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El sondeo arqueológico descubre nuevos hallazgos en el fondo marino de Cortegada

Una de las inmersiones de los arqueólogos en Punta Fradiño, al norte de la isla de Cortegada. Es una zona de importantes corrientes marinas Cedida

El sondeo arqueológico subacuático que el 11 de noviembre comenzó en el norte de la isla de Cortegada, en Punta Fradiño, ha dado sus primeros frutos. Los buzos de Zeta Arqueoloxía e Xestión Integral do Patrimonio han encontrado restos de ánforas y vajilla de la época romana, además de otras piezas pendientes de determinar su época de procedencia. Está previsto que las inmersiones del equipo de Cristóbal Nodar concluyan este mes para trasladar el trabajo al laboratorio, donde se podrán estudiar detenidamente los hallazgos y por tanto fijar su antigüedad exacta. Los resultados finales se presentarán en febrero, según estiman las fuentes consultadas.

Las prospecciones financiadas por la Consellería de Cultura comenzaron el pasado 11 de noviembre. El delegado de la Xunta, Luis López, acompañó al equipo de Zeta Arqueoloxía en la jornada inaugural. Iñaki Abella

No obstante, con el primer visionado y análisis los arqueólogos ya han podido situar algunas piezas en la época romana, lo que apuntala cualquiera de las dos hipótesis barajadas hasta la fecha: que los restos encontrados pertenecen a un pecio romano hundido o bien a un asentamiento que se inundó con la crecida del agua.

Los arqueólogos trabajan con mucha calma y precisión en la zona, que abarca 9.600 metros cuadrados. Cedida

La investigación no descarta por el momento ninguna de las dos teorías, incluso aunque no aparezca el barco durante el actual sondeo arqueológico. Los investigadores manejan como posibilidad que el pecio que buscan fuese arrasado por la fuerte sedimentación y corrientes de la ría de Arousa o bien que esté cubierto por el fondo marino, muy variable por el paso de los siglos.

Restos de una ánfora que los expertos han confirmado que pertenece a la época romana. Cedida

Pero los arqueólogos no pierden la esperanza de encontrarlo bajo el mar, pues todavía tienen pendiente de rastrear una parte de la poligonal de 120 por 80 metros marcada por la Consellería de Cultura, organismo que financia los trabajos con 15.000 euros. Las prospecciones subacuáticas se realizan en una superficie de 9.600 metros cuadrados, similar a las dimensiones de un campo de fútbol.

Uno de los hallazgos encontrados en el actual sondeo. Cedida

Los investigadores creen que la teoría del pecio romano es posible porque su presencia fue corroborada por la cultura y transmisión oral, si bien son conscientes de que su aparición dependería de que no fuese destrozado por la sedimentación o de que el sondeo se esté realizando en la zona correcta. Existen aproximaciones a la probable zona del naufragio, pero por ahora no se han determinado las coordenadas exactas por parte de ninguna fuente, lo que complica los trabajos.

Las prospecciones se realizan en una superficie de 9.600 metros cuadrados, unas dimensiones similares a las de un campo de fútbol

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Con todo, los impulsores de las prospecciones las consideran prometedoras por los elementos hallados, ya que algunos de ellos ya está confirmado que son de la época romana. En los próximos días podrían aparecer más restos.

Trabajos con calma, precisión y cuidado

El equipo capitaneado por Cristóbal Nodar está trabajando en Punta Fradiño con mucha calma, precisión y cuidado. La poligonal a rastrear es bastante amplia y no quiere dejar nada atrás. Además, se trata de una superficie marina con bastante sedimentación, lo que podría ocultar algún elemento fundamental para la investigación. Sin olvidar la riqueza de esta importante zona marisquera en plancton marino, por lo que se está respetando al máximo su conservación.

Los restos recuperados del fondo de la ría de Arousa se analizarán en el laboratorio. Cedida

Los arqueólogos tienen grandes expectativas de averiguar datos importantes que ayuden a dilucidar el tesoro que esconde el fondo marino de Cortegada.

Anteriores inmersiones

Las primeras prospecciones se llevaron a cabo en los años ochenta de la mano del buceador carrilexo Juan Augusto Barreiro Gómez. Posteriormente tomó el relevo el grupo de arqueólogos García Alén bajo la tutela del Museo Provincial de Pontevedra y cinco años después, en 1988, la Xunta promovía su primera campaña en Punta Fradiño, dirigida por Javier Luaces. En 2007 Miguel San Claudio descubrió elementos cerámicos de la época romana y fragmentos de tégulas, aportando la hipótesis de un yacimiento arqueológico terrestre anegado por la subida del nivel del mar.

Juan Barreiro, en la imagen publicada por FARO en 1982 cuando encontró restos romanos en Punta Fradiño.

Juan Barreiro, en la imagen publicada por FARO en 1982 cuando encontró restos romanos en Punta Fradiño. FDV

Juan Barreiro, el pionero

A lo largo de las últimas décadas se han realizado varias prospecciones subacuáticas en Punta Fradiño en busca de un barco romano. Según narran narra FARO DE VIGO, el verano de 1982 el carrilexo Juan Augusto Barreiro Gómez encontraba un auténtico tesoro bajo las aguas de Cortegada.

Ánforas en perfecto estado, otras piezas de cerámica y restos calcáreos de madera figuraban entre los hallazgos descubiertos por este buceador profesional (hoy fallecido) a bordo del “Erizana”, tal y como se observa en la fotografía que acompaña a este reportaje, publicada en el diario decano de la prensa nacional el 3 de agosto de 1982. En esa entrevista Barreiro declaraba que había avisado a la Comandancia de Marina de Vilagarcía y al Museo de Pontevedra, que de hecho dirigió posteriores inmersiones.

En octubre de ese mismo año las páginas de este periódico publicaban que hasta esa fecha se habían encontrado en Punta Fradiño “una decena de ánforas, cerámica común, tégulas y otras piezas, entre las que destacan dos platos de “Terra Sigillata” itálica, uno de ellos con la inscripción del alfarero”.

“Por los estudios realizados se ha podido determinar con bastante exactitud que el yacimiento arqueológico submarino lo constituyen los restos de un navío romano naufragado frente a la isla en el siglo I de nuestra era, es decir, en un momento muy temprano de la romanización del Noroeste peninsular”, rezaba el artículo.

Veinticinco años más tarde, en una entrevista de 2007, Juan Barreiro contaba cómo había dado con el hallazgo: “Lo encontré por casualidad. A una batea se le rompió la cadena y fue a parar a la zona donde estaba el barco. Cuando fui a sacarla vi restos y a partir de ahí, cuando tenía tiempo, volvía a bajar a mirar”. En esa información el buceador reiteraba que había dado parte al Museo de Pontevedra y a la Comandancia de Marina, que “mandaron a los chavales de una asociación a recoger los restos”.

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