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Pablo Piñeiro Taboada | Actor

“Al principio, el amor es química fácil..., pero luego la clave es la comunicación"

Pablo Piñeiro con Fran Perea, en su actuación del domingo en Meaño. | // IÑAKI ABELLA

Pablo Piñeiro Taboada, que había sido futbolista en sus años, hoy es actor, modelo, monologuista, presentador y escritor. Es el menor de tres hermanos en Dena, y al que la vida le ha llevado por varias ciudades de España por su profesión y proyectos. Estos días ha regresado a su Meaño natal para poner en escena con el televisivo Fran Perea el espectáculo “Los que nos c@ntaron del amor”, que aunaba historias y canciones de la fusión entre ambos. De su mano, haber recogido miles de historias de amor, y su experiencia vital en su libro “Lo positivo de fracasar en el amor”. El éxito de su iniciativa de escuchar historias de amor acabó por tornarse en viral hizo, de tal forma que las redes y los medios le auparan para convertirle hoy en “gurú del amor”.

–¿Cómo surgió el tándem con Fran Perea?

–Nos conocimos grabando la segunda temporada de la serie “El vecino” para Netflix. Fruto del rodaje y con mucho tiempo para hablar entre escena y escena, fuimos compartiendo cosas, yo le regalé mi libro, él lo hizo con el suyo, hablamos de mis historias y de sus canciones, todas con el amor como protagonistas. Y con todo ello brotó una bonita amistad.

–¿Cómo conciben y dónde el espectáculo acústico “Lo que te c@ntaron del amor”?

–Fue el año pasado tomando un “pulpo á feira” en Lugo, en “Casa Aurora”. Surgió como un proyecto para coser mis historias con sus canciones… El año pasado empezamos al poco con él, fue el germen, vimos que funcionaba bien, por esto seguimos de lleno con él.

–Al escenario en Dena se subía con falda: ¿pretendía trasladar con ello algún mensaje?

–No, nada. La falda no era una prenda para la actuación, es que yo muchas veces visto así, con faldas. Para mí el mensaje es de ser libre, de ponerme lo que quiero, sin tabúes, y la falda es una de esas prendas.

Pablo Piñeiro tras su concierto en Dena Iñaki Abella

–¿Cómo llega a esta introspección personal suya con el amor?

–Llega como un proyecto social que me propuse poner en práctica. Fue en el año 2016 que empecé a plantarme en una plaza, con una pancarta donde rezaba “escucho historias de amor, gratis”. Así empezó en Lugo, que era donde vivía yo en ese momento, luego la vida me llevó a otras ciudades, y después mi coche, un Citroën Xsara del 97, que imagínate como está, me llevó a Madrid, Bilbao, Barcelona, Málaga, Marbella… La iniciativa fue calando tanto que, incluso recuerdo como en la céntrica plaza de Callao en Madrid, había una fila inmensa de gente para contarme su historia.

–¿Cuál fue primera plaza de Lugo en la que se apostó?

No fue precisamente en una plaza porque, recuerdo, que ese día llovía y fue el centro comercial de As Termas el que me abrió sus puertas para hacerlo. Allí empezó todo. Como supieron de esa anécdota, a lo largo de estos años, muchos centros comerciales me llaman para que acuda a ellos y ofrecerlo allí al público.

–¿Ha sido dice una de esas ideas originales, singulares, atrevidas que iluminan un día la mente o surge de un proceso personal?

–Más bien de lo segundo. El amor me llegó, me casé en 2014 enamorado, pensando en estar cumpliendo todas las etapas, y al año me encontré ya divorciado. ¡Buf! Eso me hizo empezar a reflexionar mucho, que algo estaba haciendo mal, que algo no sabía cómo gestionar. Y fue desde ahí que empecé a darle muchas vueltas y fui concibiendo este proyecto, para escuchar y también para aprender.

–¿Y cómo se transforma en gurú del amor?

–¡Uf! Lo de gurú me lo etiquetaron en Cosmopolitan cuando hacían un reportaje sobre el amor y mencionaban a seis grandes gurús del amor en el mundo… ¡Y ahí estaba mi nombre! La cosa había crecido a través de las redes y los medios de comunicación, que empezaron a interesarse por mi iniciativa de escuchar historias de amor. Empezó a calar de tal manera que llegaron, siguen llegando hoy, historias de muchísimos países. La propia periodista Mercedes Milá, en uno de sus programas de “Scott y Milá” que dedicó al amor, viajó a Nueva York para entrevistar a Helen Fisher (prestigiosa antropóloga que estudió el amor romántico desde el punto de vista científico) y en España vino y me entrevistó a mí… ¡Figúrate!

–Y esa etiqueta de “gurú” ¿qué le supone?

–De inicio me sorprendió muchísimo, pero al cabo lo que ha hecho es responsabilizar.

–Y esa relación suya con el amor, para aconsejar a quien le pregunta, le llega de escuchar miles de historias.

–A raíz de empezar a surgir me fui metiendo en muchas lecturas, de entrevistarme con psicólogos, con trabajadores sociales… De formarme en torno al amor y su psicología y estar en condiciones de aportar cosas, ese consejo que a veces te piden.

–¿Cuál sería su consejo?

–Ser consciente de que el amor cambia. Al principio la fase inicial, en que la química hace que todo funcione y lo vuelve todo muy fácil. Pero no es para siempre. A esta le seguirá otra distinta, y en esa otra lo más importante es la comunicación, y hay que esmerarse en cultivarla.

“A golpe de clic, una relación se desinfla muy rápido”

–Por verle el lado bueno ¿qué es lo positivo de fracasar en el amor?

–En el amor el fracaso no existe como tal. Lo positivo es, siendo como somos de partida analfabetos emocionales, el fracaso, de verlo como tal, debemos considerarlo una ocasión para seguir aprendiendo de las emociones y en la vida. Y cuando eso sucede, tenemos que aprovechar la oportunidad.

–Las historias que le llegan ¿son más de mujeres o de hombres?

–Mucho más de mujeres. Los hombres seguimos aferrados a ese rol de duros, de no mostrar la vulnerabilidad. También ocurre a la hora de ir a un psicólogo.

–¿Se propuso sentarse aquí en Dena o en Meaño, en una plaza para escuchar las historias?

–La verdad es que no. Desde hace unos años estoy poco por aquí. Quizás el que la gente me conozca como el Pablo que soy, y yo le conozca a ellos, corta un poco. La gente en ocasiones te cuenta historias de amor que no ha contado nunca a nadie. El anonimato, el no conocernos, es algo a favor para compartir esa historia que a veces es secreta.

–¿Las historias fluyen mejor en plazas al aire libre?

–Las he escuchado en todos los sitios, hasta en los geriátricos.

–¿Y cómo son esas historias que escucha en los geriátricos?

–Muy emotivas, a los ancianos les gusta muchísimo contar su historia de amor, conscientes de que son sus últimos años, y con esa persona que en ocasiones ya no está.

–¿En qué cambió el amor entre las generaciones?

–El cambio más importante fue el empoderamiento de la mujer. En los años de nuestros abuelos, el amor venía condicionado por unos roles muy marcados y aceptados: la sumisión de la mujer, su labor en casa, mientras el marido era el que iba fuera, el que se dejaba caer cada noche en el bar… Esos roles se alejaron. También cambió el enamorarse: antes había que ir de un pueblo a otro, de una fiesta a otra, el ritual del baile de pareja para conocerse y relacionarse, buscando dar con la pareja. En cambio, hoy todo está a golpe de clic.

–¿Y ese “clic” que supone para el amor?

–El hacerlo a golpe de clic, como en todo, parece entrañar menos responsabilidad también en el amor… Se inflan y se desinflan en ocasiones mucho más rápido.

–¿Las historias que le cuentan son más de desamor?

–Hay de todo. Historias que el que te la cuenta, acaba llorando, otras que les da por reír… las emociones son muy diferentes en función de la historia.

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