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Los ganaderos del Castrove, dispuestos a retomar este verano su “rapa das bestas”

Imagen de archivo de la “rapa das bestas” del Castrove. | // GUSTAVO SANTOS

La pandemia obligó a cancelar las “rapas das bestas” de 2020, como todos los demás eventos de carácter más o menos multitudinario. Pero varias parroquias pretenden recuperarlos este verano. Es el caso de los ganaderos que lo hacen en el curro de A Escusa, en el monte Castrove, que están trabajando para retomar el “curro” este verano, y para hacerlo con público.

“Es un asunto al que le estamos dando vueltas”, afirma Esteban Outeda, un vecino de Armenteira (Meis), que forma parte del grupo de ganaderos que están intentando revitalizar la cría de caballos en libertad en el Castrove. “El año pasado lo hicimos en privado, pero este nos gustaría tener algo de gente”, admite el criador.

El pasado fin de semana tuvo lugar la “rapa” de Torroña, en Oia, y la previsión es que haya más eventos de estas características en la próximas semanas, siempre y cuando no se tuerza la situación sanitaria. En este sentido, Esteban Outeda es optimista, dado que el “curro” del Castrove es generalmente durante la tercera semana de agosto, con lo que hay tiempo suficiente para que siga avanzando la vacunación del COVID y, en consecuencia, haya cada vez menos contagios.

Las “rapas das bestas” no son solo un espectáculo cultural y turístico de primer orden, sino también una práctica necesaria para el bienestar de los animales, puesto que los ganaderos aprovechan para desparasitarlos, cortarles las crines y colocarles el microchip.

El del Castrove se hace en fechas próximas a la fiesta de San Ramón, en el curro de A Escusa, en el municipio de Poio. Se trata de un evento que en el pasado llegó a congregar hasta 300 cabezas de ganado, si bien la situación actual es muy diferente.

Unos 50 ejemplares

Esteban Outeda afirma que en estos momentos apenas quedan medio centenar de caballos en la sierra del Castrove. Han abandonado la práctica un gran número de ganaderos, de modo que actualmente solo crían de una forma seria media docena de personas.

Estos criadores pretenden revertir esta situación, y precisamente han iniciado una ronda de contactos con las comunidades de montes del Castrove, para exponerles un proyecto que consistiría en la creación de amplias zonas acotadas en el monte, para que los caballos puedan estar en libertad dentro de dichos recintos, y no provoquen daños en los cultivos agrícolas o en zonas de bosque repoblado.

Los promotores de esta iniciativa ya han mantenido una reunión en el Ayuntamiento de Meis con directivos de las comunidades de montes de este municipio, y ahora están pendientes de celebrar un segundo encuentro con las comunidades de la ladera correspondiente a la comarca de Pontevedra.

Esteban Outeda manifiesta que los ganaderos están decididos a, “empezar una nueva fase”, trabajando de una forma más rigurosa y coordinada, de modo que la cría de equinos en libertad sea perfectamente compatible con los intereses de los comuneros y los agricultores.

Muy pendientes de los caballos para evitar que bajen a las aldeas

El proyecto de habilitar un recinto para los caballos en el Castrove es a largo plazo, puesto que después de estos encuentros iniciales con las comunidades de montes, los presidentes de estas tendrán que exponer la iniciativa en sus asambleas.

Aún después, y en el caso de los que los comuneros le den el visto bueno a la idea, habrá que realizar los cierres necesarios, lo cual tampoco será posible de un día para otro. Por lo tanto, los criadores tendrán que volver a estar muy pendientes este verano de los caballos.

Durante el estío, cuando los animales no encuentran comida suficiente en las partes altas del monte, estos descienden la montaña, y es entonces cuando pueden producirse daños en los cultivos de los vecinos.

Esteban Outeda manifestó que por el momento no hay ese problema, “porque hay bastante pasto en la parte alta” de la montaña, y que por lo general los animales empiezan a bajar en busca de comida hacia finales de agosto, dependiendo de las condiciones meteorológicas de cada año.

Esteban Outeda explica que para evitar en la medida de lo posible que se produzcan esos conflictos, “lo que hay que hacer es tener muy controlados a los caballos”, y subir con cierta frecuencia al monte. Si, posteriormente, hay mucha sequía, una opción sería subir hierba a los animales, para evitar que tengan que buscar sustento en otras partes.

Otra posibilidad pasaría por recogerlos y estabularlos temporalmente, pero esta es la que menos le gusta, puesto que supondría encerrar a unos caballos que se han criado siempre en libertad.

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