In Memoriam

O Grove llora la muerte del alma de todas las fiestas

Javier Sanmartín González empezó a sentirse mal cuando colaboraba en el concurso ornitológico y falleció allí mismo

Javier Sanmartín González fue el histórico "predicador" del Enterro da Sardiña en el Entroido Meco.

Javier Sanmartín González fue el histórico "predicador" del Enterro da Sardiña en el Entroido Meco. / FdV

Manuel Méndez

Manuel Méndez

Siempre hay alguien que puede considerarse el alma de la fiesta. Y entre esas personas hay unos pocos elegidos que son el alma no de una, sino de todas las fiestas.

Personas que colaboran siempre que tienen ocasión, que se implican al máximo con la vida social y cultural de su pueblo, que sonríen y saludan al cruzarse con alguien por la calle, que cuentan chistes, disfrutan y hacen disfrutar, que quieren y se hacen querer.

72 años

Uno de esos elegidos es, y hay que hablar en presente, porque lo seguirán recordando durante mucho tiempo, Javier Sanmartín González, un grovense popular y querido que falleció ayer, a los 72 años, mientras hacía lo que más le gustaba hacer: colaborar con los demás y trabajar por y para O Grove.

Fue tremendo; nos quedamos traumatizados todos y había gente que se iba llorando porque Javier estaba bien y durante la comida hablamos y nos reímos, como siempre, pero se fue en cuestión de segundos desde que empezó a sentirse mal y se sentó

Rafael Prol

— Amigo de Javier "Campaña" y persona que habló con él justo antes de morir

Puede decirse que murió con las botas puestas, porque siempre fue un apasionado de los pájaros, y murió entre pájaros.

Al igual que era un miembro activo de la Agrupación Ornitológica de O Grove, que durante el fin de samana desarrolló el concurso-exposición de las sociedades del noroeste, y murió mientras colaboraba con esa entidad.

Javier Sanmartín en su época como edil de Deportes, en 2003.

Javier Sanmartín en su época como edil de Deportes, en 2003. / FdV

Y es que Javier Sanmartín volvía a estar al pie del cañón. Tanto fue así que ayer asistió a la entrega de premios, se fue a comer con otros organizadores del evento y, por la tarde, regresó con ellos al polideportivo de Monte da Vila para recoger las jaulas en las que se habían expuesto 1.200 pájaros desde el miércoles.

Le dolía la espalda

En un momento dado se notó indispuesto y cansado, se sentó en una silla y trató de reponerse.

Cuando Rafael Prol Caneda, su amigo y presidente de la agrupación ornitológica lo vio, y le preguntó qué le pasaba, “Javi me dijo que le dolía un poco la espalda”, aclara.

Javi "Campaña" con sus esculturas.

Javi "Campaña" con sus esculturas. / FdV

Aquello fue lo último que dijo, porque se murió allí mismo, en aquella silla, a pesar de los intentos por salvarle la vida por parte de los presentes y el personal médico, rápidamente desplazado desde el centro de salud grovense, que se sitúa justo al lado del pabellón polideportivo de Monte da Vila en el que sucedió todo.

Consternados

“Fue tremendo; nos quedamos traumatizados todos y había gente que se iba llorando porque Javier estaba bien y durante la comida hablamos y nos reímos, como siempre, pero se fue en cuestión de segundos desde que empezó a sentirse mal y se sentó”, explica un consternado Rafael Prol.

Ese era Javier Sanmartín González, un hombre que lo daba todo por los demás hasta las últimas consecuencias. Una persona a la que algunos conocieron en su época de concejal en la Corporación de O Grove, si bien aquello fue casi de casualidad, ya que no se trataba de un político al uso, ni quería serlo.

Le gustaba colaborar

En cierto modo participó en la vida política solo porque le gustaba colaborar, como hizo siempre y en todos los ámbitos.

Otros lo conocieron como jugador, entrenador y presidente del club de fútbol Anduriña, por haber promovido la primera Cabalgata de Reyes o por contribuir a impulsar las alfombras de Corpus y las escuelas de fútbol de la localidad.

Si bien la mayoría lo recordarán por ser uno de los grandes animadores del Entroido Meco, ya que, ataviado para la ocasión, ejercía como maestro de ceremonias del Enterro da Sardiña, un año tras otro.

Suyas eran las letanías, los responsos, bendiciones o como quiera llamarse a todo aquello que hacía para “animar el cotarro” y contribuír a engrandecer el carnaval.

Con Ángeles y Javi

Aquel improvisado y caracterizado sacerdote y obispo que presidía con maestría los actos fúnebres de la “finadiña” sardina, lograba que todo fueran risas, como lo eran las distendidas conversaciones con él, su esposa Ángeles, su hijo Javi y otros muchos familiares y amigos que se reunían con frecuencia en la huerta-merendero de que disponía en el lugar de A Graña, donde se preparaban siempre buenas churrascadas y centolladas.

El Belén de Navidad elaborado por Javier Sanmartín, que posaba orgulloso hace una década al lado de su obra y uno de sus cinco nietos.

El Belén de Navidad elaborado por Javier Sanmartín, que posaba orgulloso hace una década al lado de su obra y uno de sus cinco nietos. / FdV

Fue, como queda dicho, concejal –de áreas como Deportes–, un hombre de fútbol y un gran animador del carnaval. Pero fue, sobre todo, grovense de los pies a la cabeza.

Banquero y meco orgulloso

Un meco que trabajó durante muchos años de banquero y siempre presumió con orgullo de su pueblo, contribuyendo a darlo a conocer de todas las maneras posibles.

Incluso cuando ejerció de manitas y artista. Porque eso también lo hacía a las mil maravillas, y no solo como experto cultivando bonsais, sino también como escultor, tallando miniaturas que se antojababan imposibles de conseguir por otras manos que no fueran las suyas.

Javi "Campaña"

Y que conste, que estas cosas no se dicen ahora porque ya esté muerto, que es lo que suele suceder con muchas personas de las que solo se dicen maravillas cuando ya se han ido. En el caso de Javi “Campaña” esto ya se decía y se sabía cuando estaba vivo. Y se hacía así, sencillamente, porque valía la pena.

Javier Sanmartín, primero por la derecha, durante la entrega de premios celebrada ayer en el pabellón, poco tiempo antes de que se le parara el corazón.

Javier Sanmartín, primero por la derecha, durante la entrega de premios celebrada ayer en el pabellón, poco tiempo antes de que se le parara el corazón. / FdV

En noviembre de 2012, por ejemplo, FARO DE VIGO explicaba que cuando el expresidente del Gobierno de España, Felipe González Márquez, empezaba a mostrar sus dotes como cultivador o escultor de bonsáis, en O Grove ya había un personaje público capaz de hacer maravillas con esos árboles.

El Belén de la familia Sanmartín-Aguiño

No era otro que Javier Sanmartín González, quien al jubilarse no solo perfeccionó su técnica con los bonsáis, sino que se convirtió en un auténtico especialista en la elaboración de todo tipo de minúsculas piezas o esculturas, entre ellas las del Belén de la familia Sanmartín-Aguiño.

Al año siguiente volvía a ser noticia y posaba para FARO, junto a uno de sus cinco nietos, para mostrar el espectacular Belén artesanal que había elaborado con sus propias manos.

Un legado artístico integrado por figuras y elementos de todo tipo –algunos dotados de movimiento–, réplicas perfectas de casas, pozos, molinos y variados útiles de pesca y de labranza, además de disponer de peces e infinidad de objetos más, algunos tan pequeños que había que mirarlos muy de cerca para constatar toda su grandeza.

Bueno y querido

Todo lo relatado son solo algunas de las cosas que hacía, y de las actividades en las que participa, Javier Sanmartín González, un hombre bueno y querido en O Grove cuya muerte lloran todos aquellos que tuvieron el privilegio de compartir con él algún momento de sus vidas.

Un apasionado de la naturaleza y gran padre,que era adorado por sus hijos, capaz de disfrutar de la vida y de hacer disfrutar a los demás hasta su último aliento; ese triste momento en el que se detuvo, esta vez para siempre, su maltrecho pero alegre corazón.

Javier “Campaña” recibió esta tarde el último adiós del pueblo meco, con un funeral de cuerpo presente oficiado en la iglesia parroquial de San Martiño antes de que la familia procediera a su incineración.