Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Las monjas de Armenteira se suman al "Amazon" de los monasterios

Las hermanas María Ángeles y Paula muestran jabones de eucalipto, limón y naranja con lavanda, ayer en el acogedor jardín del monasterio.

Las hermanas María Ángeles y Paula muestran jabones de eucalipto, limón y naranja con lavanda, ayer en el acogedor jardín del monasterio. Noé Parga

Las monjas del monasterio de Armenteira (Meis) viven de la hospedería y de la venta de productos artesanales que elaboran en su laboratorio de cosmética. El alojamiento para huéspedes y peregrinos permaneció durante muchos meses cerrado a consecuencia de la pandemia de coronavirus, así como la tienda que la Orden del Císter tiene en la entrada del monumento. Aunque la crisis sanitaria afectó a la economía de la congregación, al mismo tiempo ayudó a que las ventas por internet se incrementasen. “No sobrevivimos con la tienda on line, pero es una ayuda. Con el COVID se ha puesto en auge”, comenta María Ángeles Osés Goñi, la religiosa encargada de la logística del laboratorio.

La hospedería del monasterio reabrió sus puertas en Semana Santa con huéspedes locales, pero tan pronto como se “abrió” Galicia, empezaron a llegar peregrinos de la Variante Espiritual. Con motivo del COVID, ahora no se les da desayuno ni cena, pero sí pueden servirse café y un tentempié para llevar. N. P.

Hace unos siete años que las monjas de Armenteira cuentan con su propia tienda en la red (www.monasteriodearmenteira.es). Al principio vendían tanto productos propios como los realizados por otras personas (como en la tienda física), pero después decidieron dedicar la venta por internet exclusivamente a la cosmética elaborada en el monasterio.

La Fundación Contemplare vende productos artesanales de 120 monasterios

Y además, disponen de un tercer canal para que sus jabones, cremas, bálsamos y aceites lleguen a cualquier rincón de España y Portugal. Se trata de la Fundación Contemplare (www.asociacioncontemplare.org), que tiene en funcionamiento una tienda on line en la que se venden más de 10.000 artículos (cestas gourmet, cosmética natural, regalos de nacimiento, ...) de 120 monasterios españoles. El único gallego es el de Armenteira.

Ayer mismo, las religiosas de Meis estaban preparando un pedido para Contemplare. La hermana María Ángeles calcula que las ventas a través de esta página web pueden suponer aproximadamente un 20% de las totales del monasterio cisterciense, pues la vía que sigue generando más ingresos es la tienda física.

El capellán Santiago, en la tienda de productos artesanos. Noé Parga

Los clientes a través de la red proceden de todas partes de España, de norte a sur y de este a oeste. “También de Portugal. Y lo más importante es que la gente que compra, repite”, se congratula la monja de origen navarro.

Con respecto a la demanda, lo que más salida tiene son los jabones de glicerina y de aceites vegetales.

Los productos que más salida tienen son los jabones de glicerina y de aceites vegetales

decoration

La otra fuente de ingresos para las ocho monjas que viven en Armenteira es la hospedería. Reabrió sus puertas en Semana Santa con huéspedes gallegos, ya que la movilidad entre comunidades autónomas todavía estaba restringida. Una vez que se levantó el cierre perimetral comenzaron a llegar al monasterio tanto peregrinos de la Variante Espiritual como otro tipo de visitantes.

María Ángeles procede de Navarra y Paula de Pontevedra. Noé Parga

Vacunación o PCR negativa

La congregación exige a las personas alojadas que estén vacunadas o muestren una PCR o prueba de antígenos negativa (actualizada). “Los peregrinos no sabemos de dónde vienen, entonces los alojamos en la primera planta y a los demás huéspedes en la segunda. Tienen accesos independientes”, explica Paula Téllez González mientras abre la puerta de la hospedería. La capacidad total en condiciones normales son 25 plazas.

En el monasterio viven ocho religiosas, de entre 33 y 100 años. Noé Parga

El comedor no es demasiado grande y actualmente con motivo del COVID no se sirven desayunos ni cenas a los peregrinos. Pero para que no se vayan con el estómago vacío, las monjas les ofrecen café y un tentempié para llevar. Solo suelen realizar una pernoctación, mientras que los demás huéspedes deben pasar entre tres y siete noches.

¿Cómo influyó la pandemia en la vida monástica?

Las monjas aseguran que la pandemia influyó en su economía, pero en absoluto varió la vida monástica en Armenteira. “La vivimos como en los orígenes, con mucha paz y tranquilidad”, comenta María Ángeles.

Nieves o Nevy, como todas las compañeras la llaman, es la monja más joven de Armenteira (33 años de edad). Natural de Salceda, llegó hace tres años al monasterio y se encarga del huerto y el jardín. Noé Parga

La hermana Paula añade que han recibido muchos menos visitantes durante este año. Ejemplo de ello es que las dos últimas Romerías das Cabezas no se celebraron y, por tanto, no se registraron las habituales aglomeraciones. “Luego dicen de los Sanfermines”, bromea la hermana María Ángeles, natural de Navarra.

Todos los días del año las monjas de Armenteira se levantan a las cinco menos veinte de la mañana. Defienden que siguen un horario “regular pero no rígido”. Toman una hora de siesta y a las 21.30 se acuestan. Noé Parga

Se levantan a las 4.40 horas y toman la siesta

Por lo demás, las religiosas siguen fieles a su rutina. Se levantan a las cinco menos veinte de la mañana cada día y desayunan sobre las seis. Su vida no varía si es verano o invierno. “Tenemos un horario muy equilibrado y regular, pero no rígido, y esa regularidad nos ayuda”, defiende la hermana Paula, que lleva 23 años ordenada. “Tenemos tiempo para todo: de trabajo, oración, estudio y personal”, agrega María Ángeles.

“Tenemos un horario muy equilibrado y regular, pero no rígido, y esa regularidad nos ayuda”

Hermana Paula Téllez

decoration

La religiosa navarra admite que nunca había tomado siesta y que al llegar a Armenteira se acostumbró rápidamente. “Por la mañana me suenan tres despertadores porque me levanto muy dormida, pero me cuesta más levantarme de la siesta que por la mañana”, admite la monja mientras pasea por la extensa finca del monasterio (tiene unas cuatro hectáreas de superficie), en la que Navy, la miembro de la comunidad más joven (con 33 años), está acondicionando el jardín a bordo de una máquina cortacésped, con una sonrisa dibujada en su rostro. “Le encantan la finca y el huerto”, coinciden sus compañeras.

La monja de mayor edad ha cumplido cien años. “Tiene problemas de movilidad pero de cabeza está perfecta”, recalcan. Quizá gracias a la tranquilidad de la vida contemplativa.

Los productos cosméticos más demandados son los jabones, concretamente los de aceites vegetales y glicerina, aunque también se venden cremas, bálsamos y aceites corporales. Noé Parga

"Me gustaba ser librera. Con 59 años me hice monja y ya no me acuerdo de mi trabajo"

En el monasterio de Armenteira viven actualmente ocho monjas. Cuatro de Navarra, una de Aragón, una de Burgos y dos de Galicia. El capellán también es navarro.

María Ángeles Osés Goñi tiene 65 años y llegó hace seis a Armenteira. No vino procedente de otro convento. “Aquí no hay traslados, tenemos el voto de la estabilidad”, aclara bajo la sombra de los imponentes árboles de la finca. En las pausas de la conversación solo se escucha el canto de los pájaros y el curso del riachuelo que atraviesa la parcela.

Yo trabajaba de librera en la diócesis de Pamplona. Me gustaba mucho mi trabajo y tenía amigas y familia; tenía una vida afectiva totalmente cubierta”, relata la religiosa.

Aunque vivía feliz, notaba que le faltaba algo. “Vi el monasterio por internet. Vine a la hospedería, hablé con la superiora y le consulté si podría hacer aquí una experiencia. Entonces me vine un mes, que era el que tenía de vacaciones en el trabajo, y decidí quedarme. Llevo seis años aquí y estoy encantada, tanto, que no he vuelto a acordarme de mi trabajo”, recuerda María Ángeles.

Su afición por la lectura le viene de niña. “Cuando tenía siete años aprendí a leer por aburrimiento. Estaba con anginas y a mi hermana, que me lleva catorce meses, le cogí un libro y desde entonces no he dejado de leer”, manifiesta.

Su última salida al exterior, para vacunarse

Con respecto a la vida en el monasterio, la religiosa deja claro que “es normal”. “No salimos al cine o al teatro, pero si necesitamos comprar unos zapatos o ir a la óptica salimos. O para ir al dentista, a realizar trámites a la Seguridad Social, ...”. “La última vez que salí fue para vacunarme contra el COVID en el Recinto Ferial de Pontevedra. Tengo la primera dosis. Otras fueron a Cambados y la monja de mayor edad, de 100 años, fue vacunada aquí en el monasterio”. A las más jóvenes aún no les ha tocado.

El monasterio de Armenteira reabrió en 1989 con la comunidad de monjas cistercienses. Se ubica en una parcela de cuatro hectáreas atravesada por un regato. Un enclave privilegiado en el que se respira paz y tranquilidad.

El monasterio de Armenteira reabrió en 1989 con la comunidad de monjas cistercienses. Se ubica en una parcela de cuatro hectáreas atravesada por un regato. Un enclave privilegiado en el que se respira paz y tranquilidad. Noé Parga

Las monjas recurren a la agricultura para alimentarse (tienen un invernadero) y para elaborar los cosméticos (como los camelios), aunque también utilizan las nuevas tecnologías. Tienen internet pero esperan ansiosas la fibra óptica. Noé Parga

El monasterio reabrió al público en Semana Santa y los visitantes pueden adentrarse en el claustro y en la tienda del convento. Ayer, día festivo por las Letras Galegas, hubo una buena afluencia. Noé Parga

Compartir el artículo

stats