Medio siglo de vida en Pontevedra y otro medio, en Valga
La valguesa Dolores Benilde Castaño Bandín, que se trasladó con su hijo a la ciudad del Lérez, nueva centenaria

Un momento de la fiesta de cumpleaños organizada por el Concello de Valga. / FdV

El Concello de Valga se mantiene fiel a la costumbre de homenajear públicamente a los vecinos que alcanzan el siglo de vida, repitiendo esa fiesta en cada uno de los cumpleaños que alcancen a posteriori.
Esta vez es el turno de Dolores Benilde Castaño Bandín, una vecina del lugar de Laxes, en la parroquia de Cordeiro, que ayer alcanzó los cien años, convirtiéndose así en la cuarta vecina más longeva de la localidad, junto con María Tarrío, de Eiras, que ya tiene 101, y de Manuela Duro (Casal de Eirigo) y Concepción Jamardo (O Sixto), ambos con un siglo de vida.
Bello Maneiro
Ante tal acontecimiento, el alcalde, José María Bello Maneiro, volvió a ejercer de maestro de ceremonias.
Acompañado de los concejales Carmen Gómez y Pedro Calvo entregaron a la cumpleañera una placa en la que puede leerse: “O Concello de Valga a Dolores Benilde Castaño Bandín no día que cumpre os 100 anos”. Como manda la tradición, también la obsequiaron con un ramo de rosas y una tarta de cumpleaños.
La fiesta de aniversario de Manuela Duro Fernández, que cumplió los 100 el 21 de septiembre de 2023. / FdV
La nueva integrante del club de los centenarios nació en la aldea de Beiro y se fue a vivir a Laxes cuando se casó. De aquella relación nació un hijo que, a la postre, le dio tres nietos y dos bisnietos.
Con su hijo
Explican en el Concello que la de Lola Benilde fue “una vida dura, en la que tuvo que superar muchas dificultades y la pérdida de no pocos seres queridos”.
Parece ser que “quedó viuda hace muchos años y se hizo cargo del cuidado de su suegra y su hijo” José Luis, al que quiso acompañar viviendo en Pontevedra para que completara sus estudios.

La nueva centenaria y el alcalde. / FdV
“Fui solo para dos años, para que José Luis terminase la carrera, y al final me quedé casi cincuenta”, recordaba ayer.
Fue allí, en la ciudad del Lérez, donde trabajó como camarera en el restaurante Robles y tuvo una pensión en la que daba alojamiento a estudiantes.
1975
Dejó de trabajar cuando su hijo se casó, en 1975, y siguió viviendo en la ciudad después de su muerte, cuando solo tenía 58 años.
Pero sufrió una caída que le impedía caminar, por lo que regresó a Valga, con su nieto José, quien presume de que la abuela “aún quería coger el andador con una mano y la azada con otra hasta hace 4 o 5 años, porque le podían más las ganas que el físico”.
Y así se ha convertido en la nueva centenaria de la localidad también ribereña de Valga, donde “aún puede leer y es capaz de coser botones”, explican en el Concello, antes de aclarar que “las labores siempre fueron una de sus aficiones”.
Visitas
Pero “también le gusta escuchar la radio y salir al balcón para ver pasar a los vecinos y el tren, ya que la vía discurre frente a su casa”. Un hogar en el que, detalla la familia, “siempre recibe visitas de vecinos”.
Algunos de los cuales acompañaron a la familia, el alcalde y sus concejales cuando brindaron con Dolores Benilde y le pidieron que ponga a enfriar otra botella de espumoso para celebrar sus 101 cumpleaños.
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