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La concesión de las “pousadas” se aproxima a su ecuador con dos hoteles todavía cerrados

Carmela Silva, con la “pousada” de Ribadumia a sus espaldas.  | // FDV

Carmela Silva, con la “pousada” de Ribadumia a sus espaldas. | // FDV

El millonario proyecto de las “pousadas do Salnés” sigue sin cuajar, hasta el extremo de que dos de las cuatro permanecen todavía cerradas, cuando el grupo hotelero que gestiona las otras dos ya se aproxima al ecuador de la concesión. Es más, ni siquiera se adivina en el horizonte una fecha para la entrega de la Diputación a Arlea Hotels de los establecimientos de Ribadumia y Meaño, y de hecho el organismo provincial aún está contratando trabajos de mantenimiento en ambas “pousadas”.

La Diputación de Pontevedra construyó cuatro “pousadas” con fondos europeos en época de Rafael Louzán. Se ubicaron en el viejo sanatorio de A Lanzada, sendas colinas de Armenteira y Cobas, y en Ribadumia. Las dos primeras ya han abierto, pero las de Ribadumia y Meaño jamás funcionaron como hotel, ahogadas por un sinfín de obras mal hechas y de irregularidades administrativas, sobre todo en el caso de la de Ribadumia.

La Diputación sacó a concurso la explotación de los cuatro hoteles, y lo ganó Arlea Hotels, una empresa que pertenece al grupo Hotusa, propiedad del empresario gallego Amancio López Seijas. El procedimiento se resolvió en abril de 2014, pero la firma del acta de inicio de la concesión se demoró dos años más, presuntamente porque Arlea se negó a hacerse cargo de los establecimientos a la vista de las presuntas irregularidades administrativas y las variaciones con respecto al proyecto.

Pousada de Meaño Noé Parga

Finalmente, la firma del acta de inicio tuvo lugar en febrero de 2016, y la Diputación entregó a Arlea las “pousadas” de Armenteira y A Lanzada, que han venido trabajando desde entonces. Mientras, el órgano provincial se comprometió a resolver las deficiencias y la documentación de las otras dos. La concesión era por doce años, de modo que el grupo hotelero ya ha consumido cinco años y medio del contrato inicial, sin que las “pousadas” de Meaño y Ribadumia llegasen a funcionar nunca como hotel. Presumiblemente, el periodo de doce años empezará a contar de cero con estos dos edificios cuando Arlea tome posesión de ellos.

Previsiones erradas

En agosto de 2018 la Diputación indicaba que la “pousada” de Meaño pasaría a manos de Arlea ese mismo otoño. Erró en la previsión. Tiempo después, en enero de 2020, la presidenta provincial, Carmela Silva, anunciaba un contrato de 125.000 euros para subsanar las abundantes deficiencias que se habían detectado en la “pousada” de Ribadumia tras pasar ocho años cerrada, e indicaba que si todo iba bien ya podría alojar a los primeros viajeros esa misma Semana Santa. El COVID lo impidió.

Ahora, con buena parte del verano ya consumida y la incertidumbre derivada del coronavirus, todo apunta a que la apertura de las “pousadas” de Ribadumia y Meaño no será inmediata. De hecho, la Diputación aún está contratando servicios para ambos hoteles.

La Diputación ha convocado sendos procedimientos administrativos para contratar un servicio de mantenimiento de las instalaciones térmicas de las “pousadas” de Ribadumia y Meaño. En el primer caso, el valor estimado del contrato es de 5.000 euros, y en el segundo, de 4.000. En ambos, el plazo de ejecución es de un año, si bien el contrato se interrumpiría si antes de cumplirse este periodo Arlea Hotels tomase posesión de los establecimientos.

Un proyecto que costó más de 10 millones de euros

El proyecto de las “pousadas” fue controvertido desde sus orígenes. Inicialmente, fueron muchos los que afearon a la Diputación de Louzán que invirtiese fondos de la Unión Europea en la construcción de unos hoteles que, en consecuencia, harían competencia a otros negocios financiados íntegramente con fondos privados. Desde la Diputación se argumentó que las “pousadas” serían edificios totalmente accesibles, con lo que se dirigían a un público (el de las personas con discapacidad) que no tenía a su disposición alojamientos de este tipo en O Salnés.

Vencidos los primeros escollos, y cuando se iniciaron las obras, pronto surgieron quebraderos de cabeza en forma de sobrecostes. La presidenta de la Diputación, Carmela Silva, que llegó a presentar el expediente en Fiscalía, por si lo consideraba denunciable -aunque finalmente el Ministerio Público no halló indicios de delito penal-, afirmó en su día que el presupuesto inicial para la puesta en marcha de los cuatro hoteles era de 9,5 millones de euros, pero que al final se disparó a los 20 millones.

El convenio para la creación de las “pousadas” es de noviembre de 2009, y en diciembre de 2012 estaban todas terminadas. Pero eso no significó, ni mucho menos, el final del calvario. La de Ribadumia cumplirá a finales de este 2021 once años cerrada -si Arlea no lo evita antes- y la Diputación ha tenido que invertir mucho tiempo y dinero para ponerla al día.

Desde el punto de vista administrativo, su regularización definitiva no se produjo hasta febrero de 2019, cuando el Concello de Ribadumia le otorgó la licencia de primera ocupación. En lo que respecta a las obras, tras los 125.000 euros gastados a principios de 2020 en la puesta a punto y mantenimiento, en el presente ejercicio se invirtieron otros 16.000 para actuar en el centro de transformación eléctrica, sustituir la barandilla de acceso a la piscina y legalizar el sistema de climatización de la piscina.


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