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Los arqueólogos abogan por buscar más petroglifos enterrados en Outeiro do Cribo

Vista parcial, tomada al anochecer, de los petroglifos de Outeiro do Cribo (Meis) Iñaki Abella

Con permiso de los petroglifos hallados en el monte Xiabre hace unos años, tras un grave incendio forestal, las principales estaciones rupestres de O Salnés se encuentran en Bamio y Meis. En este último municipio se localiza el petroglifo de Outeiro do Cribo, y el Ayuntamiento pretende poner en marcha una serie de acciones para darlo a conocer. Pero el primer paso, según los arqueólogos, debería ser el de realizar una excavación en la zona, pues creen que puede haber más rocas grabadas.

El Concello de Meis, con la alcaldesa, Marta Giráldez, y el concejal de Patrimonio, José Ramón Juviño, al frente se dirigieron a los servicios de Arqueología y Topografía de la Diputación en busca de asesoramiento especializado para saber lo que se puede hacer en el petroglifo de Outeiro do Cribo, que se encuentra en un apartado paraje boscoso de las estribaciones del monte Castrove, entre el campo de golf y la aldea de O Busto. Los técnicos de la Diputación ya remitieron su informe al Ayuntamiento, y en él plantean que para proteger y poner en valor el conjunto, sería adecuado acometer una actuación en tres fases.

La primera fase sería la de conocer con más exactitud la envergadura de la estación rupestre de Outeiro do Cribo. Para ello, los arqueólogos abogan por la realización de un estudio topográfico más preciso y de una excavación, pues sospechan que puede haber más rocas grabadas bajo tierra.

En segundo lugar, el informe técnico resalta que hay que mejorar la protección del conjunto, para evitar que los visitantes caminen por encima de las piedras con petroglifos o que incluso desciendan por la estrecha senda pegada a las piedras con bicicletas de montaña. Para ello, los especialistas aconsejan realizar una valla de madera.

La última fase sería la de difusión propiamente dicha, con la creación de una ruta de dólmenes, en la que el petroglifo ocupe el espacio central. José Ramón Juviño explica que los técnicos están convencidos de que en el entorno hay varios dólmenes (o “mámoas”, que eran enterramientos colectivos, también prehistóricos), con lo que se podría diseñar una ruta de indudable interés histórico.

“Queremos poner en valor cuanto antes el petroglifo y su entorno”, afirma Juviño. El edil de Patrimonio, de hecho, sostiene que incluso hay una valoración económica de lo que podría costar una primera parte de los trabajos, y que asciende a 35.000 euros.

Los petroglifos son piedras grabadas con motivos simbólicos, ya sea figurativos (personas, ciervos, caballos) o abstractos (laberintos, espirales). Los hicieron las comunidades campesinas que habitaban Galicia hace entre 4.000 y 5.000 años, y donde más hay es en las Rías Baixas, sobre todo en la franja atlántica y en el valle del río Lérez, en Campo Lameiro o Cotobade.

De los de Meis destaca por su singularidad artística el gran laberinto, pero todas las figuras en su conjunto poseen un induble interés, enriquecido por la proximidad de dólmenes como “A Casiña do Mouro”, situado en las proximidades de la caseta forestal.

En 2020, la asociación Umia Vivo ya denunció el estado de los petroglifos y solicitó una actuación en los mismos. El Concello explicó que ya estaba trabajando en un proyecto de puesta en valor.

Un gran laberinto y varios ciervos de gran tamaño

Llegar a los petroglifos de Outeiro do Cribo es relativamente sencillo, a pesar de que la señalización que hay en la carretera está vieja y en mal estado. Se accede por la carretera del campo de golf, y se tuerce por una pista forestal ancha aunque con bastantes baches que sale a la izquierda de la carretera (sentido campo de golf). La estación rupestre se encuentra a unos 400 metros del cruce y, ahora sí, hay que ir muy atentos.

Existe un pequeño poste de madera de señalización en las proximidades de las rocas, pero el camino de acceso es tan estrecho y empinado que si la vegetación ha crecido mucho puede pasar desapercibido. La subida hasta la estación rupestre es corta, pero muy dificultosa para personas de edad avanzada o mala movilidad. Los petroglifos se localizan en un conjunto de rocas de granito que sobresalen de la tierra en una colina (“outeiro”), rodeados de árboles y maleza.

Por lo general, no va mucha gente a ver los grabados, pero la pista forestal situada un poco más abajo sí está relativamente frecuentada, pues pasa por ella la Variante Espiritual do Salnés –en la etapa de Poio a Armenteira– y una serie de rutas de bicicleta de montaña. La estación está compuesta por un laberinto de unos 60 centímetros de diámetro, similar al más conocido de Mogor (Marín), pero aún así de los más espectaculares de sus características en las Rías Baixas; tres ciervos, dos de ellos machos, con vistosas cornamentas; cazoletas y una escena de equitación, que se cree que es más moderna. La mejor hora para visitarlos es a media tarde.

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