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A Illa abre las puertas de las casas modernistas

Las tres casas (Dona Tomasa, Campaneiro y Goday) se inauguraron ayer con la presencia de Carmela Silva y con un cuentacuentos en la biblioteca | Acogerán el centro de la tercera edad y la escuela de música

Carlos Iglesias y Carmela Silva al piano durante la visita a la casa do Campaneiro, convertida en sede de la Escola de Música. Iñaki Abella

Habían sido inauguradas cuando se finalizaron las obras, pero apenas estuvieron abiertas al público. Por delante quedaba la tarea de amueblarlas y dotarlas de contenido sustancial antes de que todos los vecinos pudiesen disfrutar del legado que la conserva, la primera industria de Galicia, dejó en el pequeño municipio arousano. Esos trabajos, especialmente el de la biblioteca, culminaron ayer con la inauguración oficial de las instalaciones y una visita de la comitiva que encabezaba la presidenta de la Diputación, Carmela Silva, por las estancias que conforman las tres viviendas: Dona Tomasa, Campaneiro y Goday.

La comitiva estuvo integrada por varios vecinos. | // I. ABELLA

El destino de las tres viviendas está claramente definido. El bajo de la casa de Dona Tomasa estará destinado a acoger todo la actividad social que organice el club de jubilados de A Illa que, tras veinte años de reivindicaciones, al fin tendrá el espacio que tanto venía reclamando. Esta vivienda estará comunicada por el bajo con la vecina de O Campaneiro, a la que también se podrá acceder por otra puerta. La de O Campaneiro estará destinada a la actividad de la Escola de Música, que se centralizará en el primer piso, donde las divisiones verticales serán totalmente modulares para adaptarse a las necesidades del centro de formación.

Dopico y Otero Besada durante su intervención explicando la historia de la conserva y de las viviendas. Iñaki Abella

Por último, la antigua vivienda de Goday, que no tiene comunicación directa con las otras dos, es, desde ayer, la biblioteca municipal, siendo estrenada por la tarde con el cuento “Estrafalaria” a cargo de Xarope Tulú. El acto central de la inauguración, después de los descubrimientos de placas de rigor, se celebró en la antigua salazonera de Goday, en la que estuvieron presentes un nutrido grupo de vecinos y familiares de los antiguos propietarios, así como representantes de la Mancomunidade y de todos los grupos políticos de A Illa.

Los vecinos brindaron por la inauguración de las viviendas. Iñaki Abella

La presidenta de la Diputación reconoció en su intervención que “hoy es un día muy especial, porque la remodelación de estas tres viviendas, es un ejemplo de acción pública, de recuperar espacios para el disfrute de la gente, que es lo que debemos hacer las administraciones”. Silva se mostró encantada de que la institución que preside fuese a que lideró el proyecto de remodelación de las tres viviendas aunque en ese logro señaló al “pueblo de A Illa como el gran responsable de que esto sea hoy una realidad”.

Animó al Concello a llenar de vida estos espacios, “como estuvieron en el pasado y a que los vecinos disfruten de una remodelación tan hermosa, con equipamientos que van a permitir encuentros de las personas mayores, que los vecinos puedan formarse musicalmente y acudir a una potente biblioteca, así como disfrutar de los espacios al aire libre que ofrece el jardín”. Por último, destacó el hecho de que la reforma pone en valor gran parte de la historia de A Illa, una historia ligada al pasado salazonero y conservero que trajeron los catalanes a toda la ría de Arousa en los siglos XVII y XVIII, un pasado del que todavía quedan muchos vestigios, entre ellos, estas tres viviendas.

El alcalde de A Illa, Carlos Iglesias, definió la jornada de ayer como “un día importantísimo, un hecho histórico que es posible gracias a que siempre tuvimos muy claro el proyecto, siendo conscientes de que, por delante, nos quedaba una tarea muy ardua para un municipio de 5.000 habitantes, la de conseguir financiación”. En ese sentido, Iglesias agradeció a la Diputación su implicación y destacó que “ya todos los vecinos pueden disfrutar de este entorno”.

Budiño durante su intervención ayer en A Illa. Iñaki Abella

También intervino la edil de Turismo y Cultura, Rosi Viana, destacando el hecho de “recuperar parte de nuestro patrimonio con estas obras, convirtiéndolo en un complejo sociocultural en el centro neurálgico de A Illa”. No será el único paso que se va a dar en la recuperación del legado de la conserva, ya que la edil anunció uno de los grandes proyectos para este ejercicio, el de poner en marcha una ruta por aquellos vestigios que todavía se conservan, entre los que se encuentran chimeneas de varias fábricas o construcciones que todavía mantienen esa relación con el pasado.

La restauración, rehabilitación y transformación de las casas modernistas de A Illa, situadas en los número 1, 3 y 5 de la calle Marqués de Bradomín ascendió a 2,7 millones de euros de los que la Diputación de Pontevedra, a través del Plan de Reequilibrio Territorial y del Plan Concellos, aportó más de 2,5 millones de euros. El arquitecto responsable del proyecto, Manuel Gallego Jorreto, premio Nacional de Arquitectura y firmante de numerosas actuaciones en el municipio, conservó la imagen original de las tres viviendas, demoliendo sus elementos interiores para adaptarlas a nuevos usos socioculturales y modernizando todos sus elementos.

La casa de Goday fue adquirida, junto con la fábrica, a través de un convenio urbanístico con la familia, mientras las otras dos se adquirieron en compra directa a las familias, abonando 400.000 euros. Las tres se encontraban en un pésimo estado de conservación y, mientras aguardaban a que el proyecto diseñado por Gallego Jorreto saliese adelante, se fueron deteriorando cada vez más, llegando a estar al borde de ser declaradas en ruina. De hecho, tuvieron que ser tapiadas porque eran utilizadas para botellones y por “okupas”, con el riesgo que suponía un posible desprendimiento interior, ya que se encontraban en un pésimo estado de conservación.

Finalmente, a través del Plan de Reequilibrio Territorial, se consiguió contar con la financiación necesaria y que las tres viviendas vuelvan a lucir su particular tipología, especialmente la de O Campaneiro, que cuenta con un gran balcón acristalado. La actuación también sirvió para recuperar el jardín de la vivienda de Goday y el espacio que ocupaban los antiguos pozos de salazón. También se actuó en parte de la fábrica de Goday, convertida en un centro de interpretación de la conserva desde hace años por haber sido la primera experiencia fabril en Galicia.

Música de Budiño y degustación gastronómica

Con una amplia representación política y social del municipio, la inauguración culminó con un pequeño concierto del músico Xosé Manuel Budiño. Natural de Moaña, el músico recordó sus vínculos con la cultura marinera y reconoció que aprendió a cantar en A Illa, en casa de unos grandes amigos. A la gaita interpretó el himno del antiguo reino de Galicia y después cogió la guitarra para musicalizar el poema “Adiós ríos, adiós fontes” de Rosalía de Castro, algo que emocionó a muchos de los presentes. El acto culminó con un pequeño ágape en el que los protagonistas fueron los alumnos de la Escola de Hostalería de la Mancomunidade de O Salnés, tanto los de cocina como los de sala. En la elaboración del ágape emplearon todo tipo de productos vinculados a un lugar como es A Illa de Arousa. Tanto el concierto como el ágape se celebraron en la zona donde se encuentran los pozos de salazón, lugar destinado a acoger eventos de este tipo en el futuro.

Una historia que merece ser contada

En plena vorágine inaugurativa, la presidenta de la Diputación y todo el séquito que la acompañaban pararon su recorrido para escuchar a dos de las voces autorizadas para exponer la historia de la conserva en el municipio: Xoán Dopico y Juan Luciano Otero Besada. El primero expuso una pequeña historia de la llegada de los fomentadores catalanes a la ría de Arousa y su vinculación con A Illa, municipio en el que, en 1754, según los datos recogidos en la Matrícula de Marina, había 66 embarcaciones, dos jávegas y coexisten, en tan solo siete kilómetros cuadrados, una quincena de salazoneras. De la mano de los antepasados de Valle-Inclán llegarán a A Illa los Goday, que no solo potenciarán en el siglo XIX la salazón, sino que también pondrán en marcha la primera fábrica de conserva. Otero Besada se centró más en explicar el origen de las viviendas, y sobre todo, de las personas que las construyeron y habitaron, contando anécdotas, en especial de Dona Tomasa, a la que llegó a conocer personalmente y de la sociedad Odosa, que llegó a funcionar hasta los años 80 del pasado siglo.

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