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Faro de Vigo

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Sandra Souto Budelo | Conductora del bus asistencial

“Los mayores hablan y cantan durante los traslados al centro médico o a la farmacia”

“Los usuarios demandan un servicio asistencial por lo que se les suele recoger en sus propios domicilios”

Sandra Souto Budelo con el vehículo que conduce. | / /I.ABELLA

Natural de la parroquia de Simes en Meaño y a sus 43 años es una de la caras más conocidas de entre los mayores del municipio, por su trabajo de siempre como conductora en el transporte asistencial público. Un servicio que el Concello de Meaño puso en marcha en el año 2006, de manos del entonces alcalde Jorge Domínguez. Se trata de un servicio de transporte dirigido especialmente a los mayores de 65 años o también a personas con problemas de movilidad. Su coste es de de 4 euros por cada viaje (ida y vuelta), demandado generalmente para acudir al centro de Meaño o Dena, y que se reduce a 2,40 para aquellos que lo usan para despladdzarse a las actividades municipales para la tercera edad que se prestan en el Centro Rural Polivalente de As Covas. Unos precios que el Ayuntamiento de la localidad rebajó en el mes de noviembre de 2020 por la pandemia a petición de PSOE, no admitiendo la gratuidad del servicio para aquellas rentas más bajas que sí solicitaba Meaño Independiente..

–¿Cuántos años lleva como conductora en el transporte asistencial?

–Llevo 16 años, los mismos que el vehículo. Yo me iniciara trabajando en el Servicio de Axuda no Fogar, y cuando el ayuntamiento creó este servicio de transporte opté para hacerme con el este trabajo.

–¿Cuáles son las rutas que hacdde a diario?

–Por las mañanas se ofrece un servicio para ir a los centros de salud, farmacias, actividades del Concello para la tercera edad y otras gestiones. En su caso se presta los lunes, miércoles y viernes con dos viajes: el primero se inicia a las 8,15 horas recorriendo las diferentes parroquias, pensando en las analíticas que realizan temprano en los centro de salud. Luego se les devuelve a casa a las 10,30. Y el segundo comienza a las 11,30 y retorna a las 13 horas. Luego, a diario y por la tarde, el transporte hace dos rutas para trasladar a los mayores al Centro Rural Polivalente: una que recorre la parroquia de Simes y Lores y que parte a las 15,30 horas; y otra que baja a Dena y recoge gente en el resto de las parroquias. Luego, una vez completado el recorrido, a la hora de meriendas me toca reforzar al personal de Centro Rural Polivalente con los mayores. A última hora, cuando cierra el centro a las 20 horas se les devuelve a sus hogares.

–¿De cuántas plazas dispone el vehículo?

–De nueve, con el conductor incluido y, con la posibilidad de añadirle espacio para dos sillas más de discapacitados.

–¿Le pesa o le reconforta el trabajo que a diario debe realizar con los mayores?

–Me reconforta, estoy muy contenta con este trabajo. Personalmente siempre me ha gustado trabajar con ellos y me sigue gustando. Es un mundo que me apasiona, una aprende mucho en la relación con los mayores, eso lo agradecen y siempre sienta bien a uno.

Rutas habituales

–¿Cómo accede al servicio el usuario de este medio de asistencia? ¿Existen paradas fijas?

–No, a cada persona que lo solicita se le recoge en el mismo domicilio, bien para acudir de forma regular por las tardes al Centro Rural Polivalente, o bien puntualmente para hacer el viaje que haya programado para el día siguiente. En ese caso basta con llamar al Concello y ponerse en contacto con los servicios sociales, desde donde me notifican las personas a recoger, lugar, día y hora, dentro de las rutas programadas.

–¿Paga cada cual su billete a la hora de acceder al vehículo?

–No, yo me limito a cumplimentar cada día el estadillo de personas que han concertado el viaje y han venido, y luego el Concello es el que se encarga de pasarlo a cada uno por banco, generalmente a final de mes.

–¿Los mayores son más receptivos en el transporte con usted y también en el Centro Rural de tarde con el personal, en relación a cómo son dentro de sus propias casas?

–Sí, mucho más. En casa suelen enfadarse más y protestan, pero en el centro y en el transporte, apenas lo hacen. Aquí no discuten, sino que lo que hacen es hablar mucho, ríen e incluso cantan en el transporte asistencial… Hasta me tienen hecho cantar a mí (sonríe). Se lo pasan bien, es muy gratificante para ellos. El Centro Rural supone una terapia, en tanto que a veces ves como algunos llegan alicaídos, más despistados y olvidadizos, y aquí, al cabo de un tiempo, mudan su estado de ánimo, hablan más, participan y sonríen.

–¿Qué se ofrece a los mayores en el Centro Rural que no puede ofrecérsele en casa?

–Lo primero es el tiempo necesario para estar con ellos, tiempo para hacer actividades y manualidades que en casa los hijos no pueden al tener que estar pendientes de sus propios trabajos. Los mayores son como los niños, requieren atención, enseñarles… Eso requiere su tiempo.

–La situación de abandono de los mayores es un tema que empieza a asomar cada vez más ¿Lo percibe en este mundillo laboral?

–Aquí entre nosotros, en el rural, apenas está ocurriendo, pero sí se sufre mucho más en el mundo urbano. La filosofía del rural y los vínculos de familia, de momento, son otra cosa.

–¿Han alcanzado en el transporte y en el centro las cifras del pre-COVID?

–De momento no hemos llegado a ellas, pero estamos muy cerca. El COVID dio mucho para atrás a los mayores, se percibe que los que regresan lo hacen más decaídos, algunos incluso son reacios a volver… Los hijos tienen que insistirles para que recuperen el hábito de venir al centro asistencial. Forma parte también de ofrecerles ese tiempo para ellos, y aquí podemos hacerlo.

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