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Algo chirría, médicos sí que hay

Algo chirría, médicos sí que hay

Algo chirría en el sistema sanitario cuando un médico apenas dispone de cinco minutos para diagnosticar a un paciente que acude por urgencias. Ha pasado recientemente, esta misma semana, en O Grove, pero es frecuente en todos los demás centros de salud próximos, desde Vilagarcía a Baltar pasando por Caldas, Vilanova o Cambados pues son los que aún están abiertos.

En plena explosión pandémica resulta imperdonable tamaña sinrazón, la reducción a la mínima expresión del derecho universal a la salud que la Constitución y tantos Tratados nacionales e internacionales proclaman y dicen garantizar con plenitud.

Es el peor desafío a la ley de la gravedad social pues el sistema no solo cae por su propio peso sino que se ve empujada adrede por unas autoridades a los que no les da la gana de resolver el problema con una solución justa para todos los que la demandan.

Y la solución está en poner a trabajar a los médicos, de una vez, sin distinción de especialidad. ¡Basta de élites! La Consellería no puede escudarse en que carece de profesionales para atender las necesidades de una población que en absoluto tiene la culpa de la terrorífica expansión del COVID.

Por ello, es la administración la que tiene que buscar soluciones excepcionales a un problema excepcional. ¿Cómo se puede decir que no hay médicos en Galicia cuando es uno de los colectivos profesionales que más creció en los últimos años? Médicos y abogados, sobran, y además su formación ha costado mucho dinero al erario público durante muchos años.

La solución pasa, sin ningún género de dudas, por dedicar todo este potencial a atender las urgencias. Un traumatólogo, un oftalmólogo, un dermatólogo, un oncólogo, un psiquiatra es, sobre todo y ante todo, un médico. Y como tal tiene capacidad para cubrir estas necesidades perentorias en un momento tan crítico como el que está sufriendo la sociedad. No pueden quedarse de brazos cruzados.

Olvidar que todos estos especialistas están en la cartera de recursos humanos no solo es una impertinencia del sistema sino que puede rayar la comisión de un delito. Recuerden que la omisión del deber de socorro está castigada con penas de prisión. Y que también podría ser responsable de prevaricación aquel funcionario o político que dicte a sabiendas resoluciones injustas, sobre todo de este calibre.

Y es evidente que una decisión inadecuada es de por sí injusta, sobre todo cuando están en riesgo las vidas o la salud de las personas.

No puede permitirse que el sistema deje que se escapen más de 40 profesionales de los 52 que fueron formados como MIR en el área sanitaria de Pontevedra-O Salnés el pasado año, como denunció el alcalde de O Grove José Antonio Cacabelos.

No es tampoco de recibo que otros muchos se esfumen a otras comunidades autónomas o al extranjero para desempeñar su oficio por el simple hecho de que aquí se les maltrata con condiciones leoninas pues se les obliga a realizar horarios intempestivos o se les abonan salarios indignos.

Claro que la estructura falla pero hay que ponerle remedio ya a una situación que indigna a profesionales y a los usuarios de los centros de salud y está haciendo tambalear todo el sistema.

La salud está en un momento delicado, hay vidas en juego, la economía se resiente, el estado de ánimo se encuentra por los suelos. ¡Optimicen recursos, por favor...

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