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Hay un gato que sigue a Carril desde 1921

Cada año, el Gato Negro realiza ofrendas florales a Rosalía de Castro por las Letras Galegas. Iñaki Abella

No se alcanzan todos los días los cien años que el Gato Negro acaba de cumplir sin moverse de Carril. Tanto tiempo da para mucho, para más todavía cuando el compromiso es tan firme y está tan claro a favor de una causa como la carrilexa. Muchos cambios, actualizaciones, menos en esa idea, en ese juramento que lleva ligando a este círculo artístico y deportivo durante cien años a sus vecinos. Y a ellos con él, cuidando de ese gato negro y alimentando su espíritu para hacerlo, ya a estas alturas, inmortal.

Lo sabe bien Lourdes Durán, que preside la asociación desde hace once años. Es la primera mujer que lo hace en este siglo de historia en el que el Gato Negro ha sufrido incontables cambios y mejoras, empezando por la inclusión de las mujeres o la inscripción libre de todo carrilexo que quiera ser miembro, sin distinciones de clase o de ningún otro tipo. “Tenemos un pueblo fiel, que nos arropa siempre”, dice la presidenta. Buena prueba de ello son “los cientos de niños que se inscribían en el momento de nacer, cuando se podía, o los cientos de jóvenes que se han escrito e inscriben a día de hoy cuando cumplen la mayoría de edad”.

La Rondalla del Gato Negro lleva 50 años en activo. Iñaki Abella

Otras cien velas por soplar

Todavía es muy joven este gato. Los proyectos se suceden, la actualidad los impone y hoy en día, pese al parón generalizado que supone la pandemia en muchas actividades culturales, el Gato Negro no se despega de Carril y de su progreso. Cursos, talleres, deporte, música... Y la espera por la fiesta del centenario, que se traslada al año 2022 por el COVID.

“Actualmente contamos con más de 500 socios, ya que hubo bastantes bajas con el parón pandémico, pero los que son de toda la vida resisten por nosotros”, apunta Lourdes Durán, la presidenta. Tiene en su recuerdo las fiestas que hasta el momento le hacían (y harán en el futuro) al asociado más longevo. “El otro día, le decía bromeando el número 2 al número 1: ‘porque somos amigos, que si no aún querría que me dejases a mi el primer carné, ¡con las consecuencias que eso tendría para ti!’”.

No puede dejar de mencionarse la cantidad de actividades que el Gato Negro lleva por bandera, caracterizándolo: el entierro de la sardina, los homenajes en las Letras Galegas, la Romería del Gato con su tradicional almuerzo de reunión... Y tantas otras que aún vendrán.

“El Gato Negro fue una respuesta a la centralización hacia Vilagarcía que vivió Carril a principios del siglo XX”. Toda una autoridad alza la voz, José Luis Mulet, quien fuera presidente del Gato Negro en varias ocasiones durante el pasado. El cometido de la asociación en aquellos años 20 era “subir la moral vecinal, permitir la diversión con un grupo de teatro, una rondalla o simplemente un buen salón de baile”.

Explica Mulet, cuando habla sobre el nombre de la asociación, que por aquel entonces el Gato Negro no tenía más apelativo oficial que el Centro Popular, “pero la gente enseguida le puso el sobrenombre de ‘Gato Negro’ debido a que en Carril había muchos navegantes que habían visto en Barcelona un cabaret llamado así, ‘Gato Negro’’, y estas personas a modo de broma empezaron a comentar que los jóvenes fundadores iban a ‘facer outro Gato Negro’, aunque el nuevo centro no tuviese nada que ver”.

Con el entierro de la sardina, el Gatro Negro sale a pasear. Noé Parga

Sin el esfuerzo común de todos los vecinos, el Gato Negro se habría escapado de Carril hace ya tiempo. Eso sí, como en todos los lugares, siempre hubo ciertos personajes que modelaron el futuro con tan solo ponerle al presente su huella. Para el centro cultural fue clave el doctor Eladio Hevia, “suegro de don Gabriel Bravo, otro médico carrilexo que seguro que mucha gente recuerda”, pues en su polifacética vida de compromiso con Carril “fue miembro fundador de la asociación, dirigió su escuela de teatro y su rondalla, creó su biblioteca y además es recordado como un gran profesional”. Alude Mulet, bromeando, que en las directivas siempre hubo “un poco de todo, un carpintero, un contable, un albañil... ¡Porque si estaban en la junta se ahorraban contratarlos!”.

Tanto tiempo da para mucho

Cuando hace memoria, a José Luis Mulet no paran de venirle a la mente imágenes del pasado, buenas pero también malas, unas siempre detonantes de las otras. “En las duras y en las maduras, Carril siempre ha cuidado de su Gato Negro, igual que él ha cuidado a su Carril”.

En las duras y en las maduras, Carril siempre ha cuidado de su Gato Negro, igual que él ha cuidado a su Carril

José Luis Mulet - Expresidente del C. A. D. Gato Negro de Carril

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Fueron momentos duros los posteriores a la Guerra Civil, “y ya durante su transcurso, pues mucha gente había tenido que marcharse del pueblo, los ingresos de la asociación menguaban y toda la sociedad languidecía”. Una suerte de mecenas acudió al rescate, “don Juan Gil, un empresario dedicado a la madera que sufragó las deudas y esperó a que el Gato Negro tuviese dinero para reclamarlas, con el pretexto de que si no volvían los años buenos para la asociación él no le exigiría ni una sola peseta”.

Siempre se solucionaron los malos momentos, y por ello se dio lugar a los buenos. Destaca Mulet que, para él, “uno de los mejores tuvo lugar cuando el círculo se abrió a la incorporación de mujeres, que no se produjo hasta casi llegado el cambio de milenio”. El expresidente hace referencia en este sentido a un hecho concreto, pues “el Gato Negro se disponía a vender su viejo y ruinoso pabellón polideportivo por 18 millones de pesetas en aquellos años y ellas, las recién inscritas pelearon para que se sacase a subasta”. Los resultados maravillaron a todos: “conseguimos 42 millones, un dinero que invertimos en un nuevo pabellón multiusos, el local actual y todavía nos sobró para saldar algunas deudas pendientes”.

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