Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

El viñedo quiere mimos

Un viticultor se dirige a la viña en su tractor para aplicar tratamientos contra plagas como el mildiu, ayer.

Un viticultor se dirige a la viña en su tractor para aplicar tratamientos contra plagas como el mildiu, ayer. Iñaki Abella

Una vez superadas las precipitaciones, y cuando parece que, por fin, llega el verano de verdad, es momento de prestar especial atención al viñedo y dar a los racimos todos los mimos que necesitan después de tanto estrés. Sobre todo porque las plagas no dejan de acechar.

Lo saben bien bodegueros y viticultores, quienes ahora proceden a renovar los tratamientos fitosanitarios con los que plantar cara al mildiu, botritis, oidio y demás amenazas.

En cuanto las plantas se sacudan la humedad será el momento de intervenir para proteger los racimos y que superen con éxito el momento clave de la fructificación o cuajado.

Imagen tomada ayer en un viñedo de Vilanova que muestra lo avanzado de los racimos. Iñaki Abella

Y es que en esta fase del ciclo vegetativo, “los efectos de una lluvia excesivamente intensa pueden resultar devastadores y estropear toda una cosecha”, advierten los responsables de la Denominación de Origen Rías Baixas.

"Los efectos de una lluvia excesivamente intensa pueden resultar devastadores y estropear toda una cosecha”

Denominación de Origen Rías Baixas

decoration

Dado el avanzado estado fenológico actual, incluso con un ligero adelanto respecto a la campaña anterior, puede decirse que, en cierto modo, comienza la cuenta atrás para una vendimia que arrancará en menos de tres meses.

De ahí que, tras las lluvias, sea necesaria tanto la aplicación de los tratamientos aludidos como la adopción de otras prácticas especialmente recomendables en esta época del año.

Un viticultor durante las tareas de vendimia en O Salnés Iñaki Abella

Desnietado o deshojado

Es el caso de la poda en verde, para retirar los racimos que menos posibilidades tienen de desarrollarse, y el desnietado o deshojado, consistente en retirar las hojas para propiciar la aireación de los racimos; lo cual se consigue, igualmente, eliminando la maleza sobrante de los viñedos.

Sabedores de ello y del trascendental momento en que se encuentran estas plantaciones, en Rías Baixas inciden en la importancia de tales acciones y explican que “la fructificación o cuajado es la etapa de la viña que se inicia semanas después de que las flores de la vid son fecundadas”, cuando los pequeños racimos “están plagados de frutos muy verdes y muy pequeños que inician un crecimiento progresivo antes de cambiar de color”.

Dicho lo cual, Rías Baixas insiste en que “es en esta fase cuando los viticultores realizan la poda en verde y el desnietado”.

Abundando en ello, su Consello Regulador detalla que es “a finales de junio o principios de julio” cuando “las flores empiezan a dar pequeños frutos muy verdes, bien repletos de clorofila”.

Y “cuando la vid está cargada de más, nuestros viticultores realizan la poda en verde para eliminar algunos racimos jóvenes”, apostillan.

Un racimo afectado por el mildiu. Abella

Desde San Juan

Al hilo de lo cual, puede destacarse que la fase de fructificación o cuajado “se completa en aproximadamente dos semanas”, indican en Rías Baixas, donde resaltan que “muchos viticultores defienden que a partir del día de San Juan (24 de junio) el fruto de la vid comienza ya a madurar”.

Sea cuál sea el momento del inicio de esa maduración, lo que está claro es que hasta que se complete, los racimos deben atravesar distintas fases.

Aplicación de tratamiento contra el mildiu en el viñedo. Abella

Envero

La de envero, por ejemplo, se produce en pleno verano. Es el momento en el que la uva madura y cambia de color.

“Las uvas blancas pasan del color verde al amarillo, mientras que las uvas tintas cambian el verde por un tono rosado que se irá oscureciendo”, matizan en el Consello Regulador.

Los viñedos de Pazo Baión, en Vilanova. M.M.

"Poda de aclareo"

Ya en agosto puede realizarse una “poda de aclareo”, que es como se conoce el proceso mediante el que se eliminan “algunos racimos que no siguen el ritmo de maduración de la mayoría”.

A lo largo de todo el mes que viene “la uva seguirá madurando” para adquirir “un sabor mucho más dulce”. A la espera de que “entre septiembre y octubre, los enólogos caten la uva para comprobar su contenido en ácidos y azúcares”.

Será cuando el balance sea el deseado cuando comience la vendimia, “una tarea que se ha convertido en todo un hito en las Rías Baixas y que culmina el ciclo de la vid”, resalta la Denominación de Origen.

Quema de restos de poda. Abella

En marzo todo volverá a empezar

Tras la vendimia, los viñedos comenzarán “un nuevo periodo de letargo que se prolongará hasta marzo, cuando todo volverá a comenzar con la aparición de los primeros brotes”, indican en Rías Baixas.

Eso sí, “después de que en enero y febrero nuestros viticultores poden las viñas y limpien sus sarmientos, siendo estos unos cuidados previos a la germinación que resultan fundamentales para que el fruto que venga sea de una calidad excepcional”.

La pasada vendimia, en el Pazo de Rubiáns. Iñaki Abella

El "llanto de la vid"

Así pues, la primavera que viene los viñedos brotarán de nuevo, registrándose “uno de los fenómenos más singulares” del ciclo de cultivo, como es “el lloro o llanto de la vid”.

La formación de los racimos es evidente. Iñaki Abella

Es decir, “el remonte de la savia por los sarmientos”, lo cual indica “que la vid vuelve a la vida y está preparada para brotar y florecer de nuevo”.

Al explicar este proceso, Rías Baixas indica, también, que “cuando la savia alcanza los bordes de las ramas, la vid expulsa constantes gotas de un líquido de apariencia similar al agua”, por eso se dice que “llora”.

Un proceso, dicho sea de paso, que “aporta múltiples beneficios a los viñedos, pues permite la cicatrización de las heridas que la poda pueda provocar en la vid, además de indicar que están preparados para pasar a la siguiente fase del ciclo de cultivo”.

Una vendimia tardía en O Salnés. Iñaki Abella

Las hojas y la fotosínteis

Y es que tras la brotación llega la foliación, cuando, entre abril y mayo, “surgen las primeras hojas de la vid y, a partir de la fotosíntesis, comienzan a acumular moléculas de azúcares y de ácidos que influirán en el sabor de la uva”.

Rías Baixas resalta que en la época de foliación “nuestros viticultores realizan la espergura, que consiste en eliminar el exceso de brotes para que los que permanecen en los pulgares de la poda se desarrollen con todas las garantías”.

Una cata en la bodega Martín Cíodax. Iñaki Abella

Se alcanza así la floración, entre finales de mayo y principios de junio; “una de las fases más importantes del ciclo de la vid, pues de su correcto desarrollo depende la posterior fecundación y fructificación de nuestros viñedos”, resalta el Consello.

Es en junio, “cuando la temperatura sube”, cuando esa flor “se abre para su fecundación, de ahí el importante papel que en ese proceso desempeña el clima, ya que demasiada lluvia podría interrumpir la evolución de la planta, que necesita más que nunca un ambiente cálido y la luz del sol”.

Y vuelta a empezar, ya que cuando esa floración se complete comenzará la etapa de fecundación y fructificación en la que ahora se encuentra inmerso el viñedo.

Compartir el artículo

stats