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El día que A Illa decidió independizarse

El martes será el 90 aniversario de la independencia de A Illa, un hecho que, pese a su relevancia, no cuenta con ningún recuerdo a los que fueron sus protagonistas

Juan Otero era el propietario de la taberna de O Nicho, donde se proclamó la independencia de A Illa.  |

Juan Otero era el propietario de la taberna de O Nicho, donde se proclamó la independencia de A Illa. |

A. G.

A Illa

Era el 8 de octubre de 1934. España se agitaba de forma convulsa bajo el gobierno republicano de Alcalá Zamora que, en ese momento, daba entrada a tres ministros de la CEDA en su gabinete. Esa decisión motivó un duro enfrentamiento con el Partido Socialista, que convoca una huelga general, un movimiento que acabaría ocasionando, entre otras muchas cuestiones, la revolución minera de Asturias o la declaración de independencia de Cataluña por parte de Companys. También en una pequeña lengua de tierra que se asienta en el centro de la ría de Arousa, esos acontecimientos generaron uno de los episodios más legendarios de su historia, la independencia de A Illa, una declaración efímera pero que para la mayoría de sus protagonistas acabó teniendo trágicas consecuencias.

Aquello se enmarcó en un contexto muy determinado en A Illa, una situación en la que comenzaba un incipiente movimiento obrero en las conserveras que había, con afiliaciones al PSOE y a su brazo sindical, la UGT, y un intento de dejar de pertenecer a Vilanova, movimiento que se conseguiría en 1935, cuando A Illa, András y Baión se incorporaron a Vilagarcía. Los tres regresarían a Vilanova en 1945.

En A Illa, el movimiento obrero había calado hondo y el municipio se sumó a la huelga convocada por el PSOE en ese momento, formación que en el pequeño municipio ya contaba con 62 afiliados por aquel entonces. Esa jornada, las fábricas no trabajaron y varios vecinos se reunieron en el bar O Nicho, regentado por Juan Otero para, en un arrebato de emociones, proclamar la independencia y crear un gobierno revolucionario del que se llegaron a repartir ministerios. Los nombres del gobierno quedaron todos apuntados en un papel de estraza que se llevaría Segundo Nine, profesor de A Illa que ejercía en Palas de Rei y que, ese día, se encontraba en su tierra casi de casualidad. El parón dejó cientos de kilos de pescado en los muelles de A Illa y los propietarios de las fábricas, ante el temor de que se pudriese, decidieron llamar a la Guardia Civil y a los guardias de asalto. Uno de ellos, registrando a Segundo Nine, se encontró con el papel y los nombres, lo que provocó la detención inmediata de siete personas. Tras el estallido de un artefacto en el centro del pueblo, los guardias volvieron a adentrarse en A Illa al día siguiente para detener a otras 14 personas, mientras tres patrulleras militares registraban todos los barcos que salían del municipio. El 17 de diciembre de 1934 se les hizo un Consejo de Guerra a todos ellos, pero el tribunal decide enviarlos a la jurisdicción civil, que, en febrero, les retiró los cargos.

Sin embargo, para ellos la historia no se acabó en ese momento. El levantamiento militar que lideró el general Franco les acabó pasando factura. Catorce de los implicados fueron sometidos a un proceso militar que acabaría en un Consejo de Guerra. Dos de ellos fueron fusilados, siete no llegaron a completar el proceso, al ser "paseados"; dos estuvieron escondidos durante mucho tiempo antes de entregarse y ser condenados a ocho años de prisión y otros dos consiguieron evitar todo eso, aunque también sufrieron daños colaterales.

Cuando se van a cumplir 90 años de aquellos sucesos, nada recuerda a las personas que protagonizaron aquellos momentos, ni siquiera lo ocurrido en A Illa aquellos días, algo que lamenta el autor de “Papel de estraza”, Juan Luciano Otero, libro en el que se sitúa en contexto lo ocurrido aquellos días. Otero apunta que ese reconocimiento “es una asignatura pendiente de A Illa que debería solucionarse algún día, dedicando una calle, una plaza o un monumento a esa jornada, si lo que se quiere es evitar una personalización de aquellos hechos”. Lo que tiene claro Otero es que “no debería olvidarse lo ocurrido porque forma parte de nuestra historia y por las trágicas consecuencias que tuvo para muchos de sus protagonistas”.

Su libro, escrito con el periodista Fernando Salgado, es una de las pocas referencias que existe a los hechos ocurridos el 8 de octubre de 1934, junto con la obra teatral “República Sideral”, de Esther F. Carrodeaguas, una obra que ganó el premio Barriga Verde y que fue representada por Teatro do Airiños en el propio municipio en el que ocurrieron los sucesos. También se hace referencia a esos hechos en el libro “Historia de A Illa”, de Xosé Lois Vila Fariña y Xoán Dopico, pero muy pocas referencias más existen al respecto.

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