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La Santa Compaña salía de Mamuela

Hernando Martínez Chantada, en la presentación del libro, ayer en la Praza do Concello, en la que hay un "cruceiro" moderno Iñaki Abella

Los vecinos afirman que en el “cruceiro” de Mamuela hacía su aparición, cada noche, la Santa Compaña; en el conocido como de O Martinco, en Besomaño, alguna gente colocaba velas encendidas o faroles, ya fuese como ofrenda o como rito profano...

Los “cruceiros” fueron durante siglos una de las construcciones más arraigadas en la cultura rural tradicional gallega. Hoy, despojados del carácter religioso o social que tuvieron en el pasado, se han convertido en muchos casos en objetos de decoración (a menudo han sido recolocados en huertas y jardines particulares) y en otros en incómodos restos del pasado que estorban el paso de los coches.

El Ayuntamiento de Ribadumia se ha propuesto terminar con ese ostracismo y poner en valor estas esculturas religiosas, y el primer paso del proyecto se presentó ayer por la tarde en la Praza do Concello, en un acto público al que acudieron medio centenar de vecinos de la localidad.

Unos meses antes de la pandemia, la concejala de Cultura, Mar Rey, se dirigió al profesor Hernando Martínez Chantada, y le planteó la posibilidad de escribir un libro sobre los “cruceiros” de Ribadumia. Le acompañarían en el proyecto el fotógrafo José Abal y la ilustradora Susana del Caño. El resultado de ese trabajo es el libro presentado ayer, y que podría servir de base para un futuro “roteiro” cultural y turístico en torno a estas construcciones.

Hernando Martínez Chantada afirma que en Ribadumia hay unos 40 “cruceiros”, siendo especialmente numerosos en la parroquia de Santa Baia, donde ha contabilizado 14. Los más antiguos son del siglo XVII, con mención especial al llamado Cruceiro Vello, que está situado precisamente en la parroquia de Santa Baia de Ribadumia. También hay unos cuantos del siglo XVIII, y la mayoría son del XIX.

Público asistente a la presentación del libro, ayer en Ribadumia Iñaki Abella

El estudioso afirma que en el municipio hay algunas piezas de gran valor histórico y artístico. Destaca, por ejemplo, uno existente en Rabuñade, en el que se incluye la representación pétrea del Descendimiento de Jesús. Según Chantada, esta iconografía aparece muy rara vez en los “cruceiros”, y de hecho solo conoce otros tres casos en Galicia: en Noia, en las ruinas de Santo Domingo, en Pontevedra, y en el famoso de Hío (Cangas). El de Ribadumia es de factura mucho más sencilla, hasta el extremo de que las escaleras son de metal, pero aún así el autor del libro destaca su valor por lo inusual de la temática.

Hernando Martínez Chantada también destaca una cruz de la parroquia de Besomaño, que tiene la particularidad de que en vez del habitual crucifijo presenta una custodia del Santísimo.

La mayoría de los "cruceiros" de Ribadumia son del siglo XIX

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Otra de las piezas que le han llamado la atención es la existente a la entrada del cementerio de Barrantes. Martínez Chantada explica que ese “cruceiro” estaba situado originalmente delante de la iglesia, pero que se retiró posiblemente a principios del siglo XX, pues lo sustituyó otro levantado en 1913. El viejo quedó en la rectoral, hasta que muchos años después unos vecinos decidieron recuperarlo y darle una segunda vida.

Para el autor del libro, los “cruceiros” son mucho más que una obra del arte popular o un posible atractivo turístico: formaron parte de su vida. Y de hecho cuenta como dos de sus abuelos iniciaron su noviazgo en torno al existente en O Casal (Barrantes), anécdota que recrea con un poema en el volumen presentado ayer.

El “cruceiro” del campo de fiestas de Sisán, con base octogonal, es otra de las joyas de este recorrido sentimental y gráfico por el patrimonio de Ribadumia. Son piezas que llevan siglos en el rural, pero que cada vez son más invisibles. Lo que pretende el libro es, precisamente, que la gente se detenga unos minutos y vuelva a mirarlos.

El autor aboga por policromar alguno, como en el pasado

Santificaron cruces de caminos o lugares donde se cree que hubo cultos paganos; se levantaron para pagar una ofrenda o una gracia; eran el lugar donde descansaban los cortejos fúnebres y en los que se reunían los chiquillos para jugar y las parejas de novios para charlar...

Los “cruceiros” tuvieron un lugar capital en la geografía social y sentimental de los pueblos gallegos. A pesar de ello, hoy no son lo suficientemente conocidos ni apreciados. “Se han convertido en objetos decorativos”, afirma Hernando Martínez Chantada.

El estudioso plantea que es importante ponerlos en valor, “para enseñárselos a las nuevas generaciones y a los turistas”, y sostiene que, “sería interesantísimo pintar alguno, para que se sepa como eran en su época”, pues según él, todos los “cruceiros” eran policromados en su origen. En algunos todavía se puede apreciar algo de sus antiguos colores, pero de forma muy poco precisa. También consta que la mayor parte de los monumentos, “fueron cambiados de sitio porque estorbaban”.

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