El edificio de Pedras Miúdas se pudre en el olvido, a pesar del cambio de gobierno
El centro de interpretación construido en 2015 sigue sin más uso que servir de refugio a los vándalos y grafiteros

El edificio construido en 2015 e inaugurado en 2016 por el Ministerio de Fomento en el entorno de la laguna de Pedras Miúdas (Catoira), nunca llegó a funcionar.
Lo peor de todo es que el Estado invirtió en el inmueble unos 300.000 euros y después se gastó aún más, ya que a la construcción propiamente dicha se sumaron los servicios de electricidad y fontanería, además de las reparaciones que se fueron acometiendo a medida que se iba deteriorando.
Ha sido “dinero tirado”, ya que como se denunció en tantas ocasiones en FARO durante los últimos años, la grifería ha desaparecido y los cables han sido arrancados, al igual que arrancaron la tarima de madera, los pomos de las puertas y demás elementos.
A esto se suman las pintadas que cubren sus paredes y las cristaleros que aún no han sido destrozadas, como también la madera arrancada en el piso de la terraza-mirador con vistas a la laguna y el río Ulla, entre otros muchos desperfectos.
Pensado como centro de interpretación de la fauna y flora existentes en la laguna de Pedras Miúdas y su entorno, lo cierto es que nunca ha tenido más uso que servir de refugio a los vándalos y grafiteros, de ahí que siga pudriéndose en el olvido.
Una situación preocupante que se mantiene con el nuevo gobierno local del BNG, que cuando estaba en la oposición tantas veces –y con tanta intensidad– criticó por este motivo al anterior alcalde, el socialista Alberto García García.
Pero el edificio sigue en deplorables condiciones, que es tanto como decir que esta compensación en especias del Ministerio de Fomento por el paso del Tren de Alta Velocidad (TAV) por Catoira no solo no fue aprovechada en ningún momento, sino que se ha convertido en un grave problema de seguridad e insalubridad que, además, daña la imagen del municipio vikingo y costará mucho dinero reformar.
Motivo de vergüenza e indignación desde hace muchos años, el BNG del ahora alcalde Xoán Castaño apuntó en el pasado que con este inmueble sucede lo mismo que con la vieja casa consistorial, “que primero se dejan caer para después emplear dinero en tratar de repararlos”.
Sin ir más lejos, los nacionalistas vikingos lamentaban hace un año, en vísperas de las elecciones municipales que le dieron la Alcaldía, que se construyera el edificio “sin darle uso alguno” y que se “dejara expoliar abandonándolo por completo”.
Al igual que criticaron que se utilizaran fondos “que deberían ir al parque forestal para colocar otra vez la tarima flotante, que en poco tiempo desapareció también porque el edificio volvió a ser saqueado y destruido”.
Los responsables del Bloque resumían la situación diciendo que era fruto de una gestión “incompetente” del entonces alcalde, convencidos de que “antes de haber reparado el edificio había que buscarle utilidad y protección”.
Ahora que sigue destrozado y su deplorable estado empeora por momentos, está por ver de dónde sacar el dinero para repararlo y utilizarlo, teniendo en cuenta que las arcas municipales están del todo asfixiadas.
Como también está por ver qué utilidad se puede dar finalmente a este inmueble, inaugurado en su día por la exministra Ana Pastor y “hermano” de un edificio similar levantado casi a orillas el Ulla y, en este caso, sí aprovechado, ya que se convirtió en el actual Centro de Activación Cultural Torres de Oeste (Cacto).
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