Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

En el ictus también existe desigualdad

La familia de Ramiro Escobar reclama la necesidad de un centro de atención especial en la comarca como el que sí existe en Vigo y al que no puede acudir por falta de transporte

Ramiro Escobar junto a su hija Noemi, ayer en Vilagarcía.

Una de las casuísticas más comunes en familias con una persona dependiente a cargo es el ictus. Precisamente mañana viernes se celebra el día mundial para visibilizar este accidente cerebrovascular y mejorar la prevención de una patología que representa la tercera causa de muerte en el mundo occidental a la par que sensibilizar a la sociedad sobre la gravedad del infarto cerebral.

Esa falta de riego sanguíneo en una determinada zona cerebral es lo que le sucedió en 2017 a Ramiro Escobar Patiño. Sucedió en el mismo quirófano del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago cuando estaba siendo operado de una rotura de la vena aorta. Aquel accidente supuso un antes y un después en su vida y también en la de su familia de la que ahora depende para poder sobrevivir debido a todas las limitaciones derivadas.

Su ictus sucedió en el mismo quirófano del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago cuando estaba siendo operado de una rotura de la vena aorta

decoration

Por aquel entonces Ramiro Escobar tenía 59 años y todos los días acudía a la batea a trabajar. Ahora necesita de la atención continúa de sus hijas postrado la mayor parte del tiempo en una silla de ruedas por el efecto del ictus y una enfermedad ósea degenerativa que se ha cebado con sus vértebras.

Noemí Caamaño, hija con la que Ramiro convive junto a su pareja y su hija Nuria de tan solo dos años, reconoce que la situación de dependencia es totalmente absoluta. “Mi padre tiene momentos de lucidez y a veces no sabe donde está. Perdió muchísima movilidad y camina con mucha dificultad, solo trayectos muy cortitos. Además tiene muchos movimientos involuntarios. También tuvo muchas infecciones y múltiples complicaciones que obligan a estar pendiente las 24 horas del día”.

Noemí Caamaño y Ramiro Escobar, ayer en Vilagarcía. Iñaki Abella

A las dificultades de toda familia con una persona dependiente a cargo, en este caso se le suma el agravio comparativo al respecto de otras personas que pasan por el mismo problema derivado de un ictus y que sí pueden acceder a un centro especializado para mejorar la calidad de vida de las personas que han padecido este problema.

Casi por casualidad, llegó a la familia de Ramiro Escobar la existencia de una asociación llamada Alento con sede en Vigo. Allí se desarrollan programas y servicios profesionales centrados en la persona. Todo ello con el propósito de mejorar la calidad de vida, la inclusión sociolaboral y la defensa de los derechos de las personas afectadas por daño cerebral.

Yo no puedo llevar a mi padre todos los días a Vigo por mi cuenta. Ni tampoco puede ir él solo en un transporte público, es imposible

Noemi Caamaño - Hija de Ramiro Escobar, afectado por un ictus

decoration

Fue entonces cuando su hija Noemi inició todos los trámites para conseguir una plaza en un centro que atiende a 115 personas del área sanitaria de Vigo, incluyendo O Morrazo y hasta Marín. Son once rutas y once las furgonetas que recorren cientos de kilómetros diariamente para recoger a los pacientes en sus domicilios y llevarlos a la sede viguesa de Alento para mejorar su bienestar físico y emocional.

La esperanza de la familia de Vilaxoán al conocer de su existencia se convirtió rápidamente en una frustración alarmante. El motivo no fue otro que toparse de bruces con la imposibilidad de poder trasladar a Ramiro cada día a Vigo, ya que ninguna de esas once furgonetas podía acudir a Vilagarcía al escaparse de su radio de acción.

“Yo no puedo llevar a mi padre todos los días a Vigo por mi cuenta. Ni tampoco puede ir él solo en un transporte público, es imposible. Hemos intentado por todos los medios resolver la situación con ayudas, pero la burocracia lo ralentiza todo y no nos da una solución. Tenemos que pagar a una persona para que le cuide durante las noches en su habitación y no podemos hacer ya más. Mi padre es una persona dependiente, pero también nuestra vida como familia gira en torno a él porque no tenemos ayuda”, lamentaba su hija.

La reivindicación principal de la familia está en hacer ver la necesidad de un centro de estas características para el área sanitaria de Pontevedra-O Salnés. Noemi Caamaño subraya que “ojalá tuviésemos la posibilidad de llevar a mi padre a un centro especializado. Uno de los problemas que tiene el ictus es que la persona deja de tener relación social y un centro así compensaría esas carencias. Les daría una calidad de vida a la que no pueden acceder por vivir donde viven, algo muy difícil de asimilar”.

Uno de los problemas que tiene el ictus es que la persona deja de tener relación social y un centro así compensaría esas carencias. Les daría una calidad de vida a la que no pueden acceder por vivir donde viven, algo muy difícil de asimilar

Noemi Caamaño - Hija de Ramiro Escobar, afectado por un ictus

decoration

La impotencia de la familia también se refleja en unas palabras rotundas por parte de su hija, “mi padre, con 63 años, no es un anciano. Lo que necesita es poder estar atendido por profesionales todo el día y tiene que estar todo el día conmigo. Ir a un centro es una manera de hacer vida social”.

A esa misma situación de rabia no es ajena el propio afectado. Ramiro Escobar conserva muchas de sus facultades mentales y su hija Noemi reconoce que “mi padre tiene una depresión enorme. Con 59 años se vio incapaz de seguir adelante con su propia vida y ahora le privan de la posibilidad de acudir a un centro porque no hay uno por aquí como Alento”.

Y mientras, su familia reconoce que no van a tirar la toalla aunque ello supongan situaciones complicadas. “Mi hija Nuria no puede ir al parque conmigo porque tengo que estar con mi padre. Él tiene unas necesidades que requieren de una persona de confianza a su lado. Y do ello sin ayuda de ningún tipo ni para su estado mental ni para el de su familia”.

La necesidad de inyectar más recursos se hace evidente

El importante número de familias con personas dependientes a consecuencia de un ictus pone de manifiesto la necesidad de actuar al respecto. Tratándose de un accidente muy común en los últimos tiempos, las plazas en centros especializados no hacen más que evidenciar el tremendo desequilibrio que denuncian familias como la de Ramiro Escobar. Gonzalo Mira, director de Alento en Vigo, reconoce que “el impacto del ictus es tremendo. Es una de las primeras causas de discapacidad en occidente. Hay razones más que suficientes para contar con más centros y más puntos de atención”.

Añade Mira Villar que “la atención primaria del ictus funciona muy bien. Hay protocolos para reaccionar muy rápido y de manera coordinada, pero es en la rehabilitación cuando la rueda no gira igual. No hay una rehabilitación inmediata ni específica. No se cubren las necesidades de neuropsicología, terapia ocupacional o la readaptación a la vida diaria. Todo eso aparece cuando la persona sale del hospital y se va para su casa. Ahí lo sufre la persona y también las familias”. Al respecto del caso concreto de Ramiro Escobar, el director de Alento señala que “nuestras líneas de transporte no llegan a Vilagarcía. Estuvimos buscando alguna alternativa e incluso hablamos con un centro en Santiago, pero el problema es el mismo. Una de nuestras reivindicaciones es poder dar servicio en O Salnés”.

Compartir el artículo

stats