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La gripe aviar se carga a los alcatraces

El inicio de la migración otoñal deja la buena noticia del regreso de las aves del Ártico

La gripe aviar se carga a los alcatracesXabier Vázquez Pumariño / Birding.gal / Chasula Birds

Las primeras expediciones pelágicas de la temporada otoñal confirman la peor de las noticias. La Influenza Aviar de Alta Patogenicidad (IAAP) ha hecho estragos en las poblaciones norteñas de alcatraz atlántico (Morus bassanus), conocido en Galicia como “mascato”, y en las de págalo grande (Stercorarius skua).

Durante las jornadas de observación realizadas en otoño del pasado ejercicio a bordo del barco de naturaleza “Chasula” ya se advirtió de que estas robustas aves pelágicas son, quizás, las que más están sufriendo los efectos de la gripe aviar.

La gaviota de Sabine compartió protagonismo con otras gaviotas, pardelas, paíños y alcatraces en la primera expedición pelágica de septiembre a bordo del barco de naturaleza “Chasula”.

Y ahora que comienza una nueva migración otoñal, como pone de manifiesto el paso por las Rías Baixas de las primera gaviotas de Sabine, los expertos a bordo de esa aula flotante de naturaleza que patronea Isidro Mariño confirman el brutal descenso de ambas.

Ningún págalo grande

Prueba de ello es que en la primera salida del mes sobre la plataforma continental, a unas doce millas de la costa, no se vio ningún págalo grande y únicamente fueron avistados 18 “mascatos do Atlántico”, cuando en años anteriores podían ser localizados varios cientos de unidades pescando a la altura de islas como Ons y Sálvora.

Las pelágicas vuelven a centrar la actividad a bordo del "Chasula".

En noviembre del pasado año, cuando la enfermedad ya estaba haciendo estragos en esta especie, la tripulación del “Chasula”, integrada por expertos como el biólogo y consultor medioambiental Xabier Vázquez Pumariño, de la firma Birding.gal, localizaba 301 alcatraces, algunos con los característicos edemas de la córnea que constituyen la fase anterior a la queratitis.

Sufren ceguera

Esta es una de las consecuencias de la gripe aviar que les produce la muerte, ya que provoca la ceguera de los animales e impide que puedan desplazarse y comer.

Una alcatraz enfermo.

Una enfermedad que también se había apreciado en septiembre de 2022, cuando en las zonas del Atlántico Norte que son residencia habitual del alcatraz las autoridades veterinarias notificaban numerosos casos de Influenza Aviar de Alta Patogenicidad (IAAP) en esta especie, siendo ese el “posible origen de los casos detectados en Galicia, relacionados con la migración anual de estas aves hacia el sur”, advertían en la Xunta.

Atlántico Norte

No hay que olvidar que el alcatraz es un ave marina que nidifica en el Atlántico norte, formando colonias de varios miles de parejas, y que son los ejemplares jóvenes los que migran hacia el sur en busca de las aguas subtropicales o tropicales en el Oeste de África, sobre todo en Mauritania y el Golfo de Guinea.

Un halcón peregrino posado tras comer sobre una batea.

De ahí que uno de los aspectos más destacados de la primera expedición del “Chasula”, ante el inicio de la migración otoñal que lleva a esos alcatraces desde el Norte hacia África, sea, precisamente, “la ausencia de págalos grandes y el bajísimo número de alcatraces, dos de las especies más afectadas por la gripe aviar”, inciden los expertos ornitólogos a bordo.

Esa es la mala noticia. La buena, como se indicaba antes, es que el espectáculo de la migración otoñal está lanzado, de ahí que ya pasen por las Rías Baixas las primeras gaviotas de Sabine, que avanzan desde Groenlandia hacia África.

El avistamiento de casi un centenar de ejemplares fue el principal motivo de alegría en la expedición pelágica del pasado domingo.

Norteamérica y Eurasia

Y no es de extrañar, ya que no resulta sencillo avistar a esta gaviota que cría en el Ártico y tiene una distribución circumpolar, principalmente por Norteamérica y Eurasia.

Es un ave migratoria que vuela hacia el sur en otoño –de ahí que ahora empiece a pasar frente a la costa gallega– y que suele pasar el invierno en el océano Pacífico, mientras que las aves de Groenlandia y Canadá oriental cruzan el Atlántico camino de las costas occidentales de Europa para pasar el invierno, llegando a alcanzar África Suroccidental.

La gaviota de Sabine, que recibe su nombre en memoria del científico Edward Sabine, “es difícil de encontrar en aguas españolas”, limitándose los avistamientos a Asturias y Galicia, especialmente durante el paso otoñal.

“Chasula”, un aula flotante que no defrauda

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Así lo explican en la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife), que gestiona la Reserva Ornitológica de O Grove.

La organización conservacionista confirma que “la gaviota de Sabine es una especie propia del Ártico norteamericano (norte de Canadá y Alaska), que cría también en Groenlandia y Siberia y que durante el otoño aparece en el oeste de Europa, principalmente en las islas Británicas, así como en Islandia e Islas Feroe”.

Gaviota del Caspio

Localizar esas gaviotas de Sabine desde el “Chasula” fue uno de los “premios gordos” del domingo, sin desmerecer a unos setenta paíños comunes y “una buena representación de gaviotas”, entre ellas un ejemplar de gaviota del Caspio (Larus cachinnans), una especie próxima a la conocida y abundante gaviota patiamarilla (Larus michahellis) que tiene su origen en las orillas del mar Negro y del Caspio, extendiéndose hacia Asia Central hasta el noroeste de China.

En Europa se ha expandido también hacia el norte y el oeste, viviendo actualmente en Polonia y el este de Alemania.

Diario de a bordo en el "Chasula": aves pelágicas, delfines y ballenas azules

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No faltaron a la cita con el “Chasula” una gaviota cana (Larus canus), 173 reidoras –en gallego “gaivota chorona”–, tres ejemplares de cabecinegra (Ichthyaetus melanocephalus), seis argénteas, casi 2.000 patiamarillas, 617 gaviotas sombrías y una treintena de gaviones atlánticos.

Un halcón peregrino

La tripulación del “Chasula” también hace hincapié en la llamativa observación de un halcón peregrino que acababa de alimentarse sobre las cuerdas apiladas en una batea, como se deduce de la sangre que se aprecia en la fotografía de esta ave rapaz tomada por Xabier Vázquez Pumariño.

Así se disfruta de las orcas desde el "Chasula"

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Pero volviendo a las pelágicas, tanto o más llamativa es la presencia en las Rías Baixas de la amenazada pardela balear (Puffinus mauretanicus), que habita el Mediterráneo y el Atlántico nororiental pero cría únicamente en el archipiélago de las Baleares, detectándose 18 individuos en este primer viaje del “Chasula” en el mes en curso.

Pichonetas y ostreros

Junto a una pardela pichoneta (Puffinus puffinus), cuyas principales colonias de cría se localizan en Gran Bretaña, Bretaña Francesa, islas Feroe e Islandia, y 40 pardelas cenicientas (Calonectris diomedea borealis), una de las mayores aves marinas de España y especie pelágica –solo se acerca a la costa para reproducirse– que vive en el Atlántico y el Mediterráneo.

El ostrero euroasiático, chorlitejo grande, vuelvepiedras común, andarríos chico, págalo parásito, charrancito común, charrán común, charrán ártico, paíño europeo (68 individuos), cormorán grande (24), el moñudo (412), garza real (35) y garceta común (18) son otras especies inventariadas en la singladura del domingo pasado.

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