El hundimiento del drakkar “Torres de Oeste” en el río Ulla pudo deberse a un sabotaje. Al menos eso creen en el gobierno de Catoira, donde aseguran que los amarres realizados en su día por los operarios municipales para asegurar el barco en los pantalanes, junto a las otras dos naves de guerra de propiedad municipal, “fueron manipulados”.

Al parecer, cuando el “Torres de Oeste” fue reflotado, se comprobó que dichos amarres “no estaban como el empleado del Concello los había dejado”, siendo esa “la causa del escoramiento del drakkar y su posterior hundimiento”.

Es por ello, y por otros daños detectados tanto en el entorno como en todas las naves que conforman la flota municipal, que el gobierno del socialista Alberto García anuncia que va a proceder a “colocar medidas de seguridad”.

No es el gobierno el único que mantiene la hipótesis del sabotaje, la cual tampoco descartaba el PP de Iván Caamaño cuando se pronunció sobre este naufragio.

La diferencia es que el conservador también criticó con dureza los daños causados a la embarcación por los operarios municipales que se ocuparon de reflotarla, responsabilizando de los mismos al concejal delegado de Obras, Javier César Costolla.

Caamaño argumentó que lo ocurrido al drakkar es uno más de “una serie de acontecimientos sorprendentes” que denotan “maltrato y desidia” con los bienes públicos.

Iván Caamaño observa el palo del "Torres de Oeste", el día que se hundió. FdV

En relación con el hundimiento del “Torres de Oeste”, propiedad del Concello, confirmaba lo explicado en su momento en FARO, diciendo que se fue a pique “mientras estaba amarrado al pantalán, no se sabe si intencionadamente o debido a la acumulación de agua”. Por lo que hay que tener en cuenta que los otros dos barcos amarrados a su lado no se hundieron.

Lo que sí decía tener claro Caamaño era que “la falta de previsión tiene mucho que ver con esta fatalidad”.

Tras asistir al reflotamiento realizado por operarios municipales, con ayuda de un camión también propiedad del Concello, aseguró el líder del PP que “emplearon maneras inadecuadas que causaron roturas en el casco de la embarcación".

La proa del drakkar quedó metida bajo la escalera de acceso al pantalán. FdV

No duda en asegurar que “la fuerza que ejerció la grúa del camión para tirar por el barco y sacarlo del agua, con las cuerdas mal enganchadas, causó la rotura que se puede apreciar en la embarcación”.

Es por ello que Caamaño tilda de “grave error” no haber reflotado el drakkar “mediante un equipo de buceo que, como establece la ley, debe estar formado por un mínimo de tres personas con la titulación apropiada, encargándose una de ellas de dirigir las operaciones y los otros dos buzos, de drakar envolver la embarcación con cinchas o cuerdas antes de subirla sin causarle daños; nunca atando cuerdas y tirando con una grúa”.

Los vikingos conquistan Catoira en un desembarco multitudinario

Los vikingos conquistan Catoira en un desembarco multitudinario Manuel Méndez

En relación con esto, el Partido Popular asegura haber solicitado a una empresa especializada que presentara un presupuesto para ver cuánto costaría sacar la nave del agua “mediante unas condiciones apropiadas”.

La cubierta del drakkar, aún con las algas.

La cubierta del drakkar, aún con las algas. FdV

Y parece ser que el desembolso ascendería a unos 3.200 euros. Ante lo cual, este grupo de la oposición sugiere que “el Concello también habrá hecho algo similar, antes de decidir reflotar el barco por su propia cuenta”.

Para los “populares” parece estar claro quién es el culpable de este “mal uso de material” y esta muestra de “desidia y abandono de los bienes públicos”.

La reparación de uno de los drakkar, hace apenas tres meses. FDV

Se refiere a la “mala praxis propia del concejal de Obras”, Javier César Costoya, de quien dice que “no realiza su trabajo de forma apropiada o, cuando menos, carece de la experiencia adecuada con estos temas”.

Construido en 1993

Y sucede que “en lugar de informarse, tomó la decisión más sencilla, causando destrozos en un bien público tan importante como el drakkar ‘Torres de Oeste’, construido por los alumnos de la escuela taller en 1993”.

Al referirse al trabajo de los catoirenses que hace ya tres décadas “se esforzaron en hacer realidad este barco”, Iván Caamaño recuerda que es una réplica del “Skuldelev V”, que surcó los mares en el siglo XI y cuyos restos se conservan en la Sala de Barcos Vikingos del Museo Nacional de Roskilde, en Dinamarca.

El alcalde ante el drakkar "Torres de Oeste", cuando el año pasado fue reconstruido. Iñaki Abella

Tiene 17,5 metros de eslora, 2,5 metros de manga y capacidad para trece pares de remos -para una tripulación de 18 guerreros- y seis toneladas de carga.

No se olvida el PP catoirense de que esta embarcación “fue reparada hace poco tiempo, presumiendo de ello en los medios de comunicación las dos únicas personas que dirigen el Concello”, en alusión al alcalde, Alberto García García y su único edil afín, Javier César Costoya.

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El desembarco vikingo de Catoira, en imágenes Faro de Vigo

Pero tras haber presumido de la reparación, ahora la nave “está rota, olvidada, deteriorada y destrozada, con la mitad del casco bajo la pasarela del pantalán y riesgo de que las mareas y el mar de fondo la rompan aún más”.

Después de denunciar también que el drakkar “está lleno de algas, sin tablas interiores y con otras tiradas y en muy mal estado”, Iván Caamaño se pregunta de qué ha servido la inversión realizada en la rehabilitación ejecutada hace solo unos meses.

El drakkar hundido en las Torres de Oeste. FdV

Y, sobre todo, cuestiona aquella reconstrucción a la que fue sometido este drakkar en verano del año pasado, cuando la estructura de madera del “Torres de Oeste” se cambió casi por completo.

Al aludir a esta “propiedad de enorme valor sentimental” actualmente “abandonada”, Iván Caamaño termina diciendo que no es el único ejemplo de los bienes públicos en franco declive.

Pero esas mejoras en el drakkar no han sido las únicas, ni mucho menos. En 2013 el “Torres de Oeste” se refugiaba de los rigores del invierno en el interior de las viejas naves de la empresa Cedonosa, borrada del mapa industrial cuatro años antes y ahora propiedad de STAC.

Finalmente, el Concello de Catoira decidía trasladar la nave a un astillero de A Illa de Arousa que iba a ocuparse de la restauración, tal y como indicaba el propio alcalde.

La época en la que el "Torres de Oeste" se refugió en la vieja Cedonosa. Iñaki Abella

Alberto García García señalaba entonces que “se trata de un barco emblemático para el pueblo de Catoira, y dado que fue construido en los años noventa, ahora no se encuentra en su mejor estado, por eso queremos hacerle una reparación importante; una puesta a punto para que vuelva a estar plenamente operativo y que pueda lucir en todo su esplendor durante el próximo desembarco”.

La botadura del drakkar inicialmente utilizado con fines ornamentales en el Cacto. FDV

García incidía así en “la importancia cultural e histórica de esta embarcación”, que el Concello ordenó construir para dar mayor esplendor a su Romaría Vikinga y botó en la edición de 1993, recibiendo en 2008 el respaldo de un segundo drakkar propiedad de la Administración local, el “Frederikssund”, de 20 metros de eslora, 2,9 metros de manga y capacidad para 27 tripulantes.

Tras este barco, bautizado así en honor de la ciudad danesa homónima, hermanada con el Ayuntamiento de Catoira, llegó la tercera nave de titularidad municipal, el “Ardglass”, otra réplica de un barco de guerra vikingo, en este caso existente en el pueblo hermano de Frederikssund, que fue bautizado con el nombre la ciudad de Irlanda del Norte en la que fue construido, en 2019.

Hasta 2021, cuando fue botado en el Ulla, se utilizó como elemento ornamental, por lo que estuvo colocado en tierra firme, en el paseo fluvial que arranca en el Centro de Activación Cultural Torres de Oeste (Cacto).

Desde la pasada Romaría Vikinga acompañaba a los otros dos barcos de guerra en los pantalanes fluviales situados a los pies de las Torres de Oeste.

Había un cuarto drakkar en Catoira, éste ajeno al Concello, como era el perteneciente a la asociación cultural Ateneo Vikingo, pero no pudo utilizarse en el último desembarco porque ya estaba demasiado deteriorado, y también se había hundido.