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Treinta años de historia viva de la hostelería en Vilagarcía

El camarero Javier Rodríguez y su pareja, el cocinero José Carlos Justo.

El camarero Javier Rodríguez y su pareja, el cocinero José Carlos Justo. M. Méndez

Javier Rodríguez es historia viva de la hostelería en la comarca. Sobre todo, en Vilagarcía de Arousa, donde el domingo alcanza tres décadas de servicio dentro y fuera de la barra.

Dicho así, puede que muchos no sepan de quién se trata. Pero, desde luego, buena parte de los vilagarcianos se harán una idea si se le presenta como “Javi, el del Xentes", o, para los más jóvenes, como “Javi, el del Xuntanza”.

Una entrevista concedida a FARO cuando cumplió su diez primeros años como camarero. FdV

Siempre con una sonrisa en la cara, este vilagarciano de 45 años de edad era solo un quinceañero cuando inició su andadura.

La experiencia que ayuda a resistir

Durante la pandemia hay negocios que se resienten y atraviesan importantes dificultades, sobre todo en el sector de la hostelería. Los hay obligados a cerrar definitivamente después de toda una vida operativos, al igual que los hay que se resisten a morir y luchan por seguir a flote como sea.

En estos casos puede resultar fundamental la experiencia de sus propietarios y/o camareros. Sucede en el bar Xuntanza, donde Javier Rodríguez alcanza el domingo los treinta años de actividad. Es uno de los hosteleros más veteranos de la comarca y todo un referente en la ciudad de Vilagarcía.

Aquel crío que había dejado sus estudios tuvo la fortuna de poder estrenarse como camarero al lado del que para muchos era el mejor, Vicente Avilés, fallecido hace justamente trece años y uno de los cocineros más capacitados de la comarca, que ejerció como máximo responsable del mesón Xentes.

En A Baldosa

Fue en aquel pequeño bar que hacía esquina entre la peatonal zona de vinos de A Baldosa y la calle Valentín Viqueira, ocupando una diminuta porción de lo que es hoy en día la vermutería Stocolmo 2.0, donde Javier Rodríguez puso sus primeros vinos, cañas y tapas para convertirse en “Javi, el del Xentes”.

Vicente Avilés, el maestro. Iñaki Abella

Se hizo mayor así, atendiendo la barra, las mesas y barriles que se colocaban en la calle, cuando en este local se estilaba lo de servir las consumiciones por la ventana –sobre todo por la que daba a Valentín Viqueira– y cuando A Baldosa era el verdadero centro neurálgico de la hostelería vilagarciana.

“Ha sido un año horrible; un año tremendamente duro que jamás podría haber imaginado”

Javier Rodríguez - Propietario del bar Xuntanza

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Javier Rodríguez, que nunca antes había cogido una bandeja en sus manos, aprendió durante algo más de una década buena parte de lo que sabe hoy en día, cuando regenta su propio negocio al lado de su marido y socio, José Carlos Justo.

Vicente Avilés, el exentrenador de baloncesto Javier Imbroda y Javier Rodríguez, cuando el Xentes era uno de los bares de moda. Iñaki Abella

Es el bar Xuntanza, que funciona desde hace 19 años en la calle Juan García, durante los primeros cuatro, situado más cerca del viejo Xentes, y desde entonces, ubicado más próximo a la plaza de O Castro.

Corren tiempos duros para la hostelería

En ese local de tapeo, el que para muchos nunca dejará de ser “Javi el del Xentes” vive ahora, a causa de la pandemia, el peor momento que recuerda para la hostelería y su propio negocio.

“Ha sido un año horrible; un año tremendamente duro que jamás podría haber imaginado”, reflexiona el popular hostelero.

Javier Rodríguez (izq.) junto a su marido, socio y cocinero, José Carlos Justo.

Javier Rodríguez (izq.) junto a su marido, socio y cocinero, José Carlos Justo. M.M.

Pero con la energía que siempre lo caracterizó, inmediatamente se arma de valor para sentenciar: “Hay que levantar la cabeza, pelear y seguir adelante como sea”.

Eso es, también, algo que aprendió tanto de Vicente Avilés como de viejos clientes del Xentes que se convirtieron en grandes amigos y, en algunos casos, casi en familia.

Arturo Meijide, "Seso", Román...

Entre ellos, Arturo Meijide, también fallecido hace años y que fue, en cierto modo, una especie de padre para muchos de los hosteleros de la ciudad vilagarciana. ¡Como para otros que no lo eran!

“Muchos se han ido para siempre y han dejado un gran pesar en mi corazón y en el de mucha gente, pero tengo la inmensa fortuna de haber compartido grandes momentos con ellos y de haber tenido su amistad"

Javier Rodríguez

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Un hombre tan culto, afable y entrañable como buen conocedor del sector hostelero que siguió muy de cerca los primeros pasos de Javi como camarero. Al igual que lo hicieron “Seso”, el propietario del restaurante vinoteca Xoxés; Román, el hostelero que estaba al frente de la tapería que llevaba su nombre, hoy en día llamada La Baldosa; Fajardo y tantos otros que frecuentaban el bar de Vicente.

Una de las fiestas gastronómicas que se organizaban en el desaparecido bar Xentes. Iñaki Abella

El mismo local en el que se gestó el selecto club Viernes Gastronómicos de Vilagarcía (VGV), del que formaron parte los citados, y donde, en definitiva, fueron muchos los que tuvieron la oportunidad de conocer bien a aquel joven camarero que se movía con desparpajo y casi tenía que ponerse de puntillas para alcanzar las estanterías más altas del pequeño bar.

“Muchos se han ido para siempre y han dejado un gran pesar en mi corazón y en el de mucha gente, pero tengo la inmensa fortuna de haber compartido grandes momentos con ellos y de haber tenido su amistad, la cual mantengo con otros muchos clientes que conozco desde que trabajé en el Xentes y que ahora, treinta años después, siguen formando parte de mi vida”, destaca, con orgullo y nostalgia, el incombustible Javier Rodríguez.

"Javi, el del Xuntanza", recogiendo una mesa de su terraza, esta misma mañana. FdV

Las recetas de siempre

Lo hace mientras se mueve en el que ahora es su bar de una mesa a otra, charlando con los clientes, tomando comandas y sirviendo las tapas tradicionales que ahora elabora su marido, algunas de ellas inspiradas en aquellas otras entre las que se crió y que, con maestría, preparaba Vicente Avilés.

El popular camarero vilagarciano.

El popular camarero vilagarciano. M.M.

Dispuesto, si es necesario, a pelear treinta años más, el ya veterano camarero considera que la clave del éxito está en “no perder nunca la sonrisa ni las ganas de trabajar duro”.

Y no es una frase hecha, sino que resume a la perfección su forma de ser y de trabajar. La misma que lo caracterizaba ya cuando en los años noventa se convirtió, por méritos propios, en uno de los grandes protagonistas de la época dorada de A Baldosa.

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