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San Simón y la reduflación aplicada al pulpo

Los precios también se notan en las raciones de las romerías

La tradicional y exitosa fiesta de Baión ofreció una soleada jornada grande

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Manuel Méndez

Manuel Méndez

Arousa

Mientras el consumo de pescados y mariscos cae casi al mismo ritmo que la producción de muchos de ellos, los precios no dejan de subir y la cesta de la compra se encarece.

El consumidor paga las consecuencias, tanto en su salud –son necesarios los aportes energéticos y vitamínicos de los productos del mar–, como en su cartera.

No se nota solo al hacer la compra en los supermercados, plazas y pescaderías, sino también al pagar la cuenta en el restaurante y en las tradicionales romerías gallegas.

Cortadores de pulpo en San Simón.

Cortadores de pulpo en San Simón. / Noé Parga

Ahora que llegan a su fin –el tiempo no invitará a otra cosa después del San Martiño–, quizás sea momento de hacer balance de lo que han dado de sí esas romerías y decir que siguen siendo la esencia de Galicia, pero también que en ellas se notan más que nunca los efectos de la reduflación.

Restaurantes

Esta práctica legal y cada vez más extendida, también apreciable en los restaurantes y mediante la cual los platos o productos se reducen en tamaño o cantidad, mientras sus precios siguen siendo los mismos o aumentan, afecta a preparaciones tan populares como el pulpo «á feira», estrella de toda romería que se precie.

Algunas tan importantes como la de San Simón, en Baión (Vilanova), que ayer pudo disfrutar de una soleada jornada dominical para vivir por todo lo alto su día grande; con permiso de la orquesta Panorama, que el viernes abría el programa y llenaba el recinto.

Un camarero con dos raciones.

Un camarero con dos raciones. / Noé Parga

Ese buen tiempo reinante ayer, desde las ocho de la mañana –cuando cayeron las últimas e intensas precipitaciones–, hizo que una multitud de arousanos y vecinos de otras comarcas cercanas se desplazaran hasta este espacio festivo, a caballo entre Vilanova, Caldas y Vilagarcía, en el que es tradición saborear pulpo y vino.

"No se puede salir de casa"

Dicen algunos de los asistentes que acudió «menos gente», y lo justifican explicando que «con estos precios, no se puede salir de casa».

Otros, más habituados a esto de ir de romería en romería catando el pulpo, apostillaban que, si bien esto depende la «pulpeira» elegida, «las raciones tienen cada vez menos cantidad, aunque sean tan caras como otros años».

El churrasco era la otra opción.

El churrasco era la otra opción. / Noé Parga

Esta explicación práctica de los efectos de la reduflación sobre el preciado pulpo estilo feria tiene mucho que ver con su escasez, su alta cotización en lonja y el no menos disparado precio del aceite de oliva, que es, junto al cefalópodo, el otro ingrediente fundamental de este plato.

¿Y el pan?

Sean unas u otras las razones, lo cierto es que el mensaje que algunos lanzaron en sus redes sociales lo dejaba claro: «Si vais a San Simón llevaros el pan, porque te venden cada trocito a 1,5, y el pulpo es tan escaso que una sola ración parece un pincho».

Un hombre observa una ración de pulpo en la fiesta de San Simón.

Un hombre observa una ración de pulpo en la fiesta de San Simón. / Noé Parga

Por cierto, cada ración –tirando a pequeña– de pulpo, se vendía en algunas pulperías a 13 euros, la botella de tinto Barrantes a 10 y la cerveza, a 3 euros.

También había la opción del churrasco, que fue una de las más socorridas ayer, cuando además del aspecto gastronómico y la música folclórica destacaba la celebración de la siempre concurrida misa.

Problemas con las rosquilleiras

A pesar de que dicen «temer represalias», los vendedores de rosquillas, churros y productos similares –sobre todo mujeres–, vuelven a mostrarse indignados con el trato recibido en San Simón. L

Algunas vendedoras llegan a decir que se sienten «discriminadas y perseguidas», sobre todo si se compara su papel, con el que desempeñan los «pulpeiros».

Explican estas mujeres que el viernes montaron sus puestos en diferentes propiedades privadas «y vino la policía Local de Vilanova a expulsarnos diciendo que no podíamos estar allí, por lo que algunos puestos fueron desmontados».

Tras realizar diferentes consultas aseguran que «no pueden expulsarnos de propiedades privadas, y menos aún cuando vemos cómo los pulpeiros hacen lo mismo que nosotros y nadie se lo impide».

Otros vendedores apuntan que «supuestamente, querían sacar la fiesta de al lado de la carretera (Vilagarcía-Pontevedra), y resulta que los arcenes vuelven a estar ocupados por coches mal estacionados».

Pero no solo eso, sino que «el plan de tráfico alternativo que han diseñado es un caos, de ahí que incluso se produjeran accidentes en las carreteras habilitadas como alternativa a la principal». Quienes así se posicionan muestran incluso las fotos de un vehículo empotrado con una de las churrerías. Entre los vendedores de rosquillas también se dice que «este año ha acudido menos gente de lo habitual».

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