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Estructuras nuevas, cerámica y metales aparecen en la última excavación de Cálago

Los trabajos arqueológicos de campo en Cálago finalizaron en el día de ayer.

Los trabajos arqueológicos de campo en Cálago finalizaron en el día de ayer. Noé Parga

Cada intervención arqueológica en la zona de Cálago siempre acaba arrojando algún dato que resulta de interés. La que finalizó ayer no será menos. Es cierto que, a diferencia de la anterior, no se han localizado huesos humanos, pero si una serie de datos que indican que el poblado que se asentó en esa zona fue bastante mayor de lo que se creía en un primer momento, ya que no se limitaría solo a la croa y a su zona circundante, sino que abarcaría un espacio mucho más amplio.

Los arqueólogos, dirigidos por Mario César Vila, trabajaron durante más de una semana en una zona de unos 52 metros cuadrados en el entorno de donde aparecieron los restos humanos de origen medieval. En la zona más al oeste, los arqueólogos se encontraron con un relleno bastante importante, que sellaba una masa granítica que pudo ser utilizada en su día como una especie de cantera de la que extraer el granito para las construcciones.

Área en la que se centraron los trabajos arqueológicos durante toda la semana. | // NOÉ PARGA

Más interesante fueron los datos que arrojó la excavación realizada en el lado este, en la parte inmediatamente adyacente al enterramiento que se localizó en la anterior ocasión. En ese lugar, en el estrato inferior, se encontró un espacio aterrazado y un muro cuya utilidad estaría por determinar, aunque se sospecha que podría fijar la líneas de costa en la época en la que existió el castro. Su presencia hace pensar a los arqueólogos que la estructura de este castro era mucho más amplia de lo inicialmente previsto. Al igual que en el espacio donde se encontraron los huesos, la zona estaba cubierta por un concheiro, donde se encontraron restos de cerámica, e incluso, algún elemento metálico que todavía deberá estudiarse en el laboratorio. El último estrato localizado coincide con el uso y la extracción de la piedra que había en la zona, una actividad que cambió sustancialmente la fisionomía de la zona y pudo haber causado un importante impacto en el yacimiento.

Línea temporal

La intervención no ha sido la que más datos ha arrojado, pero ha servido para consolidar y confirmar lo que se descubrió en el tercer año de intervención. Mario César Vila, director de la excavación, apunta que, “estos trabajos nos permiten trazar una línea temporal en la que vemos un estrato inferior en el que existen unas estructuras similares a un muro y restos de un concheiro; una vez abandonado este espacio, se convierte en una necrópolis cristiana durante el siglo V, que acaba siendo abandonada con la construcción de la antigua iglesia donde hoy se encuentra el cementerio; todo este espacio situado al sur, una vez es abandonado, pierde todo su significado posteriormente”. Ahora queda por delante un importante trabajo de análisis de todos los datos recogidos durante la semana de trabajo.

Con la intervención que finalizó ayer, en Cálago se han realizado ya cuatro acciones arqueológicas, todas ellas con el objetivo de localizar el antiguo monasterio del que, por el momento, no se ha encontrado ningún resto.

Eso no significa que los hallazgos hayan sido menores precisamente durante estos cuatro años de trabajos arqueológicos. Destacan los restos localizados en la segunda de las intervenciones, cuando se encontró una vivienda castrexa de considerables dimensiones y los sondeos apuntaron a que podía no ser la única, ya que también se adivinó la existencia de lo que parecía una estructura habitacional romana anexada a otra vivienda castrexa. La consolidación y puesta en valor de esos restos es algo que todavía está pendiente pese a la existencia de un convenio bianual entre el Concello de Vilanova y la Consellería de Cultura, que contemplaba dos fases de actuación, financiada la primera por la administración autonómica y la segunda por la entidad municipal.

Las excavaciones han servido para comprobar que la tierra de Cálago esconde más de 1.000 años de actividad humana y el nacimiento de lo que fue Vilanova, desde un poblado castrexo, centrado en el comercio, sobre todo con los romanos, hasta la existencia de una congregación monástica que tuvo que soportar las invasiones normandas y los ataques árabes antes de acabar desapareciendo.

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