Cea: el duro golpe que provocan los incendios
Los comuneros comienzan a valorar las pérdidas sufridas en un monte que se estaba recuperando de incendios anteriores

Los comuneros de Cea participaron en las tareas de extinción de las llamas tanto en la noche del jueves como en la mañana del viernes. / Noé Parga
A. G.
Matorral seco y excesivamente alto, temperaturas elevadas y rachas de viento fuertes y con direcciones cambiantes, a lo que se suma casi dos meses sin llover. Estas circunstancias formaron el cóctel perfecto para desatar la tormenta de fuego que se vivió el pasado jueves por la noche y el viernes en el monte Xiabre, entre Vilagarcía y Caldas de Reis.
Gran parte de las 450 hectáreas consumidas por las llamas pertenecen a las comunidades de montes de Cea, y Loenzo (Vilagarcía) y Saiar (Caldas) que han visto como todo el trabajo de reforestación que han realizado en los últimos años se iba al traste en tan solo una noche a causa de la voracidad de las llamas.
Luis Piñeiro es uno de los miembros de la directiva de la comunidad de montes de Cea, la más importante de Vilagarcía que, el día después de las llamas, reconoce que “ha sido un auténtico desastre para esta comunidad”.
No en vano, de las 610 hectáreas que poseen los comuneros de Cea en el monte, una cuarta parte ha sido consumida por las llamas, especialmente “plantaciones de árboles, alguna de las cuales se encontraban en el momento óptimo para su corte, por lo que nos ha causado un daño irreparable”.
La valoración del impacto económico que puede causar en la comunidad de montes “es algo que todavía tenemos que hacer, pero es muy importante porque no es solo los árboles, sino todo lo que se ha invertido en limpiar esas zonas, rarear las plantas que no sirven para explotación y mantener cuidado el monte, todo ese esfuerzo no ha servido de mucho ante la voracidad de ese incendio”.
La entidad invierte más del 50% de lo que genera el monte en preservar y cuidar el monte, pero se ha encontrado con una situación que era imposible de parar debido a que gran parte de las fincas lindantes que había alrededor de sus terrenos, “se encuentran sin limpiar, con un sotobosque lleno de ‘xestas’ y acacias que favorece la extensión del fuego”. Ese dinero se genera a través de la gestión de las diferentes plantaciones de árboles y de la concesión para la instalación de lo eólicos que coronan Xiabre.

Manuel Méndez
Piñeiro recuerda que la situación vivida en la noche del pasado jueves no es algo nuevo para ellos. De hecho, este sería el tercero de los grandes incendios que se llevan por delante gran parte de los terrenos de la comunidad y los tres actuaron de la misma forma. “Se originaron en las inmediaciones de la cantera de Saiar en una jornada de fuerte viento, salta a nuestros terrenos y los arrasa”, indica, recordando que eso fue lo que también pasó en 2006 y en 2016. Cuando las llamas llegaron a los terrenos de la comunidad, venían totalmente descontroladas y los medios de extinción, entre los que se encontraban los vecinos de Cea, fueron incapaces de frenar la avalancha.
“Llama la atención que siempre ocurra de la misma manera, una y otra vez; esperamos que las investigaciones que se realicen sirvan para identificar si fue provocado, y si lo fue, se pueda dar con los responsables”, señala.

Manuel Méndez
Piñeiro entiende que hay que buscar una forma adecuada de gestionar los montes para que no se acumule una cantidad de biomasa que los convierte en auténticos polvorines. “Nosotros siempre hemos sido partidarios de contratar a empresas que nos hiciesen limpieza y se hiciesen cargo de la biomasa, pero los comuneros lo descartaron porque, tradicionalmente, el monte comunal servía para que cualquier vecino pudiese dar de pastar a su ganado o para suministro”. Sin embargo, desde hace años, ya no existe “ganado que lo limpie y todo se hace a base de trabajo de las administraciones, cambiando por completo el panorama”.
Aunque estuvo luchando contra el fuego, acudirá a lo largo del día de hoy, junto con el presidente de la entidad, a comprobar los daños y ver como ha quedado el terreno. Lo normal es que “acudan las ingenierías, que son las que van a saber exactamente cual ha sido la superficie que se ha volatilizado a causa de las llamas; a ojo, calculamos que ha sido más de un cuarto de la superficie de la Comunidad de Montes”.

Un coche, electrodomésticos y enseres quemados en el polígono de Pousadoiro / Noé Parga
Aunque en la jornada de ayer todavía eran apreciables algunas volutas de humo desprendiéndose por Xiabre, el incendio se dio por extinguido el pasado viernes. En la zona continuaban ayer todavía algunas brigadas realizando tareas de riego para evitar que volviese a surgir un rebrote, especialmente en la zona próxima a las viviendas de Castrogudín, donde se vivieron los momentos más complicados de la noche del pasado jueves, llegando a desalojarse una treintena de viviendas.
En total, el número de hectáreas devoradas por las llamas fue de 450 convirtiéndose en uno de los incendios más grandes de los últimos años en la comarca de O Salnés. En la lucha contra las llamas participaron seis técnicos, 14 agentes forestales, 49 brigadas, 38 motobombas, dos unidades técnicas de apoyo, siete aviones, una decena de helicópteros y efectivos de la Unidad Militar de Emerxencias (UME).

Un incendio declarado ayer en Piñeirón (O Grove). / FdV
De menor envergadura fueron los que se originaron en Lobeira y en las faldas del Monte Castrove en la jornada del viernes.
El primero de ellos afectó a unas diez hectáreas de superficie en las parroquias de Tremoedo y Corvillón, fundamentalmente arbolado de la comunidad de montes de la parroquia vilanovesa, pero también a viñedos que se encontraban próximos.
Aunque se llegó a temer por que las llamas pudiesen alcanzar un par de núcleos de Cambados, los servicios de extinción de incendios lo evitaron. En Meis se quemaron dos hectáreas de arbolado.
Con los incendios afectando también a la península de O Grove, como se constató ayer con el declarado en la zona protegida de Piñeirón, los comuneros de San Vicente denuncian que solicitaron una ayuda para limpiar la zona de Coviña do Inferno, donde no accede el pastoreo de las vacas cachenas que han soltado en Con da Hedra.
La intención era eliminar la presencia de acacias, una especie pirófita que ayuda a expandir las llamas y que abunda en esa zona, convirtiéndola en “un auténtico polvorín”, explica Manolo Castro, presidente de la entidad.
Con la subvención concedida por la Xunta, los comuneros se dirigieron a la delegación de Medio Ambiente en Pontevedra para solicitar licencia para la limpieza, encontrándose con la denegación del permiso por parte de “un burócrata con carrera y despacho al que no hicieron entrar en razón ni las acacias invasoras”.
El comunero lamenta este tipo de trabas burocráticas que se encuentran para limpiar los montes por parte de las administraciones.
“Limpiar el monte es un gasto que no tiene retorno, porque se necesita maquinaria, solicitar muchos permisos para cumplir la Lei y la cabaña ganadera como la que tenemos no alcanza para tenerlo todo limpio”.
De todas formas, es mucho más barato y de mucho menor impacto que se registre un incendio y haya que movilizar a todos los brigadistas porque “ya no es como hace décadas, en la que los vecinos se echaban al monte para apagar los incendios”.
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