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El cerco da por erradicada la dinamita en la pesca: “Es una costumbre de épocas pasadas”

Cartuchos de dinamita intervenidos en la operación "Abuelo", hace ahora once años Fdv

La sardina abunda esta primavera en las costas gallegas. En Portosín, una de las capitales del cerco de Galicia, se está vendiendo a una media de un euro el kilo, mientras que la del “xeito” llegó en Cambados a los cinco y medio la semana pasada, en vísperas de la festividad de San Antonio (el 13 de junio), el equivalente al San Juan en España. Fue precisamente por estas fechas, hace once años, cuando la Guardia Civil desencadenó una redada contra un grupo de armadores que seguían utilizando dinamita para pescar sardina. La operación “Abuelo” fue tan mediática como ejemplarizante. Los representantes de la pesca del cerco en Galicia están convencidos de que el uso de la pólvora ha quedado erradicado.

“Eso ya no existe, es una costumbre de épocas pasadas”, afirma Ruperto Costa, que es patrón mayor de Cambados, y delegado del sector del cerco en la Federación Provincial de Confrarías. José Antonio Pérez, patrón mayor de Ribeira y presidente de la Federación Galega de pósitos, afirma a su vez que, “es una práctica extinguida”. “Si alguien estuviese empleando dinamita para pescar, se sabría”, añade.

En los años 90

La pesca con dinamita es una práctica muy antigua. Es ilegal por la peligrosidad de su manejo para las personas y porque causa verdaderos estragos medioambientales, pero aún así sigue siendo habitual en muchas zonas pobres de África o Asia. En Galicia, se hizo enormemente popular en los años 90 del siglo pasado. Sembrando el mar de cartuchos, los armadores capturaban en pocas horas el pescado que habrían conseguido en días.

En la operación "Abuelo" fueron detenidos armadores y tripulantes de Vigo, Redondela y Portonovo

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En ese momento, algunos pescadores se dieron cuenta de la peligrosa deriva que estaban tomando los acontecimientos. Uno de ellos fue Gonzalo Pérez, entonces patrón mayor de Portosín y hoy vicepresidente de la asociación Cerqueiros Galegos. Denunció públicamente lo que estaba sucediendo, y eso le valió una serie de amenazas y ataques vandálicos.

La práctica se enquistó en la costa gallega, pero las mejoras tecnológicas en los barcos y la constatación de lo dañina que era la pólvora para el mar propiciaron que poco a poco los armadores diesen la espalda a los explosivos. Sin embargo, otros decidieron seguir ese camino. Hasta que poco antes de la fiesta de San Juan de 2010, se desató la operación “Abuelo”, dirigida desde los juzgados de Cambados y con detenciones de armadores y tripulantes de Vigo, Redondela o Portonovo.

“La pesca con dinamita pasó a la historia -sostiene el vicepresidente de Cerqueiros Galegos-. Lo mejor que pudimos hacer para el mar fue luchar para que se acabase con eso”. Pérez recuerda que en la época de la “Abuelo”, el uso de explosivos en la pesca ya era, “muy minoritario”, pero que tenía un impacto medioambiental muy grande, en un momento en el que además escaseaba el recurso.

El sector sabía que los explosivos procedían de Portugal, pero no como entraba en Galicia

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“Le dijimos a la Guardia Civil que había que tomar medidas con Portugal, que era la que servía la dinamita, y a ellos les parecía imposible que se estuviese moviendo una cantidad de pólvora tan grande”, prosigue Pérez. En ese momento, se estimaba que cada barco podía arrojar al mar unos 25 kilos de dinamita al mes, y aunque se sabía que procedía de Portugal, se desconocía quién la metía en España. Tiempo después fue detenido por ese motivo un jubilado de As Neves, muy cerca de la frontera lusa.

Gonzalo Pérez afirma que, “de un tiempo a esta parte los barcos son cada vez más grandes, llevan mejores aparejos y tecnología que facilita mucho la pesca. Llegó un momento en el que ya no hacía falta dinamita para pescar”.

Mientras, Andrés García, que es portavoz de la Asociación del Cerco de Galicia (Acerga), plantea que, “la pesca con explosivos está erradicada completamente, con total seguridad”. “Ya era minoritaria en la época de la operación ‘Abuelo’, pero ahora ha desaparecido”.

Imagen de archivo de una subasta de sardinas en la lonja de Cambados Iñaki Abella

Situación de la campaña

La campaña está siendo muy buena tanto para el cerco como para el “xeito”, con capturas abundantes. En cuanto a los precios, subieron mucho en los días anteriores a la fiesta de San Antonio en Portugal, y se espera que suceda lo mismo para San Juan. “Hay recurso en abundancia, en toda Galicia, de norte a sur”, asegura Andrés García, de Acerga.

Ruperto Costa, por su parte, destaca que los barcos con el arte del “xeito”, “están teniendo el doble de posibilidades de pesca que el año pasado”, y que de hecho ayer mismo se incrementaron los topes de captura hasta los 50 kilos por tripulante y embarcación, por día.

La tecnología que se usa hoy para detectar los bancos de peces llega a suponer una inversión de 200.000 euros

La pesca de la sardina requería en el pasado mucha paciencia, y era el fruto de largas horas observando el mar para detectar de algún modo los grandes bancos que forma este pez pelágico. La “ardora” -una luminiscencia que forma de noche en la superficie del agua una microalga cuando hay cerca un agrupamiento de sardinas- forma parte de la pesca tradicional gallega.

Hoy, sin embargo, la actividad es esencialmente tecnológica. Gonzalo Pérez, de Cerqueiros Galegos, afirma que, “los barcos van equipados con varias sondas, sónares y ordenadores. La pesca se ha convertido en una actividad muy tecnológica”. El expatrón mayor de Portosín estima que una embarcación pequeña puede llevar a bordo equipos por valor de entre 50.000 y 60.000 euros, mientras que los más grandes, a partir de la decena de tripulantes, “llevan hasta 200.000 euros de inversión tecnológica en el puente”.

“Las sondas de hoy son capaces de informarte hasta del tamaño de los peces de un banco”, destaca Pérez. Andrés García, de Acerga, también asegura que, “el sonar es el arma fundamental”, ya que este equipo que envía ondas acústicas y las devuelve al barco en forma de imágenes, es capaz de detectar y localizar un banco de pescado a unos 250 metros de distancia. “La pesca del cerco es muy tecnológica, por lo que requiere una inversión muy alta”, afirma.

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