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Mirador de Lobeira

Vilagarcía debe recuperar el prestigio del barrio de la Prosperidad

Antonio Touriño

Antonio Touriño

La recuperación de la fachada marítima de Vilagarcía para deleite de los ciudadanos es una deuda histórica que parece se va a saldar en cierta medida con el proyecto ya visado y publicado en los boletines que afecta a la parcela de casi siete mil metros cuadrados en O Ramal.

Han pasado tres años desde que se adquirió al Puerto este terreno por 1,8 millones de euros a los que habrá que sumar otro millón cien mil para que los vecinos puedan presumir de un espacio verde nuevo que sin duda va a proyectar la imagen costera de la localidad.

Pero urge acometerlo por varias razones, no solo paisajísticas y de ocio. El Gobierno local se ha comprometido a impulsar proyectos que redunden en la mejora del entorno de A Concha-Compostela, con el fin sobre todo de que deje de ser una simple avenida secundaria que enlace Vilagarcía con Carril, ya que es la zona con mayores posibilidades urbanísticas.

La ciudad tiene que recuperar el que históricamente se conoce como Barrio de la Prosperidad, sin ningún género de dudas la que debería volver a convertirse en la milla de oro urbana donde se encuentran los edificios más impresionantes y señoriales de la ciudad.

Se trata, sobre todo, de devolver al pueblo lo que le pertenece, a saber, uno de los espacios más emblemáticos de Vilagarcía, cuya depauperación se ha prolongado mucho más de lo debido en el que se permitió un urbanismo anárquico con edificios poco o nada armónicos, que borran la presencia del mar a todo lo largo de Rosalía de Castro.

Pero aún así, se está a tiempo de actuar. Un buen paso se dio hace veinte años cuando se trasladó Lantero, aunque todavía ningún gobierno local se haya atrevido a plantear ninguna alternativa a este enorme solar que sigue siendo industrial, al continuar vigente el Plan Xeral de Ordenación Municipal (PXOM) de la época, porque la revisión del mismo está en fase de hibernación, por no decir de criogenización para que algún día resucite.

Porque en esta franja costera no es que quede mucho por hacer, más bien falta todo por empezar dado el abandono que sufre; baste con recordar que hasta el asfaltado de la carretera es peor que deficiente o que el balneario de Feijóo sigue abandonado y que el paseo de la playa solo es empleado para que al final del día los paseantes consigan el reto de los 10.000 pasos en el reloj.

Por eso, que se haya publicado el proyecto de recuperación de la parcela de O Ramal invita a ser optimista, cierto que en tiempos de desazón. Vilagarcía, junto con Carril, merecen recuperar su prestigio.

Debe volver a ser el lugar de recreo que eligen los gallegos del interior cada verano y, sobre todo, demostrar su enorme potencial turístico y como lugar de descanso y relax para aquellos que quieran las comodidades de una gran ciudad en plena costa atlántica, justo enfrente de la imponente diosa Cortegada.

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