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El terrorismo también dejó secuelas en Vilagarcía

Desde la izquierda, Javier Porras, el fallecido Francisco Rapallo y Alfonso Sánchez, en Vilanova. | // CEDIDA

Javier Porras ha olvidado la mayor parte de los detalles que rodearon al desgraciado atentado terrorista que le dejó secuelas para la vida. Sin embargo, recuerda perfectamente la fecha (el jueves, 11 de octubre de 1990) y los hechos esenciales. Esa noche, Porras y un compañero eran los únicos policías de guardia en toda Vilagarcía. A una hora indeterminada de la madrugada (es uno de esos detalles de los que no es capaz de acordarse) recibieron una llamada telefónica en la que se les advertía de que el Exército Guerrilheiro do Povo Galego Ceive (EGPGC) había colocado tres bombas en la ciudad, y que explotarían media hora después. Javier Porras y su compañero se dirigieron rápidamente a la sucursal que el Banco de Bilbao tenía en la plaza de Galicia.

“Llegamos, y nada más bajarnos del coche, explotó la bomba”,

Javier Porras - Expolicía en Vilagarcía, y víctima del terrorismo

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“Llegamos, y nada más bajarnos del coche, explotó la bomba”, recuerda Porras. La detonación de los 50 kilos de galamonita que los independentistas gallegos habían colocado en el banco se produjo, “mucho antes de lo que se esperaba”, y el policía recuerda que el cajero autómatico salió despedido de la fachada del edificio y acabó en la fuente central que por aquel entonces existía en el centro de la plaza. “Tuvimos suerte de que la fuente paró el cajero. Si no llega a ser por eso, ahora no estaríamos vivos”.

Fue una noche de terror. En Santiago, la explosión en la discoteca Clangor segó la vida de tres personas. En Vilanova, el Exército Guerrilheiro quiso volar una fábrica de los Charlines. Y en Vilagarcía había dos artefactos más: uno en una tienda de las galerías Gallego, que explotó, causando graves daños; y otro en el Banco de Galicia (entonces situado en Conde Vallellano), que fue desactivado por los Tedax.

“En Vilagarcía viven ahora mismo seis personas que fueron víctimas directas del terrorismo, que sobrevivieron a un atentado”

Javier Porras - Expolicía y representante en Galicia de la asociación Vitepaz

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Antonio Javier Porras Gómez se convirtió esa noche en víctima del terrorismo. Un horror asociado casi siempre a los asesinados o malheridos por ETA, pero que también han causado organizaciones como los Grapo o el Exército Guerrilheiro. Tampoco es algo exclusivo del País Vasco. “En Vilagarcía viven ahora mismo seis personas que fueron víctimas directas del terrorismo, que sobrevivieron a un atentado”, señala Javier Porras.

El policía de Vilagarcía es actualmente delegado en Galicia de la asociación de Víctimas del Terrorismo por la Paz (Vitepaz), un colectivo que celebra el sábado próximo en Ribadumia un acto de reconocimiento a personalidades que ayudaron de una forma u otra a las víctimas o sus familias.

El acto será en Quinteiro da Cruz, a mediodía, y serán condecorados los alcaldes de Vilagarcía y Cambados, Alberto Varela y Fátima Abal, respectivamente; la subdelegada del Gobierno en Pontevedra, Maica Larriba; la secretaria del Ayuntamiento de Vilagarcía, Rosa Losada; el empresario y copropietario de Quinteiro da Cruz, Pedro Piñeiro; y el propio Porras.

“A los muertos, los recuerda todo el mundo, y es lógico. Pero también hay que recordar a los que quedamos heridos, a los que sobrevivimos, porque lo hemos pasado muy mal”.

Javier Porras - Expolicía y víctima del terrorismo

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El ya expolicía explica que estos dirigentes recibirán las distinciones por la sensibilidad y el apoyo que han prestado a las víctimas. De Rosa Losada cuenta que le ayudó mucho a recabar la documentación que tenía que presentar para ser reconocido como víctima del terrorismo, algo que el Ministerio del Interior no hizo hasta 2014, más de dos décadas después del atentado.

Alberto Varela puso todo tipo de facilidades para reformar las tasas del Conservatorio en favor de las víctimas. Y Fátima Abal se ofreció a cursar una invitación oficial para que los socios de Vitepaz visiten la Festa do Albariño o puedan participar en visitas guiadas por el casco histórico de Cambados.

Pequeños gestos, pero muy importantes para las víctimas. “A los muertos, los recuerda todo el mundo, y es lógico. Pero también hay que recordar a los que quedamos heridos, a los que sobrevivimos, porque lo hemos pasado muy mal”.

Javier Porras, de hecho, sufrió desde aquella fatídica madrugada secuelas físicas y psicológicas que no han hecho sino agravarse con el paso del tiempo, hasta el extremo de que en noviembre de 2020 tuvo que retirarse. Pensaba hacerlo a los 59 años, pero lo hizo con 56. Su cuerpo dijo basta. El estruendo de aquella explosión en la plaza de Galicia jamás se apagó del todo.

Alfonso Sánchez: “Tiene que ser muy duro cruzarte en la calle con el asesino de tu hijo”

En España existe una veintena de asociaciones de víctimas del terrorismo. La AVT es la mayoritaria, con sus más de 4.500 asociados, pero hay muchos otros colectivos. Vitepaz es uno de ellos. Creado en 2018, su presidente es Alfonso Sánchez Rodrigo, que había estado al frente de la AVT entre 2016 y 2018.

Sánchez Rodrigo era guardia civil cuando sobrevivió a un atentado terrorista, en 1985 en Madrid. Tiempo después, supo que seguía en las listas de objetivos de los comandos de ETA. Fueron años duros, de miedo, “de mirar debajo del coche, de tener cuidado con las cartas que me llegaban al buzón”.

La asociación hace una alusión directa a la paz, “porque después de 40 años en la trinchera, es el momento de salir de ella y de buscar un entendimiento”. Sánchez cree en la reconciliación, pero no a cualquier precio, y lamenta los acercamientos de presos, ya que estos van acompañados a menudo de permisos para salir de la cárcel. “Tiene que ser muy duro cruzarte en la calle con el asesino de tu hijo”.

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