteranos más conocidos de la ciudad por lo que eran muchos los vecinos que estuvieron pendientes de la salud del pequeño durante todo este tiempo.
Un clan que lleva afincado en Vilagarcía más de sesenta años cuando el abuelo del actual patriarca, de nombre José Antonio, levantó la primera casa en 1964. A partir de ahí, la familia creció hasta llegar a los casi 150 miembros en la actualidad, incluidos la joven Noemí y su pequeño «Javi» que son los verdaderos protagonistas de esta historia del «muñeco de oro», como lo denominó la feliz bisabuela Ángela.
Queda ahora un largo camino por recorrer para unos padres que confiesan estar «muy ilusionados» con una criatura que llegó mucho antes de lo esperado, ya que cuando el matrimonio que se casó en octubre de 2023 no podía siquiera suponer lo difícil que es ser padres.
Ahora a «Javi» le toca otro reto a largo plazo pues está predestinado a convertirse en el nuevo patriarca de Cornazo. Pasarán algunos años pero su nombre Abraham ha adquirido todo el sentido de un cuento con final feliz. Seguro que resulta premonitorio.
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