Mirador de Lobeira

Sepulcral silencio sobre Montesacro

Antonio Touriño

Antonio Touriño

Que se silencie una operación especulativa como la puesta en venta del palacio de Montesacro en Cambados debería encender las alarmas de todos aquellos que aboguen por la protección del patrimonio histórico y la atención a los más vulnerables.

Hace ya un año que saltó a la opinión pública el anuncio de los representantes de las monjas sobre su intención de deshacerse del asilo y por tanto despachar a los residentes con una patada en salva sea la parte; pues mal será que no se puedan desperdigar por otros centros de Galicia donde el “pucherazo” tenga similar relevancia política a la hora de rascar un voto más o menos, o un puñadito de ellos que diría José Mota.

Pero la incertidumbre empieza a ser más visible pues, sobre todo, está en juego el bienestar de los más vulnerables, es decir los mayores alojados en este hermoso palacio barroco en San Tomé, junto a la playa de San Sadurniño, porque en cualquier momento deberán hacer el petate, quizás de un día para otro.

Darles seguridad debería ser la premisa básica de las autoridades autonómicas que entre sus funciones tienen precisamente la de proteger a los ciudadanos más débiles, cual es el caso.

Que nadie musite siquiera una palabra sobre las gestiones que se están realizando da mucho que pensar en un portazo brusco, sin importar a quién puede perjudicar.

Las claves son fáciles de poner sobre la mesa cuando los responsables de la congregación explicaban que el “negocio” ya no era rentable en tanto que el asilo pasa por ser la residencia más barata que se puede encontrar en Galicia.

Pero despejaban también otras cuestiones que a nadie pasan desapercibidas pero que es una baza infalible para que una orden religiosa justifique decisiones que muy poco tienen que ver con ese lema del amor al prójimo que predican. Ese argumento es el de la falta de vocaciones religiosas y, consecuentemente, la avanzada edad de las que quedan en la hermandad, que por ello no pueden prestar la atención adecuada que se requiere en este tipo de establecimientos.

Siendo ello evidente, pues alguna de las monjas cuidadoras tienen la misma edad o más que sus “clientes”, parece lógico pensar que hay soluciones más allá de las vocaciones religiosas, que se aplican por ejemplo en los centros educativos privados en los que se contrata a personal laico para la enseñanza.

Un modelo que, claro está, no se quiere aplicar. Lo más cómodo parece la venta del histórico edificio por nada menos que tres o cuatro millones de eurazos, sin duda un negocio redondo si se piensa que el emblemáticoinmueble, que en su día perteneció a los marqueses de Montesacro, pudieron adquirirlo gracias a benefactores locales que hace 85 años se empeñaron en crear una de las instituciones privadas más queridas por el pueblo cambadés, en el barrio marinero, y que alberga la capilla de La Valvanera, una de las santas más veneradas en la localidad y cuyo culto se celebra en septiembre.

Cambados debe estar atenta a los movimientos que desde Valencia se están llevando a cabo y que seguro que cogerán a más de uno por sorpresa.

Hay muchos ejemplos recientes para estar preocupados por los negocios de la iglesia que más parece que buscan “cash” que atender a los diez Mandamientos de la Ley de Dios. El sepulcral silencio les delata.

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