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Los domingos ya no son lo que eran

Vecinos de O Grove haciendo cola para coger el pan, ayer.

Vecinos de O Grove haciendo cola para coger el pan, ayer. M. Méndez

Los grovenses tratan de hacer vida normal, pero en estos momentos, nada es normal. En pleno confinamiento perimetral, con más de setenta casos activos, con la hostelería cerrada y sin posibilidad de salir del municipio o recibir visitas, todo se hace mucho más cuesta arriba.

“Menos mal que podemos pasear con nuestro nieto y disfrutar de una mañana tan bonita como esta”, explicaba ayer el patrón mayor, Antonio Otero, mientras ejercía de orgulloso abuelo por las calles mecas. “Pero está todo cerrado y no hay dónde ir”, lamentaba.

Vecinos en el puente de A Toxa, ayer. M. Méndez

No era el único abuelo que, como muchos padres, aprovechaban la mañana para disfrutar del buen tiempo reinante y los niños.

“Antes íbamos a largar los aparejos y al volver podíamos tomar algo con los amigos; ahora hay que meterse en casa porque está todo cerrado”

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Algunos lo hacían en la Aldea Grobit (A Toxa), otros acercándose a los burros “fariñeiros” de la isla o bien en el entorno de la pista de skate de O Corgo, la calle peatonal Castelao o las zonas multideportivas de Peralto y Terra de Porto.

El sendero peatonal del istmo de A Lanzada, ayer. M. Méndez

“El problema es que no hay una terraza en la que sentarse a tomar un vermú, un vino o un zumo”, relataba uno de los progenitores.

“Antes íbamos a largar los aparejos y al volver podíamos tomar algo con los amigos; ahora hay que meterse en casa porque está todo cerrado”, explicaban los marineros que regresaban a puerto tras calar las redes y/o nasas en la ría.

La Aldea Grobit de La Toja, ayer. M. Méndez

Demasiados cambios

Evidentemente, son muchos los cambios experimentados en el día a día de los mecos. ¡Y muchos más los sufridos en su domingo a domingo!

Dos jóvenes en la playa de A Lanzada, ayer a mediodía. M. Méndez

Ahora pasean por los senderos de A Lanzada, A Toxa o Pedras Negras, hacen deporte –a la carrera o en bici– y dan largas caminatas.

También salen en canoa o piragua, sacan a los perros por Beiramar y socializan cuando van a buscar el pan o al supermercado.

Un marinero largando sus aparejos, ayer M. Méndez

Pero no pueden ir “a la aldea” para visitar los furanchos de siempre, ni desplazarse a municipios vecinos, Vigo o Pontevedra para hacer compras o cambiar de aires.

Tampoco tienen cabida las comidas multitudinarias, ni las fiestas que los mecos tanto añoran. Y no pueden disfrutar de la preciada gastronomía local, muchos no tienen trabajo a causa del bloqueo turístico.

En definitiva, los grovenses sufren a diario mucho más de lo que pueda parecer.

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