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Faro de Vigo

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Volver a caminar contra viento y marea

El cambadés Rubén Piñeiro, que se quedó tetrapléjico en un accidente de tráfico hace cuatro años, a base de mucho trabajo ya es capaz de incorporarse y dar algunos pasos

Rubén, junto a su mujer y un entrenador en Fontecarmoa. | // NOÉ PARGA

Fue un 25 de agosto de 2018 cuando la vida de Rubén Darío Piñeiro Lago, y la de su familia, empezó de nuevo. Un despiste en Vilanova al volante de su Ford Ka por saludar a unos amigos le llevó a invadir el carril contrario y chocar contra un todoterreno. Aquel airbag de su coche no saltó y la lesión medular sufrida le convirtió en una persona tetrapléjica.

Solo tenía 40 años y llevaba 25 trabajando como marinero en su Cambados natal. Tal era su actividad vital que algunos años incluso ejerció como herrero por las tardes. Pero aquel golpe afectó a su columna vertebral de tal manera que ya nada sería como antes. A aquel accidente le siguieron ocho meses en el Hospital Juan Canalejo de A Coruña, concretamente en la unidad de lesionados medulares.

La lucha es diaria por reducir su grado de dependencia en todo lo posible. Noe Parga

La crudeza de la situación todavía la tiene muy nítida en su memoria el cambadés. También su mujer Ana Somoza y sus hijos Pablo e Iago, ahora con 15 y 12 años. Con voz entrecortada, Rubén afirma que “no pude verles en los cuatro primeros meses y solo dos veces en todo el tiempo en el Juan Canalejo. Fue muy duro, lloraba todos los días”.

No podía mover sus brazos ni sus piernas, pero él tenía plenas facultades mentales para pelear por contradecir el pesimismo al que le invitaban las predicciones de los médicos. Reconoce incluso que “pasé una depresión. Me resultaba todo difícil de asimilar, pero mi familia me demostró que siempre vale la pena luchar”.

El gimnasio de la piscina de Fontecarmoa es casi como una segunda casa para Rubén Piñeiro. Noe Parga

Ana Somoza, su esposa, dejó su trabajo como jardinera en un criadero de plantas para dedicarse en cuerpo y alma a la recuperación de Rubén. Un proceso que se enfrentó de bruces con la realidad de sus limitaciones en su vuelta a casa tras la larga etapa hospitalizado, pero ni eso hizo desfallecer a un Rubén que, nunca mejor dicho, encontró en su mujer el apoyo indispensable.

Hace apenas cinco meses, aupado por su mujer Ana y un entrenador, Rubén se puso de pie y realizó el gesto de los primeros pasos de una nueva vida

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Ejercicios en su propia casa y sesiones continuas de fisioterapia en una clínica de Sanxenxo se convirtieron en su día a día. Sin excusas, Rubén y Ana no cesaron en su empeño de mejorar poco a poco. “Estuve un año y medio sin poder mover una pierna. Los brazos me están costando más porque me quedé sin masa muscular en los tríceps, pero no nos íbamos a rendir y así seguimos”.

Poco después el gimnasio de la piscina de Fontecarmoa se convirtió en su centro de entrenamiento. Trabajo y más trabajo con la única motivación para Rubén “de poder valerme por mí mismo un poco más para aliviar a mi mujer que tiene que cargar conmigo siempre para todo. No me voy a rendir y los avances me dan la razón”.

La atención de su esposa es continua y es la que elimina de Rubén cualquier atisbo de rendición. Noe Parga

Las primeras muestras de equilibrio fueron dentro de la piscina. Al principio con un chaleco salvavidas con la ingravidez como aliada para luego, y poco a poco, con la ayuda de Ana, empezar a caminar dentro del agua. Una progresión que venía acompañado de un mayor rango de movimiento en sus extremidades inferiores hasta que se produjo el día de incorporarse en el gimnasio de la piscina de Fontecarmoa.

Mientras trataba de avanzar con mis primeros pasos tenía la cara llena de lágrimas

Rubén Piñeiro - Lesionado medular

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Hace apenas cinco meses, aupado por su mujer Ana y un entrenador, Rubén se puso de pie y realizó el gesto de los primeros pasos de una nueva vida. Reconoce que “mientras trataba de avanzar tenía la cara llena de lágrimas. Me alegró sobre todo por los míos y no me voy a rendir hasta poder aliviar a mi mujer todo lo que pueda”.

Vive en un cuarto piso sin ascensor 

Vecinos de la calle Sevilla de Cambados, la familia Piñeiro Somoza vive en un cuarto piso sin ascensor. Una situación que les obligó a desembolsar una cantidad cercana a los 13.000 euros para instalar un salvaescaleras con el que poder subir con su silla hasta su vivienda.


Una dependencia de solo 73 euros 

La situación de la familia de Rubén Piñeiro evidencia la necesidad de actuar en materia de ley de dependencia. El hecho de que su esposa se viese obligada a dejar de trabajar para poder atender a su esposo y a su familia solo se vio correspondida por una paga de 73,92 euros al mes para ella.

Esta escasa ayuda económica pone el foco en la complicada tesitura en la que se encuentran también otras muchas familias. El tener que renunciar de manera obligada a una ocupación laboral por una necesidad vital lleva acarreado consigo un doble desagravio que solo se ve aliviado, en el caso de los Piñeiro Somoza, por el pago del 150% de lo que le correspondería por jubilación a Rubén a consecuencia del accidente.

Pequeños pasos hacia el objetivo

La motivación por volver a depender de sí mismo todo lo que se pueda es asombrosa por parte del vecino cambadés. Desde pasar de la silla de ruedas a la cama o incluso comer sin necesidad de que nadie le lleve el alimento a la boca.

Como él mismo reconoce, “utilizo una tabla para pasar de la silla a la cama para tratar de aliviar lo máximo posible a Ana. Para comer, utilizo una férula, porque los dedos se me retraen, y unos cubiertos que me facilitan un poco mas las cosas. Bebo a través de una pajita y siempre tratando de avanzar cada día un poquito más”.

En un proyecto con células madre 

Rubén Piñeiro forma parte de un proyecto con células madre que se inyecta cada tres mes. Debido a su alto coste, a cambio dona líquido cefalorraquídeo una vez al mes para diversos estudios. El objetivo mejorar aspectos que vayan mejorando su calidad de vida y asegura estar notando los cambios para bien. 

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