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Faro de Vigo

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Los mejilloneros atribuyen la crispación a un pequeño grupo de percebeiros exaltados

Las asociaciones mantienen una reunión para decidir acciones en defensa del sector/”Mexilloeiros y percebeiros nos ayudamos, las agresiones son obra de exaltados”, afirma el presidente de Opmega

Proceso de encordado de mejillón en una batea flotante de la ría de Arousa. | // IÑAKI ABELLA

Las asociaciones de mexilloeiros se reúnen hoy con el propósito de establecer las medidas más adecuadas que pongan fin a la escalada de violencia fomentada por lo que se considera un grupo de percebeiros exaltados. “Se trata de evitar una desgracia”, afirma el presidente de Opmega Ricardo Herbón, quien se muestra muy preocupado por los sabotajes y ataques que han soportado compañeros suyos “cuando acudieron a recoger mejilla a zonas autorizadas”.

“Los destrozos que causan a los coches o bienes no se pueden permitir pero mucho menos que acorralen a un compañero y le amedranten como ocurrió esta pasada semana en Doniños”, expone con decepción ante el aumento de la crispación entre dos colectivos que siempre han ido de la mano.

“Mexilloeiros y percebeiros hemos colaborado toda la vida en las rocas y lo seguiremos haciendo siempre pues realizamos tareas complementarias, sin pisarnos; por lo que no se entiende la decisión de Mar de reducir el ámbito de actuación para la recogida de mejilla en la costa”, explica.

Herbón exige a Mar que reconsidere el decreto que acota las zonas de recolección de cría de mejillón. “El 17% que nos dejan es totalmente insuficiente para desarrollar la actividad ordinaria de las 3.300 bateas existentes”, indica el responsable de Opmega.

Y es que cada una de esas plataformas requiere toneladas de semilla para ser rentable. Mar estima que serán unos 3.500 kilos por batea que se obtienen bien por el proceso de fijación en las cuerdas durante el desove y complementariamente con el que se recoge en las rocas.

Continúan los episodios naturales de marea roja

La paralización de la actividad bateeira también tiene relación con la marea roja, típica en los meses de abril y mayo, y que ha provocado que se decrete el cierre de numerosos polígonos de forma temporal. Explica Herbón que se suspendió toda la actividad en la ría de Vigo, en O Morrazo y Poio (Combarro como referencia) mientras prosigue la actividad casi ordinaria en las dos orillas de la ría de Arousa. El presidente de Opmega resta importancia a este episodio “que se produce siempre en los meses de abril y mayo”, desde tiempos inmemoriales. “Ya se sabía de los efectos nocivos del mejillón tóxico en la Edad Media, no tiene nada de extraño”, indica con absoluta serenidad sobre la situación. Pero si a los problemas de enfrentamientos del sector se suma la toxina y los relacionados con la reciente huelga del transporte o el encarecimiento de combustibles, el colectivo se encuentra ante uno de los momentos más críticos, por lo que consideran que Mar debe abogar cuanto antes por amainar las aguas y buscar el consenso entre los representantes de los colectivos. La Consellería todavía sigue sin ofrecer ideas para resolver este conflicto, muy similar al que se registró hace tres años en la zona de O Morrazo y que acabó en una guerra campal.

En tiempos normales, cuando sus autorizaciones les permitían acudir a cualquier zona costera, esta actividad solía cerrarse en abril pero con las medidas restrictivas impuestas por la Xunta deberán continuar hasta el 15 de junio para cubrir la demanda, pues en estos momentos ya hay muchas las cuerdas vacías en las rías gallegas.

“Ya no es el momento más idóneo para la recogida de mejilla pues han aumentado de tamaño por lo que con las batidas del mar y otras causas naturales se empiezan a desprender de las rocas, por lo que cada vez resulta más difícil encontrar semilla”, explica Herbón quien hace un símil con la agricultura que también se basa en períodos de producción muy concretos.

“Estamos, por tanto, ante un problema muy serio para las numerosas familias que viven del mejillón en Galicia, por lo que hay que encontrar soluciones de inmediato”, expresa el presidente de la principal agrupación de mejilloneros, Opmega que representa al 90% de las bateas existentes.

Por de pronto ya han solicitado la presencia de los gardacostas y han denunciado todos los ataques que han sufrido en estos días, tanto a la Guardia Civil como a la Policía Nacional.

Una portavoz del colectivo asegura que ya tienen identificados a varios de los percebeiros agresores. “La Policía Nacional ha conseguido cintas de video en las que se ve claramente quienes son, por lo que más pronto que tarde deberán declarar ante los tribunales”, afirma.

Herbón considera lamentables estos hechos “cuando el entendimiento de los dos colectivos que explotamos las rocas es permanente”. A su juicio, Mar debería adoptar medidas urgentes para evitar que esta crisis vaya a más y sea irreversible.

Informes técnicos sobre la productividad

Tanto la Consellería do Mar como las asociaciones de mejilloneros de Galicia han encargado informes para determinar pros y contras del decreto de Mar que restringe las zonas de recolección de mejilla. En Opmega han recurrido al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) con el propósito de demostrar la imposiblidad de acotar la actividad a una zona tan reducida de la costa. “La producción de mejilla en las rocas es muy variable, depende también de las corrientes, de los temporales y de otras circunstancias, de modo que un año hay rocas muy productivas y al año siguiente pues todo ese molusco se encuentra más allá”, explica Herbón para justificar la reclamación de poder actuar en todo el litoral como siempre. Asimismo, en el colectivo se han quejado de que las áreas permitidas en esta campaña son precisamente las de menor producción por lo que los bateeiros se están encontrado con serios problemas de abastecimiento de semilla para encordar. No se puede olvidar que los efectos económicos de estas medidas solo se conocerán dentro de un año, aproximadamente, cuando finaliza el proceso de crecimiento del mejillón en las bateas. Los pronósticos, dicen, son muy poco halagüeños.

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