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Faro de Vigo

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La lamprea empieza a abundar, también en las "pesqueiras" de los romanos

Se vende a unos 50 euros por pieza y hay una gran demanda en los restaurantes

Imagen de archivo de un pescador levantando una de las nasas de las pesqueiras romanas. Iñaki Abella

Aunque “sin llegar a ser como para tirar cohetes”, ya que lo mejor de la campaña “está aún por llegar”, la lamprea empieza a ser abundante en el Ulla.

Así lo confirma el sector implicado en su captura, tanto en la zona de actuación del colectivo de los llamados valeiros, que la pescan con las nasas butrón que largan desde sus embarcaciones, como aguas arriba, donde se encuentran las tradicionales pesquerías romanas.

Las nasas de las pesqueiras se emplean en horario nocturno.

Los concesionarios de estas populares “pesqueiras”, que no son más que construcciones de piedra estratégicamente situadas en el cauce fluvial –para aprovechar las corrientes y atrapar al primitivo pez cartilaginoso–, confían en que el aumento del caudal del río les ayude a seguir aumentando las capturas en las próximas semanas.

Cada vez son más los restaurantes de toda Galicia que quieren disponer de lamprea del Ulla, y de momento somos incapaces de despachar todos los pedidos

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Sobre todo, a medida que vayan abriéndose todas ellas, ya que actualmente solo se emplean las de Herbón que están más próximas a los límites fronterizos de Padrón y Pontecesures.

Ese previsible aumento de las capturas debe servir, si el COVID no lo impide en forma de restricciones en la hostelería, para atender la creciente demanda del escurridizo parásito marino, ya que “cada vez son más los restaurantes de toda Galicia que quieren disponer de lamprea del Ulla, y de momento somos incapaces de despachar todos los pedidos”, sostienen los valeiros.

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Captura de lamprea en las pesqueiras del Ulla

En el mismo colectivo hay pescadores que aseguran que “si pudiéramos disponer de 200 lampreas, no cabe duda de que las venderíamos todas, ya que hay una gran cantidad de pedidos de los restaurantes especializados, donde la demanda de sus clientes no deja de aumentar”.

Como con la nécora grande

Lo mejor de todo, apostillan los valeiros, es que “está pasando algo parecido a lo que sucedió durante todo el verano pasado con la nécora grande, y es que después de todo lo que pasó en el año 2020 a causa de la pandemia, la gente tiene ganas de consumir el mejor producto”.

Si pudiéramos disponer de 200 lampreas, no cabe duda de que las venderíamos todas, ya que hay una gran cantidad de pedidos de los restaurantes especializados

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Es por ello que “no les importa pagar un poco más, de ahí que los restaurantes estén haciendo pedidos importantes, y tanto ellos como nosotros cruzamos los dedos para que el coronavirus no obligue a cerrar de nuevo la hostelería”.

Reflexionan de este modo tanto los que ya están pescando, con Ramón Agrasar de Villanueva y su lancha como avanzadilla, como los armadores que prefirieron esperar unos días más antes de comenzar la campaña.

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Una noche en el Ulla para capturar lamprea

Desde el viernes ya son cuatro embarcaciones activas, pero están autorizadas una quincena, adscritas a las cofradías de pescadores de Rianxo y Carril, por lo que pronto serán más.

La pesca de la lamprea en el Ulla Noé Parga

Unos y otros confirman que el precio medio ronda los 50 euros por pieza, de ahí que digan que “está siendo un buen arranque de campaña, porque si en un barco pescamos tres lampreas en una mañana podemos obtener alrededor de 150 euros, lo cual no está nada mal”.

Una actividad nocturna

Las nasas empleadas en las pesqueiras son, exclusivamente, de uso nocturno. Esto quiere decir que las redes solo podrán estar colocadas en el agua desde las 20.00 horas hasta las 8.00 horas del día siguiente.

Y además se prohíbe la realización de las labores de pesca desde las 8.00 horas de los sábados hasta las 20.00 de los lunes, período en el que deberán levantarse las redes y permanecer fuera del cauce fluvial.

Esos horarios de faena y el descanso semanal aludido no son las únicas cuestiones de obligado cumplimiento a vigilar por los guardarríos dependientes del servicio de Patrimonio Natural de la Consellería de Medio Ambiente. Los concesionarios de las pesqueiras también deben tener muy presente que las de Areas y As Vellas deben dejar libre el canal central del río y no podrán trabajar en la denominada “vea”.

Además, “deberán emplearse redes que no causen daño a otras especies piscícolas” y “serán devueltos al agua o entregados al personal de la administración que lo solicite todos aquellos ejemplares que no sean las lampreas capturadas en las pesquerías”, advierte Medio Ambiente.


Se avecinan tiempos de abundancia

Sobre todo porque pronto llegarán las jornadas de pescar entre diez y veinte ejemplares por lancha, o incluso puede que alguno más.

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Temporada de lamprea en el río Ulla Faro de Vigo

“La temporada aún debe mejorar mucho”, añaden estos pescadores, quienes confían en que así sea ahora que los meteorólogos anuncian jornadas de buen tiempo y el caudal del Ulla ya aumentó.

Pesca de valor etnográfico

Al regular el uso de las pesqueiras mediante la correspondiente Orden, lo que hace la Xunta es permitir el empleo de “una técnica tradicional de pesca continental de carácter etnográfico que se encuentra en previsible riesgo de desaparecer”.

Su objetivo no es otro que “garantizar su transmisión, promoción y puesta en valor”.

Hay que tener presente que la concesión para pescar lampreas en las “pesqueiras” del Ulla tiene su origen en un documento fechado en el siglo IX que en su día fue interpretado por un fraile del convento de los franciscanos, en Herbón.

Así lo explica un especialista en la materia como el arousano Miguel Piñeiro, quien en el libro titulado “Lampreas e pesqueiras”, publicado por Editorial Galaxia, aclara que en 934 el monarca Ramiro II donó a la iglesia de Santiago el condado de Postmarchos, delimitado por los ríos Ulla y Tambre.

A lo que añade que “el inquieto y riguroso Xosé Lois Ladra cita la aportación de datos de Quilez (1947) sobre las pesqueiras del Ulla” diciendo que fueron cedidas por el monasterio de San Martiño, en el año 1533, a un matrimonio. “La explotación de las mismas pasó en 1580 a otro particular, con la obligación de rendar varias docenas de lampreas”, detalla el escritor.

Una crecida lo suficientemente importante como para propiciar la llegada de las lampreas, que necesitan del agua dulce que desemboca en el mar para orientarse y llegar hasta las zonas de desove, río arriba.

Y un aumento de caudal que, como se explicaba anteriormente, desean como agua de mayo los titulares de las pesqueiras, quienes ya han podido comprobar que el enigmático y suculento pez “ya está aquí”.

Antonio, uno de los más populares, sostiene que este alargado pez chupasangre “ya está subiendo el río en buena cantidad”, y pronostica que “ahora que aumenta el caudal también aumentará la cantidad de lampreas que pasan por nuestras pesqueiras”.

Calendario de faena en las diferentes pesqueiras

Las pesqueiras ya funcionan en el lugar de Areas (Herbón), donde la Consellería de Medio Ambiente autoriza la ancestral actividad con la que se captura la lamprea (Petromyzon marinus) desde el pasado día 3, y hasta el 26 de marzo.

El día 31 del mes en curso se sumarán a esta arriesgada y atractiva actividad pesquera las pesqueiras situadas en el tramo comprendido desde la de As Vellas hasta la de A Trapa, también en Herbón, las cuales estarán operativas hasta el 23 de abril.

Ya en febrero, el día 7, comenzará una campaña de tres meses de duración en las pesquerías de A Caseta y Furado (Carcacía), así como en las situadas hasta llegar a la de Lampreeiro, en el lugar de As Pesqueiras (Reis), todas ellas incluidas.


Las características, explicadas por Miguel Piñeiro

En cuanto a las características de los sillares de piedra, cabe incidir en que hace años el periodista y escritor catoirense Miguel Piñeiro publicaba el libro titulado “Lampreas e pesqueiras”.

Se trata, quizás, de la obra que mejor permite conocer la historia y características de estas construcciones que forman unos pasillos en el agua que las lampreas intentan superar nadando contra corriente. Unas nasas que se sitúan estratégicamente, aprovechando esos pasillos, a la espera de que el primitivo pez quede atrapado en su interior.

La manipulación de las nasas que se depositan en el cauce fluvial. M. Méndez

Según explica Piñeiro en su libro, las pesqueiras se dividen en cuatro tramos o grupos, situados en Herbón, Carcacía-Lapido, Barcala-Sinde y en Reis.

Las de Herbón, se conocen como Areas y Traxeito, la primera con seis “pescos” y cinco pasillos y la segunda con nueve y ocho, respectivamente. La explotación de esta construcción, resalta el escritor, “está repartida por grupos de muros denominados Cabildo, Cuarteles, Xanza, Mitra y Cortiñas”.

El libro de Piñeiro.

El libro de Piñeiro. Editorial Galaxia

A setecientos metros, río arriba, “están las segundas pesqueiras, llamadas As Bellas, con la subdenominación de Bellas y Ribeiro, que miden 91 metros”, mientras que a 519 metros se localiza la tercera construcción, “el particular y único Canal de Herbón, que llega a los 120 metros de longitud entre los dos muros y alberga cuatro puestos de pesca en la orilla norte y tres en la sur, sumando cinco pasillos”. 

Un arte de pesca peculiar que aprovecha las corrientes

Las redes o nasas con las que se capturan las lampreas en las pesqueiras del Ulla se componen de una boca, a modo de estructura metálica o de madera, cuadrada o rectangular, que recibe el nombre de “cangalla”, y una red cónica que va atada a la entrada de la trampa.

Esta nasa tiene adosado un brazo metálico que le permite realizar un movimiento vertical para introducirla y sacarla del agua, izándose con ayuda de una cadena o cuerda atada a la cangalla y asegurada en lo que se denomina “trancadoiro”, en una piedra o un árbol.

“Las lampreas intentan superar la fuerza de la corriente en los pasillos de la pesqueira ya que la nasa no los tapa en su totalidad”, explica el periodista Miguel Piñeiro en el libro “Lampreas e pesqueiras”.

Aquellos ejemplares que no lo consiguen “caen dentro de las redes y la fuerza del agua les impide salir”, sentencia el escritor arousano.

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