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A Toxa dedica el Monte Central a su defensor Álvarez Corbacho

Imagen de uno de los rincones emblemáticos del que ya se denomina Monte de Joaquín Álvarez Corbacho. | // FDV

La Corporación municipal, por mayoría, aprobó dedicar la parcela Z-14 o Monte Central a Joaquín Álvarez Corbacho, cuando se cumple medio año de su fallecimiento. El que fue primer alcalde de O Grove en la Democracia era, cierto es, una rara avis, un hombre fuera de su tiempo, porque trajo consigo ideas e innovación que aún siendo las que debían ser, no encajaban con el modelo social de aquella época. Fue un progresista al que hoy, desde la perspectiva que nos perfila el tiempo, observamos con mirada crítica de quien sabe que aquello que divulgaba con firmeza, era lo correcto.

Como siempre la lejanía que da la línea del tiempo, deja entender con claridad lo que en O Grove hicimos bien y lo que no. Cabe pensar, por ejemplo, en la clara muestra del urbanismo caótico que borró la identidad de nuestro pueblo durante tantos años. Joaquín Álvarez Corbacho quiso cambiar ese complejo desorden y al ser nombrado alcalde inició el proceso para dotar al municipio de un Plan General de Ordenación cuando en Galicia la mayoría de la gente no sabía siquiera que era aquello.

Joaquín Álvarez Corbacho con el actual alcalde de O Grove José Antonio Cacabelos

Joaquín Álvarez Corbacho con el actual alcalde de O Grove José Antonio Cacabelos FDV

Y lo hizo porque sabía que el futuro de su pueblo, su destino, estaba en manos de un documento tan vital como ese que debía regir el modelo urbanístico hacia el que se debía tender.

Cuarenta años después observamos y comparamos, y entendemos por qué fue una excepción; él pensó a largo plazo, muchos de los que vinieron después no lo hicieron mas allá del límite que les imponía una corta legislatura.

Bienes comunales

La preocupación por la pérdida de los bienes comunales en la isla le venía de familia. Joaquín Álvarez Corbacho fue heredero de la batalla generacional que se fraguó en medio siempre de la lucha vecinal por la defensa de ese derecho que les pertenecía mucho antes de que se constituyera la primera sociedad explotadora de las aguas en 1841 e igualmente, los Álvarez asistieron como observadores y sufridores de lo que vino décadas después tras la mano astuta de los políticos de la Restauración que se fijarían en lo lucrativo que podía ser el agua mineral para sus negocios.

Allí estaba su bisabuelo en el siglo XIX siendo parte, desde dentro, regentando la “fonda de Álvarez” entre casuchas viejas, de madera, y la fe ciega de los bañistas en unas aguas termales que tantos elogios supo trasmitir Emilia Pardo Bazán.

Su padre abriría el nuevo siglo primeramente desde los movimientos agrarios y tiempo después desde el desempeño de sus funciones como alcalde; atacando la usurpación de los derechos comunales que habían disfrutado desde siempre sus vecinos. Ejemplo de ello fue la enérgica defensa en los años veinte del monte comunal de “Pedras Negras”, del acaparamiento por aquellos años en el centro urbano del “cuncheiro”, la defensa de Monte Xaniño y sobre todo, un problema de vital importancia para el pueblo, la práctica del deslinde del monte de A Toxa.

El Bienio Negro

Todo aquello ocurrió en los años 20 y cuando regresó a la alcaldía durante el Bienio Negro, afianzó el derecho del vecindario a las servidumbres de pastos, leñas y esquilmes en las propiedades que se hallaban incluidas en el inventario de bienes municipales, promoviendo en 1934 aquella famosa repoblación forestal en la zona denominada El Vedado ubicado en el actual monte municipal de la isla. Decenas de vecinos con el azadón al hombro, ejercieron su derecho inmemorial sobre las propiedades de Louxo y pasados casi 80 años, aún permanecen en el monte ejemplares en pie, mascullando en la copa con cada viento, siendo testigos añosos de aquella época.

Su padre volvió por última vez a la Alcaldía a principios de los años 40, con la reivindicación del derecho comunal de los vecinos de O Grove a disfrutar de sus derechos ancestrales. No tuvo éxito. Posiblemente la Sociedad Anónima lo fulminó sustituyéndolo en el Gobierno local por Ricardo Pérez Raimúndez, empleado de la Sociedad. Y así se fue fraguando la distancia, la impotencia y la rabia contenida, entre nuestro pueblo y la isla al ver y sentir la pérdida de aquellos usos comunales que nos pertenecieron generación tras generación.

La última batalla

Con la llegada del período democrático, Álvarez Corbacho ya como alcalde, con el apoyo de la Corporación y especialmente de Jose María Mourelos Muñiz, abrieron de nuevo la herida mal suturada convirtiéndose en actores principales de la última batalla por el derecho, por la recuperación, de aquellos usos de los que habían sido despojados lentamente, calladamente, todos los vecinos de O Grove.

No lo hicieron reclamando derechos comunales que les pertenecían inmemorialmente sino a través de la legislación que amparaba la cesión de zonas verdes al Ayuntamiento a través del Plan de Compensación de la Isla de A Toxa.

La Sociedad Anónima aún siendo poderosa con un Barrié de la Maza refugiado bajo la protección del dictador, no tuvo más remedio que cumplir la Ley del Suelo de 1975.

¿No lo sabían? Claro que sí, pero no lo hubieran hecho jamás sino hubiera alguien que se lo recordase y sobre todo, les obligase; la historia está salpicada de mandatarios que se ponen de perfil mientras los intereses generales que prometieron defender pasan gritando a su lado sin que los oigan ni que los miren.

Ellos, es evidente que no lo hicieron, a pesar de que las negociaciones fueron especialmente duras.

Francisco Meis, autor del artículo sobre Corbacho, durante su reciente intervención sobre Pardo Bazán INAKI ABELLA DIEGUEZ

*Investigador y divulgador local.

Un gesto de enorme gratitud

La Corporación Municipal reunida esta semana en pleno supo ser consecuente, no desde la política inmediata, sino desde la pauta sosegada que brinda el tiempo al bautizar al Monte Central de la isla de A Toxa con el nombre de Joaquín Álvarez Corbacho. 

Y nunca mejor hecho ni pensado, por la honda significación emocional que la isla tiene para la familia Álvarez.

Hoy, las generaciones como la mía y sobre todo, las que nos seguirán, podemos andar libremente por unos terrenos que labraron, usaron y disfrutaron todas y cada una de las familias que viven asentadas en nuestro pueblo desde la antigüedad y es por ello que la palabra “gratitud” es la mínima expresión que viene a mi cabeza; las siguientes son honestidad e integridad.  

Cuando sirves a un pueblo desde cualquiera de estas virtudes, como lo hizo él, el futuro será siempre más fácil para todos nosotros. 


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