Una decena de aldeas de O Salnés concentran los daños de los jabalíes en las fincas agrícolas

Daños causados por el jabalí en una plantación de maíz, en Meaño

Daños causados por el jabalí en una plantación de maíz, en Meaño / Noé Parga

Las cacerías del jabalí han vuelto. Desde el pasado sábado (21 de agosto), se autorizan batidas los jueves, sábados y domingos. A mayores, las sociedades de caza pueden solicitar salidas extraordinarias si el animal ha causado daños especiales en los cultivos agrícolas. Y parece ser que este verano está sucediendo así, tal y como constatan los presidentes de cotos como los de Armenteira, Meaño y Vilanova.

Estos destrozos se están localizando fundamentalmente en la mitad sur de la comarca, en lugares como O Busto, Silván y Cabeza de Boi (Meis), Tremoedo (Vilanova), Ganón, Paradela o Vilarreis (Meaño). En cambio, por el momento apenas se han notificado incidentes en las aldeas de la ladera vilagarciana del monte Xiabre.

Los cazadores afirman que esta situación se debe a que hay una población excesiva de jabalíes en los montes, e instan a la Xunta a cambiar la gestión de las batidas. También demandan del gobierno autonómico más rapidez a la hora de conceder los permisos para las cacerías extraordinarias por daños, pues en la actualidad están demorándose hasta dos semanas desde que se solicitan.

Los ambientalistas discrepan de este diagnóstico, y plantean que lo primero que habría que hacer es un censo riguroso y científico para conocer la población de jabalíes en toda la comunidad autónoma. Solo entonces se podría determinar que en efecto existe una superpoblación, “porque a lo mejor lo que sucede no es que haya demasiados jabalíes, sino que hacen más daño porque cada vez tienen menos comida en el monte”, plantea Marta Lois, presidenta del Colectivo Ecoloxista do Salnés (CES).

También discrepa de la utilidad de las cacerías para controlar la biomasa de jabalí, pues Lois sostiene que en otros puntos de Europa han llegado a la conclusión de que el animal combate la presión de sentirse perseguido aumentando las tasas de reproducción para garantizar la continuidad de la especie. En consecuencia, según esta tesis, las batidas serían contraproducentes, al espolear la reproducción del animal. Explica que, de hecho, en algunas regiones alemanas se ha prohibido ya la caza del jabalí, como es el caso de la de Frankfurt.

A mayores, todos los años se producen numerosos accidentes de tráfico por la irrupción del “porco bravo” en las carreteras. Al tratarse de un animal eminentemente nocturno, y capaz de recorrer grandes distancia en busca de alimento, no es extraño que en su deambular cruce las carreteras que encuentra a su paso. En condiciones de mala visibilidad o de irrupción sorpresiva en la calzada, la colisión es inevitable y puede llegar a ser muy peligrosa.

Cazadores y ecologistas coinciden en que se puede hacer para que mejorar la convivencia entre la fauna salvaje y la actividad humana. Aunque sus fórmulas se sitúen en polos opuestos.

O Castrove

Juan José Millán, presidente de la sociedad de caza de Armenteira, afirma que, “se están produciendo muchos más daños que el año pasado”, y que en lo que va de verano ya ha tenido conocimiento de la entrada de los animales en una docena de fincas cultivadas. “En 2020 nosotros no hicimos ninguna batida por daños, y este verano ya llevamos dos”, prosigue. Entre ambas, lograron abatir seis ejemplares. También subieron al monte el sábado y el domingo pasados, “y este fin de semana también queremos hacer las dos batidas”, avanza Millán.

“Se habla de que hay una superpoblación de jabalíes, pero a lo mejor lo que hay es una población normal, solo que como en su hábitat natural tiene cada vez menos comida, baja más a menudo a los cultivos”

Marta Lois

— Presidenta del Colectivo Ecoloxista do Salnés

En opinión del presidente de Armenteira, sería necesario, “autorizar más batidas” para limitar la expansión del jabalí, al tiempo que modificaría ligeramente las fechas. “En vez de empezar a finales de agosto, como estamos haciendo ahora, yo creo que sería mejor empezarlas a principios de julio, y después terminarlas a principios de enero, en vez de en febrero”. Millán argumenta que en las cacerías de febrero se abaten a menudo hembras que están preñadas, y entiende que hay que evitarlo, “porque no se trata de exterminar la especie”.

Rafael Otero, presidente de O Corazón do Salnés (Meaño), explica que la Xunta les dio 22 precintos (uno por cada ejemplar cazado), y que ya han empleado siete, prueba según él de que la densidad de cerdos salvajes es ahora muy elevada en el entorno del Castrove.

Otero añade que en muchas ocasiones los vecinos que sufren los daños en sus cultivos se lo toman muy mal, “y se echan a nosotros, los cazadores, como si fuese culpa nuestra”. “Yo los entiendo, y sé que que te lleven una finca entera de patatas no le gusta a nadie, pero nosotros tampoco podemos hacer milagros”.

"El 15 de agosto vino un agente forestal a valorar unos daños y nos dijo que solicitásemos una batida extraordinaria, pero estamos a día 25 y aún no nos contestaron"

Rafael Otero

— Presidente de los cazadores de Meaño

El presidente del coto de Meaño sostiene que para reducir estos episodios la administración debería ser mucho más ágil a la hora de conceder los permisos para las cacerías por daños. “El domingo de la semana pasada (día 15) vino un agente forestal a ver una finca en la que entraron los jabalíes, y después de tomar nota de lo que había pasado nos dijo que solicitásemos una batida extraordinaria. Pues hoy (por ayer, 25 de agosto), todavía no nos llegó el permiso”, lamenta Otero.

El presidente de los cazadores meañeses también emplaza a los agricultores a adoptar algunas medidas para proteger sus plantaciones. “Los jabalíes bajan a los valles porque arriba en el monte no tienen comida. Van a seguir haciéndolo, es normal, solo buscan comida. Así que a lo mejor habría que cerrar aquellas fincas que estén en las zonas de más riesgo”.

Lobeira y Xiabre

Martín Vilas, presidente de la sociedad Rías Baixas, cuyo Tecor (territorio cinegético ordenado) abarca terrenos de Lobeira, Cambados y Vilanova, afirma que, “nosotros notificamos daños en un par de fincas hace unas tres semanas, pero la Xunta no nos autorizó una batida extraordinaria”.

Como sus compañeros de otras localidades, opina que hay cada vez más “porcos bravos” en los montes arousanos, y que es una situación conocida y asumida por la Xunta, “porque a nosotros este año nos dieron nueve precintos, cuando todos los años nos daban cuatro”.

Vilas sugiere que la Xunta está adoptando algunas medidas adecuadas para controlar la población del animal, pero cree que es necesario dar un paso más. En este sentido, se queja de que, “los trámites que hay que hacer para que autoricen una batida extraordinaria son muy lentos”. Asimismo, considera que las autorizaciones deberían ser extensivas a todo el coto, en vez de limitarse únicamente a la mancha donde se localizaron los desperfectos, “porque son animales que se mueven muchos kilómetros”.

"La comunidad de montes ha estado limpiando mucho, y los animales se fueron buscando lugares más resguardados”

Jesús Beloso

— Presidente de Karsita

La situación, sin embargo, está siendo diferente en el norte de la comarca. Jesús Beloso, presidente de Karsita, señala que, “por el momento no han causado muchos daños”. Tampoco aprecia una gran densidad de ejemplares, y de hecho el sábado pasado subieron al Xiabre, “y no localizamos nada”.

Beloso cree que en la parte vilagarciana del Xiabre hay menos presencia de jabalíes, “porque la comunidad de montes ha estado limpiando mucho, y los animales se fueron buscando lugares más resguardados”.

Ecologistas

La presidenta del Colectivo Ecoloxista do Salnés, Marta Lois, afirma que lo primero que tendría que hacer la Xunta de Galicia es un censo científico sobre la población del animal en toda la comunidad, “porque a lo mejor resulta que hay muchos aquí, pero pocos en la comarca de al lado, o al revés”. Sin esos datos está convencida de que lo único que se puede hacer es dar palos de ciego.

“Se habla de que hay una superpoblación de jabalíes, pero a lo mejor lo que hay es una población normal, solo que como en su hábitat natural tiene cada vez menos comida, baja más a menudo a los cultivos”, añade la presidenta de los ecologistas.

Marta Lois añade que aún en el supuesto de que la superpoblación fuese real, “con la caza nunca se logrará atajar el problema”, y aboga por medidas más técnicas, como las castraciones y la recuperación de los hábitats forestales degradados.

Suscríbete para seguir leyendo