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La misión (casi) imposible de producir albariño ecológico en Rías Baixas

Un momento de la pasada vendimia, en una parcela de O Salnés Iñaki Abella

Susana Gulín, técnica de campo de la bodega Altos de Torona cuenta que una de las viticultoras con las que trabaja tenía desde hace años una parcela dedicada a la producción de uva albariña mediante técnicas de viticultura ecológica. En 2020, las cosas le fueron mal por culpa del tiempo. En los viñedos cuidados con las prácticas convencionales se perdió en torno al 15 por ciento de la producción por culpa del mildiu, pero la conocida de Susana Gulín todavía perdió más. “Solo recogió uva para hacer algo de vino para su casa”.

Hace unos meses, la técnica de campo visitó de nuevo a la viticultora, y se encontró con que tenía una plantación esplendorosa. Le comentó lo sorprendente del cambio con respecto al año anterior, “y me explicó que había abandonado la viticultura ecológica. Se pasó a la convencional porque no podía seguir exponiéndose a esas pérdidas de producción”.

“La agricultura ecológica en O Salnés es muy complicada por nuestro clima atlántico y nuestra proximidad al mar”

Julio Reboredo - Ingeniero técnico agrícola

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Los productos ecológicos ganan cada año que pasa mayor cuota de mercado. Son necesarios para la salud del planeta, y los consumidores los demandan más, ya sea por una actitud de compromiso con el medio ambiente o porque los perciben como más saludables. Sin embargo, la producción de vino ecológico en la denominación de origen Rías Baixas es testimonial. Solo un puñado de viticultores y bodegas se atreven con un método de producción que tiene su nicho de mercado, pero que expone a quien lo pone en práctica a ciertos riesgos.

La bodega Albamar, de Castrelo (Cambados) es una de las pocas de O Salnés que están haciendo albariño ecológico, si bien no lo tienen certificado como tal. En el viñedo evitan los productos químicos sistémicos (aquellos que penetran la planta y afectan a todos sus tejidos), y utilizan en cambio cobres, azufres e infusiones de otras plantas. En bodega, no se añaden sulfurosos ni se filtran los mostos. El resultado son caldos perfectamente capacitados para resistir el paso del tiempo. “Acabamos de abrir una botella de 2017 y está perfecta”, manifiesta una de las trabajadoras de Albamar en el transcurso de una visita de enoturismo.

“Empezamos a hacer vino ecológico por inquietud, por ver qué pasaba, y hemos visto que hay un público que está demandando este tipo de elaboraciones”

Bodega Albamar

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“Empezamos a hacer vino ecológico por inquietud, por ver qué pasaba, y hemos visto que hay un público que está demandando este tipo de elaboraciones”, añade la trabajadora de Albamar. Por ello, están decididos a persistir en esta experiencia. Eso sí, la firma de Castrelo ya advierte de que no es oro todo lo que reluce, y que la viticultura ecológica tiene también su lado ingrato.

“La producción va a depender mucho de las condiciones meteorológicas del año. Son viñedos en los que hay que estar muy encima, estar muy pendiente de la meteorología”. A modo de ejemplo, explica que la parcela que tienen dedicada a producción ecológica dio 800 litros de vino un año, pero el anterior únicamente había dado 200. “Aunque estas variaciones también te pueden pasar con una producción convencional, tratada con productos fitosanitarios”, destacan desde Albamar.

Esta es una de las pocas empresas productoras de vinos Rías Baixas que se ha atrevido con los albariños ecológicos. En torno a 2014 empezó a probar también con estos métodos de producción Robustiano Fariña, gerente de Bodegas Attis, de Meaño. Hoy en día, en su catálogo de productos ofrecen un tinto con mencía y un albariño que se elaboran, al menos en parte, con uvas procedentes de fincas tratadas sin fitosanitarios sistémicos, abonos o pesticidas químicos. Bodegas Zárate, en Ribadumia, también lleva años trabajando con plantaciones más sostenibles. Fuera de O Salnés, Bodegas Corisca, de Tui, también está haciendo albariños ecológicos.

Línea de embotellado de una bodega de O Salnés Iñaki Abella

El número de productores que se atreven con estas fórmulas es, en todo caso, muy pequeño en una denominación de origen como Rías Baixas, que cuenta con 200 bodegas y más de 5.000 viticultores. ¿Por qué? “El mantenimiento del viñedo con cobres y azufres te obliga a estar muy pendiente del viñedo, no basta con ir a la viña a echar un vistazo el fin de semana”, explica Julio Reboredo, ingeniero técnico agrícola y gerente de Agrotécnicas do Salnés (Cambados). “La agricultura ecológica en O Salnés es muy complicada por nuestro clima atlántico y nuestra proximidad al mar”.

La elevada humedad es un factor que contribuye a la expansión de las plagas, de ahí que los viñedos ecológicos estén más expuestos a los vaivenes meteorológicos de cada año. “Hay vendimias que logras una buena producción; otros años son malos, y también los hay muy malos”.

"No es una opción válida para el viticultor de fin de semana, porque como te despistes un poco se te estropea todo”

Susana Gulín - Técnica de campo de Altos de Torona

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Susana Gulín, técnica de campo de Altos de Torona, también opina que hay que tener las ideas muy claras antes de afrontar un proyecto de viticultura natural. “Hay bodegas que lo están intentando, pero saben que se exponen a grandes mermas en la producción”. Según ella, en un año malo, un viñedo sin ningún tipo de fitosanitario sistémico puede perder hasta casi la mitad de su uva, más del doble de lo que se perdería en una plantación convencional.

“La viticultura ecológica es posible, pero asumiendo que habrá pérdidas. En las Rías Baixas las condiciones de humedad obligan a los productores a estar muy encima del viñedo. No es una opción válida para el viticultor de fin de semana, porque como te despistes un poco se te estropea todo”.

De hecho, Susana Gulín está convencida de que la producción de vino ecológico es mucho más sencilla en las denominaciones de origen del interior de Galicia, como Valdeorras, Monterrei o la Ribeira Sacra, pues su clima es más seco y más parecido al continental.

Un curso en Ribadumia

La Consellería do Medio Rural celebra entre el jueves y el viernes de esta semana en Ribadumia un curso sobre la comercialización de los productos de la vitivinicultura ecológica (la inscripción puede hacerse en la página web de la Consellería). El coordinador de la actividad es Ramón Lamelo, jefe de área en la Axencia Galega da Calidade Agroalimentaria (Agacal).

“Hay mercados que están demandando referencias de vinos ecológicos”

Ramón Lamelo - Consellería do Medio Rural

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Lamelo plantea que, en efecto, O Salnés puede no ser la comarca gallega ideal para los cultivos ecológicos, “pero es posible producir si se aplican las herramientas adecuadas”, y afirma que la albariña es uva relativamente resistente.

En Galicia se produce muy poco vino ecológico (apenas hay 76 hectáreas certificadas, menos del 1 por ciento del total), pero Lamelo está convencido de que “hay margen de crecimiento”, puesto que “existe un nicho de mercado” que está demandando elaboraciones más respetuosas con la salud del planeta y de las personas, por lo que está convencido de que hay futuro para quienes lo intenten y tengan constancia. “Hay mercados que están demandando referencias de vinos ecológicos”.

Bodegas que se adentran en la producción integrada, la vía intermedia entre el cultivo convencional y el sostenible

Las producciones integradas son una vía intermedia entre los cultivos tradicionales, muy dependientes de los productos químicos, y los ecológicos, basados en compuestos orgánicos y en tratamientos fitosanitarios mínimos. Altos de Torona y Lagar de Fornelos son dos de las bodegas de Rías Baixas que quieren adentrar se en este camino.

Altos de Torona ya cuenta con las dos certificaciones (una para el viñedo y otra para la bodega) y Lagar de Fornelos está haciendo los trámites para obtenerlas este mismo año. La producción integrada se rige por unas normas marcadas por el Ministerio de Agricultura y la Consellería do Medio Rural, y una de sus características es que se permiten los productos fitosanitarios que llegan al interior de la planta, pero reduciendo el número de tratamientos que se aplican a lo largo del año.

También cambia el trabajo en bodega, pues Jorge Mauri, también de Altos de Torona, advierte de que hay que separar concienzudamente la uva procedente de las parcelas en integrado de las de que llegan desde las fincas tratadas con los medios habituales. “Una vez que esa uva entra en bodega, el prensado, el desfangado y la fermentación se hacen aparte, puesto que la trazabilidad tiene que ser diferente”.

Ángel Germade, del área de comercialización de esta misma bodega, señala que, “Gran Bretaña y los países del norte de Europa están demandando este tipo de vinos”.


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