Mejillón de batea: «16.000 toneladas de proteínas para 900.000 personas»
Los investigadores aconsejan adaptar el cultivo del mejillón al cambio climático
Aducen que las bateas favorecen la biodiversidad y protegen la costa gallega

Asistentes a la jornada de trabajo de Opmega. / Noé Parga

La Organización de Productores de Mejillón de Galicia OPP-18 (Opmega), vuelve a incidir en «la sostenibilidad y la capacidad innovadora del cultivo» en batea, haciendo hincapié en su «impacto económico, social y ambiental».
Lo hace en base a dos estudios en los cuales los expertos coinciden en señalar que «las rías gallegas cuentan con una extraordinaria capacidad para sostener el cultivo de mejillón gracias a su sistema de afloramiento costero, que aporta nutrientes esenciales».
Aunque bien es cierto, apuntan a modo de advertencia, «la sostenibilidad a largo plazo dependerá de la gestión del sector, así como de estrategias adaptativas frente al cambio climático».
Equilibrio
Sea como fuere, «actualmente las rías gallegas mantienen un equilibrio sostenible en el cultivo de mejillón y no se registra sobreexplotación en la capacidad de carga de los ecosistemas».
Parece ser que el número de bateas existentes –3.337 distribuidas en las distintas rías– se considera «adecuado para garantizar la disponibilidad de alimento (fitoplancton) y evitar fenómenos de depleción que podrían comprometer la producción y el equilibrio ecológico».

Uxío Labarta, durante su intervención. / Noé Parga
Es decir, que «este modelo de gestión ha permitido sostener una producción significativa sin impactar de manera crítica los ecosistemas, asegurando que el actual nivel de explotación sea compatible con la salud ambiental y la viabilidad económica del sector», garantizan en Opmega.
Donde también subrayan, como los investigadores, «la importancia de la disponibilidad de mejilla», recomendando el uso de «modelos predictivos» para mejorar la eficiencia de la captación de esa semilla o cría «en colectores y zonas naturales».
En cuanto al impacto del cambio climático se explica que «las alteraciones en patrones de viento y eventos extremos podrían influir en los ciclos reproductivos del mejillón, requiriendo estrategias resilientes para garantizar la estabilidad de la producción».
Abundando en todo ello, los informes elaborados hacen constar que el cultivo anual del «oro negro» de batea «produce 16.000 toneladas de proteínas, lo cual es suficiente para 900.000 personas, y 41.200 toneladas de carbonato cálcico, usado en agricultura e industria».
Otro de los aspectos abordados por los investigadores es el referido al papel de los mejillones «como grandes filtradores –el 30% del agua de las rías– cuyas conchas pueden reducir significativamente las emisiones de carbono».
Asimismo, Opmega resalta que «las bateas favorecen la biodiversidad, al crear hábitats marinos, y desempeñan un papel clave en la protección costera, además de ser un símbolo del patrimonio gastronómico y cultural de Galicia».
En resumen, que el bateeiro es «un sector estratégico que quiere blindar su futuro y resulta esencial para Galicia, generando más de 8.000 empleos directos».
Dicho de otro modo, «el mejillón gallego no es solo un producto, sino que es un modelo sostenible que conecta economía, medio ambiente y cultura», en palabras del conocido investigador Uxío Labarta.
«El cultivo de mejillón no solo genera riqueza, sino que también protege y mejora los ecosistemas costeros», apostillaba Antón Álvarez Salgado, profesor del Instituto de Investigaciones Marinas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
Ellos fueron dos de los protagonistas de la jornada de trabajo titulada «El cultivo de mejillón, una actividad sostenible», que reunió a investigadores y representantes del sector productor y depurador en el salón de actos del Auditorio de Vilagarcía.
Hábitats vulnerables
Un foro en el que se habló, por tanto, de la capacidad de carga de los ecosistemas donde se realiza el cultivo de mejillón, su impacto en los hábitats bentónicos o la incidencia de las bateas en hábitats vulnerables.
Al igual que se dio a los participantes la oportunidad de «interactuar con los científicos y debatir sobre cómo estas investigaciones pueden servir de guía para afrontar los desafíos del cambio climático y fortalecer la competitividad del sector en un mercado global».
Se explicaba, por ejemplo, que el proyecto «Identificación de los servicios ecosistémicos de cultivo de mejillón», dirigido por Antón Álvarez Salgado (IIM-CSIC), Severino P. Ibánhez (IIM-CSIC), la consultora Ana Vila, Ruth Iglesias, Isabel Fuentes y Nicolás V Robineau, «pone de relieve el papel del mejillón como motor ecológico y económico».

El conselleiro, el presidente de Opmega y el chef Miguel Mosteiro. / Iñaki Abella
Pero también que el estudio denominado «Indicador de sostenibilidad del cultivo de mejillón», elaborado por Diana Zúñiga y el profesor Uxío Labarta en colaboración con Inxenia Desarrollos Tecnológicos S.L., sirve para «analizar el equilibrio entre la capacidad de carga de las rías gallegas y la producción actual de mejillón».
El primero de ellos se sacaba a concurso hace un par de meses, al amparo del Plan de Producción y Comercialización de 2024 diseñado por Opmega.
Fue presentado como un proyecto con el que identificar los servicios ecosistémicos menos conocidos del cultivo de molusco en batea, analizando así «beneficios adicionales relacionados con aspectos como el uso del espacio marítimo, la interacción entre las bateas y el entorno, las características biológicas del mejillón y la forma particular en la que se desarrolla esta actividad en las rías gallegas».
Elementos que «subrayan la complejidad y el impacto positivo de este tipo de acuicultura en los ecosistemas locales y globales, mostrando la necesidad de investigarlos y valorarlos con mayor profundidad», explican en la organización que preside Ricardo Herbón.
El mismo que ayer definía el cultivo del mejillón como «el alma económica, social y cultural de nuestras rías» y garantizaba que «con investigación y sostenibilidad, aseguraremos su futuro para las próximas generaciones».
Razón por la cual Opmega se compromete a «seguir invirtiendo en ciencia e innovación para garantizar un modelo de producción sostenible que mantenga a Galicia como líder internacional en el cultivo de mejillón».
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