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Antonio y Jacobo Domínguez nn | Jefes de sala en A Chanca

Vivir sin permiso, en el muiño de A Chanca

Los hermanos Domínguez en el comedor del Muiño da Chanca Iñaki Abella

El año de la irrupción del COVID quedará marcado en la historia del Muíño da Chanca cuando el local cumplía sus bodas de plata. Ahora, como muchos locales, buscan reengancharse a la actividad, diversificando la oferta hostelera familiar, adaptada a nuevas restricciones. Un restaurante emblemático que nació del empeño del padre, Antonio Domínguez, quien adquirió este viejo molino de maquía, construido antes del XVIII, y catalogado como tal en el catastro del marqués de la Ensenada.

–¿Cómo nace la pasión familiar de dos hermanos por la restauración?

– ANTONIO: De nuestro padre, que durante años fue marino-cocinero de cargueros, llegando a pisar 38 países diferentes. Nuestros padres, aún estando solteros, regentaron primero un bar en Castrelo. Después de mucho perseguirlo, acabaron comprando este molino, que antes fuera de cinco maquieiros, y era complicado ponerlos de acuerdo para la venta. Al final acabó siendo de dos, pero aún así tuvo que lidiar para convencerlos.

–¿Qué lección les legó a la hora de heredar el negocio?

– A: Desde pequeños, la férrea disciplina de nuestro padre, respeto que era norma de los ingleses en el mar, y él había trabajado mucho en los cargueros ingleses. Esa disciplina, y el producto de calidad era el secreto legado para cocina y sala (Jacobo asiente).

–¿Y qué lección les deja ahora el COVID?

– A: Que ante la adversidad no podíamos quedarnos quietos, que había que innovar. No quedaba otra que echar la llave durante el cierre o buscar una alternativa para mantener la actividad. Y fue así, que coincidiendo con las bodas de plata, nos planteamos abrir una tienda hostelera, justo aquí, al pie del restaurante, para servir comida para llevar con productos de calidad.

–¿Responde esa apuesta en tienda a la filosofía gourmet?

–No es gourmet, sino el takeway que está de moda, esto es, comida para llevar, pero en nuestro caso con platos de restaurante: raciones, postres, café, encargada o no, pero todo lo que servimos en tienda, justo lo acabamos de elaborar aquí a 20 metros, en la cocina del restaurante. Fue una manera de innovar para intentar llegar a todos, con el formato de doble vertiente, empujados por el cierre. Lógicamente ello nos obligó a tener que contar con licencia de tienda. En lo profesional, antes del COVID éramos siete personas trabajando y ahora somos tres y los fines de semana cinco, de lo contrario hubiéramos cerrado. El takeway ayuda lo suyo a mantener la actividad, la buena acogida nos está sorprendiendo, esto ha llegado para quedarse.

– Meaño pasa a nivel alto en COVID ¿Cómo la afrontan?

– Sí. Cierre de la hostelería interior y terraza al 50 por ciento. Otro varapalo que llega, más aún cuando justo este miércoles acabamos de instalar un medidor de CO2 para estar atentos a la ventilación, y que sumamos a otro de purificación del aire interior, con el que ya contamos desde hace años.

–El COVID le frustró los actos del 25 aniversario ¿Prevén resarcirse?

A: Sí, en algo estamos trabajando, aunque sea fuera de fecha y cuando esto pase. No queremos dejar la ocasión de compartir las bodas de plata de este molino con los meañeses. Es un hijo de la familia.

–¿Para el mundo de la restauración se nace o se hace?

– J: Es una mezcla. Esto tiene que gustar, no es tan esclavo como hace 20 años, pero sigue siendo duro. A nosotros, damos fe, nos ilusionó desde pequeños.

–¿Pasaron muchas caras famosas a lo largo de estos 25 años?

A: Sí, algunas, sobre todo del mundillo político: Rueda, Beiras, el conselleiro Román Rodríguez, y también Roberto Varela, cada vez que se pasa por su Dena natal… Hasta a José Coronado y Tele5, les cautivó el local y nos ofertaron disponer de él para grabar aquí escenas para la serie de televisión “Vivir sin permiso”.

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