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Faro de Vigo

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La Festa da Auga pone tregua a la sequía para orgullo de Vilagarcía

Los cubos desde los balcones volvieron a recuperar el protagonismo | La cita fue menos multitudinaria, pero sí de las más celebradas

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Una fiesta pasada por agua NOÉ PARGA

San Roque devolvió no solo el agua a Vilagarcía sino a toda la comarca. Después de meses en los que la sequía empezaba a agigantarse, la figura del Santo Patrón hidrató en toda la extensión de la palabra y del territorio. Miles de personas no quisieron perderse el reencuentro con una fiesta única e identitaria que no se celebraba desde 2019 y que demostró que puede perder sus mangueras a presión, pero nunca su magia.

Esos mismos balcones en los que hace cuatro décadas empezó todo volvieron a ser protagonistas estelares. La esencia de la fiesta en estado puro resurgió con toda su fuerza en un éxtasis que puso en valor el orgullo de lo propio, especialmente en el desfile de San Roque hasta la capilla a la que da nombre en medio del ritmo de un pasodoble cuyo título resume a la perfección el día de ayer, “Triunfo”.

El agua volvió a caer, también del cielo, en la vuelta de San Roque. Noé Parga

Si bien la Festa da Auga atrae a muchos visitantes ávidos de deleite, la sensación que se vive en el momento que la imagen del Santo Patrón cruza la puerta grande de la iglesia de Santa Eulalia llega al corazón de cualquier vilagarciano. Una emotividad que anega los rostros de todos los vecinos de la ciudad en una mezcla de alegría, orgullo y sentimiento de pertenencia.

La Plaza de España se convirtió en lugar de peregrinación para todos aquellos que supieron y quisieron retirarse a tiempo de los encantos de la noche del día anterior. Dar la bienvenida a San Roque y acompañarlo en su trayecto es un sentimiento a flor de piel que une a los vilagarcianos por encima de cualquier elemento divisor.

Los balcones recuperaron el protagonismo iniciático de la fiesta. Noé Parga

Seguro que no fue la procesión más multitudinaria —la Policía estima unas 6.000 personas—, pero sí la más esperada sin lugar a duda. Ni siquiera la lluvia quiso perdérsela, pero sabia ella, supo dar una tregua en el momento en que San Roque hizo su irrupción protegido por un poncho impermeable, como si de un pacto se tratase.

A hombros de unos porteadores emocionados y ovacionados, la imagen se dejó ver imponente por encima de todas las cabezas y brazos que aplaudían. Los más pequeños se subían a hombros de sus padres en una simbólica muestra del legado de una tradición y un respeto que se hace eterno entre generaciones. Los que allí estaban no eran todos los que son, pero sí son todos los que estaban. Fieles a una identidad que supera cualquier otra circunstancia de las que también se pueden encontrar en cualquier celebración masiva que se precie.

Fran García se clonó nuevamente en Freddie Mercury. Noé Parga

Cordones humanos integrados por diferentes colectivos de la ciudad abrían paso al balanceo de San Roque, ávido también de reencontrarse con los suyos. En medio de la marea de cuerpos que encarnaban una escena que hacía de la distancia social el mal sueño que fue, el Santo Patrón fue avanzando sin perder nunca el dominio del escenario.

Con el agua absolutamente prohibida como elemento arrojadizo hasta el remate de la lectura del pregón, los cubos se llenaron de confeti para celebrar la vuelta del desfile más esperado de la historia de Vilagarcía. Un trayecto que en su meta lució el poderío de la amalgama de lo religioso y lo pagano, de la tradición y la fiesta. Y todo ello con el respeto como elemento innegociable de una felicidad desbordada y desbordante.

Carlos Guerrero hizo bailar unavez más a grandes y pequeños. Noé Parga

La letra del himno gallego, cantada por miles de personas que anegaban el barrio de San Roque, mandó a guardar al Santo en el mismo lugar en el que se iniciaría la procesión religiosa de la tarde con la que emprendió el camino de retorno a Santa Eulalia. En medio de la algarabía y los decibelios, una grúa elevó a Sara Gómez por encima de la multitud. La capitana del Cortegada realizó un pregón impecable en el que plasmó su agradecimiento y orgullo a partes iguales, además de reivindicar el apoyo al deporte, y en especial a femenino, en medio de una ovación permanente.

Vilagarcía vibra con San Roque antes de empaparse en la Festa da Auga

Vilagarcía vibra con San Roque antes de empaparse en la Festa da Auga Diego Doval

El primer lanzamiento de agua desde un cubo correspondió a la pregonera, pero también el reparto de unos balones hinchables de baloncesto incapaces de tocar el suelo revoloteando en medio de una gran superficie humana. La Festa da Auga comenzó de manera inminente y los balcones se convirtieron en el objeto de todas las miradas deseando empaparse para sentirse parte de un reencuentro que certificaba el retorno de la normalidad después de tiempos de ingrato recuerdo.

Sara Gómez, capitana del Cortegada, durante el pregón. Noé Parga

Casi por arte de magia, y nada más iniciarse el homenaje al líquido elemento, surgieron pistolas, cubos y globos para disparar frescor y humedad. Ni los muchos chubasqueros que se vieron ayer lo impedían. Era la vuelta de lo propio en el formato más original. El mismo que, de manera espontánea, arrancó hace cerca de cuarenta años una fiesta cuya esencia supera con creces cualquier tipo de circunstancia inherente a toda celebración sin medida que se precie.

La música de los bares, que había cesado respetuosamente durante la procesión, volvió a atronar y los brindis y los abrazos empezaron a multiplicarse por doquier. Calles como A Baldosa, Valentín Viqueira, Méndez Núñez, Romero Ortiz o toda la zona de O Castro, se convirtieron en lugar de concentración de todos. De aquellos que habían descansado durante la noche para entregarse al día y también de los que continuaban en pie desde la madrugada anterior peleando contra sus propios límites después de horas de desparrame, botellones y excesos, aunque algunos solo fueran de nocturnidad.

Momento en el que San Roque, protegido con un poncho de la lluvia, iniciaba el paso hacia su capilla. Noe Parga

Vilagarcía se convirtió entonces en una fiesta continua, para todas las edades. Siempre se encontraba un lugar en el que sentirse a gusto y ni siquiera las tiriteras de frío, que las hubo, menguaban las ganas de disfrutar y recuperarse de las estrecheces de los tres años de espera por la Festa do Auga.

Los tambores volvieron a atronar por la calle. No hay San Roque que se precie sin la presencia de la banda de percusionistas dirigida por Carlos Guerrero, quien enfundado con la camiseta del Arosa, marcó el ritmo de la diversión en medio de una estampa que forma parte de la idiosincrasia de la propia fiesta. También Fran García revivió a Freddie Mercury encima de las barras de varios locales con una audiencia que disfrutaba de sus playback como si del mejor concierto se tratase al son de todos los éxitos de Queen.

Los jugadores del Os Ingleses Rugby Club marcaron el camino en el esperado desfile. Noe Parga

Las horas fueron pasando hasta que la tarde fue llamando a descansar a los más persistentes. Era una procesión de cuerpos que evidenciaba la necesidad de recuperación mientras las brigadas de limpieza se afanaban en que Vilagarcía no dejase rastro de basura, olores e incontinencias varias.

Y así se fue llegando al final de un reencuentro con la Festa da Auga. Casi un viaje iniciático a los orígenes de la celebración. Aquellos en los que el agua caía de los balcones y los vilagarcianos eran mayoría.

Fue una fiesta menos multitudinaria, pero de las más celebradas, pero San Roque continúa y lo hace con un programa de actos que hoy continúa con el Festaclown como elemento estrella con varias actuaciones a lo largo del día. También A Xunqueira recupera el ritmo de conciertos con “Los del Pirata Cojo” para realizar un tributo a Joaquín Sabina. La imagen del Santo Patrón volverá a aguardar su turno hasta el próximo año con permiso de pandemias y otros males.

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