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Habitantes de “Nomadland” en O Salnés

Carlos Puga y Silvia Calvo, ayer en el salón-comedor de su autocaravana

Carlos Puga y Silvia Calvo, ayer en el salón-comedor de su autocaravana Iñaki Abella

Carlos Puga y Silvia Calvo viven en una autocaravana desde 2017. Antes de conocerse, él pasó dos años residiendo en una furgoneta camperizada; ella durmió muchas noches al raso o bajo el soportal de una iglesia, durante sus viajes de escalada o montañismo. Silvia Calvo cuenta que, “cuando empezamos a vivir juntos alquilamos un piso en Vilaxoán. Pero llegamos a un punto en que al volver de un viaje en vez de subir al piso ya nos quedábamos a dormir en la autocaravana. Solo íbamos al piso a poner la lavadora y a limpiar. Así que durante un tiempo estuvimos pagando el alquiler de un piso solo para poner una lavadora y empezamos a pensar en dejarlo para vivir todo el tiempo en la autocaravana”. No les costó demasiado tomar la decisión.

“Vivimos bajo un techo, como cualquier otro, con la diferencia de que este techo tiene debajo ruedas”

Silvia Calvo - Bióloga

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El éxito de la película “Nomadland”, que acaba de ganar tres de los Oscar más importantes, ha puesto de actualidad el autocaravanismo. La película es una historia sobre las víctimas del capitalismo estadounidense: gente sin ayudas sociales de ningún tipo y con pensiones de miseria. En muchas ocasiones, son autocaravanistas por obligación, nómadas que viajan en pos de un trabajo; en muchas otras, lo son por vocación.

Este es el caso del fotógrafo Carlos Puga y de la bióloga Silvia Calvo. “Lo mejor de esto es lo cerca que estás de la naturaleza”, sostiene él. Y la libertad. “Hace unos años íbamos con la niña camino de Arnedillo, en La Rioja, para ver un parque de dinosaurios. Hicimos una parada en Atapuerca, para tomar una cerveza, y al final nos quedamos tres días”. “Para mí, lo mejor es que estableces un contacto muy estrecho con el lugar que visitas y con la gente”, afirma a su vez Silvia Calvo. “Llegas a un lugar y vas a comprar el pan al mismo sitio donde van los vecinos, así que al segundo o el tercer día ya empiezan a preguntarte de dónde vienes, qué haces”.

Ana Suárez, de Autocaravanas Arousa, en el puesto de conducción de uno de estos vehículos Iñaki Abella

El uso vacacional

Pero además del autocaravanismo laboral de “Nomadland” o del vocacional de Carlos Puga y Silvia Calvo, existe también el recreativo. Y este ha crecido de un modo espectacular a raíz del COVID-19. José Manuel Ibáñez, de la empresa Autocaravanas Arousa, de Vilagarcía, afirma que él colabora con el concesionario Caracol Park de Vigo y que, “en 2019 teníamos a la venta entre 14 y 20 vehículos de ocasión y entre 30 y 40 nuevos. Pues en estos momentos nos quedan uno de segunda mano, y siete nuevos”. Y la demanda este año sigue siendo tan alta que las fábricas no dan abasto. “Si hacemos un pedido ahora, nos lo servirían entre diciembre y enero del año que viene”, explica.

“Paras donde quieres, comes donde quieres... En un hotel, si te levantas después de las 10 ya te quedas sin desayuno"

José Manuel Ibáñez - Vendedor y autocaravanista

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Sin embargo, el alquiler no ha crecido todo lo esperado, ya sea porque hay que arrendar el vehículo por un periodo mínimo de tres días, que en verano y Semana Santa se amplía a siete.

El vendedor y su esposa, Ana Suárez, también son autocaravanistas, y para él lo mejor es, “la libertad total”. “Paras donde quieres, comes donde quieres... En un hotel, si te levantas después de las 10 ya te quedas sin desayuno, y tienes que salir de la habitación antes de las 12. En la autocaravana los horarios te los marcas tú”.

El espacio

Uno de los aspectos que más inquieta a los profanos de vivir en una autocaravana es la falta de espacio. José Manuel Ibáñez le quita hierro. “Hay por ahí pisos y apartamentos poco más grandes”. También Carlos Puga relativiza el problema. “Silvia y yo pasamos los tres meses del confinamiento aquí encerrados y no hubo una palabra más alta que otra... Aprendes a vivir en un sitio pequeño, con pocas cosas”. Silvia Calvo coincide con él. “Vivimos bajo un techo, como cualquier otro, con la diferencia de que este techo tiene debajo ruedas”.

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