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Las collareiras de A Toxa marcan tendencia

Este verano, los visitantes se decantan por lo tradicional

Se compran más los largos collares de conchas hechos a mano

Venta de abalorios en la zona portuaria de O Corgo.

Venta de abalorios en la zona portuaria de O Corgo. / M. Méndez

Marta Abal

O Grove

“¿Quieres mirar alguna ‘cosiña’, reina?”. Esta frase representa una de las tradiciones más simbólicas de O Grove: las collareiras. Siguen recogiendo caracolas en las playas como antes y han notado una mayor compra de accesorios elaborados con ellas.

Antiguamente, solo vendían largos collares de conchas trenzados, pero ahora hacen pendientes, pulseras y otros complementos. Hace unos años se pusieron muy de moda las pulseras, tobilleras y gargantillas hechas de cordón marrón y unas conchas características que tenían que encargar. Hasta el cantante Camilo le compró alguna a las collareiras en un viaje.

Pendientes, broches y collares de conchas pintadas.   | // MARTA ABAL

Un puesto instalado en el puerto. / M. Méndez

Después de esa tendencia, los visitantes se pasaron a los accesorios elaborados con minerales como turquesa y ónix, y en las mesas de las collareiras aún se ven muchos collares de este tipo.

Vuelta a la artesanía

Ambos complementos se salen de lo tradicional en esta profesión, que se tiene que adaptar en cierta medida a lo que más le guste al público. No obstante, este verano, los visitantes han vuelto a lo artesanal y están comprando más collares de conchas que otra cosa.

“El color natural de las conchas típicas es verde, están pegadas a las algas”, explica una excollareira, Concha Piñeiro. Aún así, muchos de los pendientes, collares y pulseras tienen vivos y variados colores. “Se pintan con esmaltes para que no les salgan. Van en muchos colores, veraniegos, pero hay quien lo sigue llevando más natural”, dice Piñeiro.

Venta de collares en la zona de embarque de los catamaranes.   | // M.M.

Abalorios expuestos en A Toxa. / M. Abal

Afirma que este año, la gente ha vuelto a lo antiguo: “Algunas niñas vienen preguntando por los collarcitos que les habían llevado sus abuelas”.

Lo habitual es que los veraneantes que acuden a A Toxa cada año conozcan a las collareiras y se acuerden de ellas, sobre todo aquellos que tienen una residencia en la isla.

El proceso de preparar las conchas para hacer los accesorios consiste en limpiarlas, secarlas y engarzarlas, además de pintarlas en algunos casos.

Pero antes de eso, hay que conseguirlas, y las collareiras van a las playas de la zona a buscarlas manualmente. Donde más buscan es en la playa de Con Negro, en San Vicente; y en las de A Toxa.

Cuando no hay suficientes en O Grove, se desplazan hasta las orillas de la Costa da Morte, donde el mar también echa muchas conchas.

“Hay conchas pulidas, de nácar. Hay alguna que aunque se pulan no sale el nácar”, aclara Piñeiro. Cuenta que “antes había una señora que tenía una máquina para pulirlas”. Empezó a trabajar de collareira a los diez años y acaba de cumplir 71. Se jubiló hace unos años, pero a veces visita a sus compañeras en A Toxa.

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