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Mirador de Lobeira

Montesacro, mejor que Mugartegui

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Antonio Touriño

Antonio Touriño

Más pronto que tarde habrá desalojo en el asilo de Cambados y por tanto toca pensar en el destino del excepcional edificio de San Tomé, el palacio de Montesacro, una joya del barroco que sobre todo el Ayuntamiento debe preservar y poner en valor.

Rasgarse las vestiduras porque las Hermanitas de los Ancianos Desamparados decidan zanjar su compromiso con un servicio asistencial que le corresponde a las administraciones parece, sobre todo, una forma de echar balones fuera.

Y no es el momento de eso, sino de asir el toro por los cuernos y aprovechar la ocasión para devolver a los vecinos una de las joyas arquitectónicas más importantes de la localidad, y también una de las más versátiles dadas sus dimensiones.

En absoluto se trata de abandonar a los más frágiles, es decir a los ancianos, a quienes debe buscárseles acomodo, bien con la construcción de una residencia pública moderna o bien negociando con Amancio Ortega, por poner un ejemplo, ya que en Pontevedra y Santiago construye instalaciones punteras para acoger a los mayores de 60, con la dignidad a la que se han hecho merecedores.

Ideas puede haber muchas, desde un centro cultural o museístico, o para servicios municipales o sociales.

Pero quizás, en estos momentos, cuando ya está a punto de concluir la vendimia, podría ser la mejor baza para que se traslade el Consello Regulador de la D.O. Rías Baixas a su enclave natural.

Comparar el palacio en el que se rinde culto a la Valvanera con el de Mugartegui en Pontevedra es un sacrilegio. La oferta no puede ser más seductora para el alcalde Samuel Lago que no tendría más que negociar con las distintas consellerías, el patronato del Consello y los demás alcaldes de las subzonas de producción, sin olvidar a la Diputación de Pontevedra.

Se lograría así un objetivo histórico pues no cabe duda de que Cambados es la capital del albariño, como se demostró en la Festa de agosto, y por tanto es un sinsentido que se gobierne dicha actividad desde una ciudad en la que apenas hay un par de cepas de vino catalán, por decir algo.

El Palacio de Montesacro le daría la solera que precisa el buen vino, si entre todos logran convertir el edificio no solo en la sede de un patronato sino en un gran museo del vino y en el lugar que centralice todas las acciones de promoción del turismo enológico, una inmersión que todavía está en pañales.

Es la ocasión si las autoridades la saben aprovechar. Las dimensiones del palacio son espectaculares con sus 30 habitaciones y 12.000 metros cuadrados de finca al borde de la playa. Todo confluye a la perfección si se aborda con sensibilidad.

Que los ancianos del asilo de Cambados se iban a marchar era cuestión de tiempo, poco tiempo. Esta misma congregación abandonó el asilo de Pontevedra hace veinte años, sin que les dolieran prendas; y es más, la iglesia está desprendiéndose de un patrimonio que le cuesta mucho cuidar, como es el caso del convento de Santa Clara, mucho más costoso que el que ahora se propone en Cambados.

Queda mucho por hacer y por negociar. El que pidan tres o cuatro millones de euros en absoluto quiere decir que sea el precio en el que finalmente se cierre la operación.

Lo que sí está claro es que las administrciones deben velar para que nadie especule con un patrimonio que realmente, a quien pertenece, es a los vecinos de Cambados. A los demás les toca buscar la mejor solución que, además, existe.

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