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Penas de casi diez años y multas de entre 100 y 140 millones para los implicados en la Operación Bodeguilla

Núñez es trasladado por dos agentes tras ser detenido en 2016.

Cinco condenados a penas de entre siete y diez años de prisión por la Audiencia provincial de Pontevedra. Así se salda la Operación Bodeguilla, una trama que intentó introducir media tonelada de cocaína a través de puerto de Algeciras por el método del gancho ciego e intentando sobornar a agentes de la Guardia Civil. Entre esos condenados no se encuentra el vilanovés Luciano Núñez Villanueva, un histórico que llegó a ser detenido y encausado, pero que falleció unos meses antes de la celebración del juicio en la Audiencia de Pontevedra. Entre los cinco condenados destacan José Castro Lamas y Rafael Ortega Perea a los que los magistrados de la Audiencia condenan a ocho años de prisión por un delito contra la salud pública y a un año y nueve meses por otro de participación en grupo criminal. A ello se le suman 140 millones de euros de multa por el delito contra la salud pública.

Juan Ramón Criollo Salazar y Jairo Criollo Pérez han sido condenados a un año, tres meses y un día por el delito integrar un grupo criminal y a siete años, seis meses y un día por otro contra la salud pública. Ambos han sido condenados también a una multa de 100 millones de euros. El quinto condenado fue Manuel Fariñas Dacuña por un delito contra la salud pública, con el agravante de reincidencia, a siete años seis meses y un día de prisión así como al pago de 100 millones de euros. El sexto investigado, R.J.D.F, quedó absuelto al no considerar suficientes el tribunal los indicios presentados contra él.

La red, de la que formaba parte el vilanovés Luciano Núñez, intentó introducir media tonelada de cocaína por el puerto de Algeciras

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Los hechos por los que fueron juzgados y en los que participó el fallecido Luciano Núñez ocurrieron en mayo de 2016, cuando se interceptó una partida de cocaína de casi media tonelada. La partida había llegado al puerto gaditano oculta en un contenedor de zancos de pollo procedentes de Colombia, aunque enviado desde Brasil.

La operación había arrancado unos meses antes. Luciano Núñez tenía la misión de contactar con un guardia civil corrupto que permitiese a la organización recoger el cargamento en el interior del puerto de Algeciras sin levantar sospechas. El vilanovés lo hizo, contactó con un efectivo de la Guardia Civil, pero sin percatarse de que se trataba de un agente encubierto que serviría después para tejer toda la operación contra el grupo delictivo al que pertenecía Luciano Núñez.

Ese contacto desató la operación realizada por la EDOA de la Guardia Civil y bautizada como Bodeguilla por la profesión del vilanovés.

Los abogados de los seis acusados llegaron a pedir la nulidad de la causa alegando que se ha vulnerado el derecho a la tutela judicial efectiva y llegaron a acusar a la Fiscalía de generar una ficción absoluta sobre esta presunta organización criminal. También llegaron a solicitar dilaciones indebidas que el tribunal rechazó. Además, siempre mostraron sus dudas sobre que el proceso no se iba a desarrollar con “plenas garantías” para sus clientes y aseguraban que la utilización del agente encubierto fue un “fraude de ley”, ya que éste habría “excedido sus competencias”. Se opusieron a que se admitan los registros realizados y denunciaban que los investigadores se habían “inventado” antecedentes policiales de los acusados.

Un histórico a quien en un ajuste le quemaron los testículos


El vilanovés Luciano Núñez falleció a los 74 años de edad en 2020, era un histórico del narcotráfico en la comarca de Arousa desde su condena en el macroproceso de la Operación Nécora por trabajar para los Charlines. Aquello le costó una temporada a la sombra. Tras salir de la cárcel, dio el salto al cultivo y comercialización del vino, poniendo en marcha la empresa Bodegas Núñez, una firma que, en 2012, se declaró en suspensión de pagos y solicitó el concurso de acreedores. Fue por esa época cuando volvió a saltar a las páginas de los periódicos, al ser asaltada la vivienda en la que vivía. Núñez siempre lo atribuyó a un intento de robo, pero todo apuntaba un posible ajuste de cuentas. La violencia empleada por los asaltantes así lo hacía parecer, ya que llegaron a quemarle los testículos y a golpearle en reiteradas ocasiones. De los encapuchados que accedieron a la vivienda solo se consiguió detener a uno tiempo después gracias al ADN del mechero que emplearon. El hombre fue condenado a cinco años de prisión por robo violento.

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