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O Castriño suena a música de saxofón

Residente en Vilagarcía desde 2008, Alfredo Rozas ha actuado en los mejores escenarios de América y Europa.  | // I. ABELLA

Residente en Vilagarcía desde 2008, Alfredo Rozas ha actuado en los mejores escenarios de América y Europa. | // I. ABELLA Iñaki Abella

No hay música que se precie que no esconda una historia detrás y la que suena desde hace varios años en el parque de O Castriño no corresponde a la de un paraje encantado o a una alucinación derivada de la falta de oxigenación del uso de la mascarilla.

Ese saxofón puede llenar libros de anécdotas y experiencias, tantas como su propietario, Alfredo Rozas Saballo pueda llegar a recordar.

Ese mismo sonido es el que le llevó a vivir momentos únicos a lo largo de su vida y de cualquier otra. Un instrumento que ha colgado de su cuello en escenarios de todo el mundo como integrante de la Big Band de Óscar de León y que ahora sigue haciendo sonar en su particular local de ensayo muy cerca del Castro Alobre rodeado de naturaleza y paz.

Alfredo Rozas junto a Óscar de León, referente mundial de la música caribeña. FDV

De Venezuela a Vilagarcía

Natural de Maturín (Venezuela) su vínculo con la música empezó desde su más tierna adolescencia. El clarinete fue su puerta de entrada a la Orquesta Sinfónica de su ciudad. Su rápida evolución le llevó a experimentar con el saxofón tenor y pronto empezó a llamar la atención de las bandas profesionales.

El clarinete fue la puerta de entrada a la Orquesta Sinfónica de su ciudad Maturín, en Venezuela

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Con apenas 17 años ya fue capaz de abrirse paso en las tablas y fuera de ellas, es decir, en la carretera y las exigencias de la música de eventos, fiestas y ceremonias como componente de “Los Melódicos”.

Madison Square Garden

Delante del Madison Square Garden donde actuaría esa misma noche. FDV

La formación Billo´s Caracas Boys, una de las de más solera de todo el Caribe, le llamó a filas tras observar su talento. Fue ahí donde Alfredo Rozas empezó a conocer sus primeras grandes giras con muchos meses sin poder ni siquiera volver a Maturín por unos días.

Tras unos años de frenética actividad, un antiguo compañero en su primera formación, le comentó que había una audición en Caracas para trabajar en la banda de Óscar de León. “Me cogí un autobús y después de un viaje de siete horas hice la prueba sin demasiadas esperanzas. Poco después me llamaron al hotel donde estaba diciéndome que me pasara a buscar el uniforme porque ya iba a tocar con ellos esa misma noche. Fue un sueño hecho realidad pasar a trabajar con un referente mundial de la música caribeña”, apunta.

Fue duro, pero también impresionante tocar delante de tanta gente y con el gran Óscar de León

Corrían los últimos años del siglo pasado y, de repente, hubo que subirse de buenas a primeras al tren del ritmo de una estrella de la música.

“A los diez días me dijeron que hiciese las maletas porque nos íbamos a Estados Unidos. Fue una gira increíble. Tocamos en los mejores sitios del país, hasta lo hicimos en el Madison Square Garden o el Copacabana de Nueva York. Fue duro, pero también impresionante tocar delante de tanta gente y con el gran Óscar de León”.

Giras por Europa

Una de las giras junto al grupo de saxofonistas de Óscar de León. FDV

Le sucedieron giras por Europa e incluso fueron una de las bandas encargadas de ambientar las sedes del Mundial de Francia-98 de fútbol.

“Allí donde había partido, allí estábamos tocando delante de muchísimos miles de personas. También tocamos en la cadena de televisión BBC de Londres y en muchísimos sitios increíbles. No se paraba de trabajar”, dice Alfredo.

Desde 2008 trabajó con las mejores orquestas de Vilagarcía hasta que la pandemia se cruzó en su camino

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Fueron tres años al máximo nivel no exentos de un estrés elevadísimo. El nacimiento de su hija y su lejanía del núcleo familiar le llevó a establecerse en Maturín tras una transformación de la orquesta de Óscar del León.

Sin dejar nunca de tocar el saxo los fines de semana, emprendió otros caminos laborales sin rehuir a tocar con un sentido puramente de diversión con una pequeña banda.

Alejandro Rozas con su saxofón en el banco de O Castriño, en el que ensaya con su saxofón Iñaki Abella

Su trayecto vital, unido a la crisis de su país, le llevó a venirse a España en 2008 tras descartar otros destinos. Desde entonces Vilagarcía y sucesivas orquestas gallegas fueron su medio de vida hasta que la pandemia se cruzó en su camino.

Un lugar que le da la tranquilidad que necesita


“El saxofón te obliga a estar siempre entrenado. Es como un atleta que no puede esperar a correr entre carrera y carrera. No te puedes entumecer”, apunta Alfredo Rozas. Por ello, cada día hace de un banco del parque de O Castriño su particular conservatorio. En ocasiones, incluso de manera tan recóndita que lleva a interesarse a muchos de donde sale aquella música. “Me vengo para aquí porque tengo la tranquilidad que necesito. Me traigo mis libros, mi maleta y tengo todo lo necesario para estar siempre actualizado”. A la espera de poder encontrar un trabajo “de lo que sea” a tenor de la crisis que ha terminado con la industria de la música en directo, el saxofonista reconoce que “aún me vengo más horas que de costumbre. Cuando estaba en activo, llegaba de trabajar y si aún había luz por delante, me cambiaba rápido y me venía al parque”.

Con la esperanza de poder volver a vivir de la música


La música para personas como Alfredo Rozas va mucho más allá que un medio de vida. Es una necesidad vital que supera con creces lo que aporta un salario. En la maleta en la que porta su instrumento, también hay un lugar invisible en el que carga con un corazón a cuestas. “Nuestro sector está destrozado. He visto a músicos amigos míos que se han suicidado ahogados por la situación y las deudas. También los que vendieron sus instrumentos quedándose totalmente indefensos ante la vida. Desprenderse de un instrumento es para un músico como amputarse una parte del cuerpo”, apunta. Observar el mimo con el que trata su saxofón después de su ensayo ayuda a entender el significado de todo lo que se esconde detrás de unas notas. La esperanza de que se vuelva a convertir más pronto que tarde en su medio de vida. Volver a tocar delante de personas que disfrutan de la compañía y del baile supondría el fin a una pesadilla que ha paralizado el mundo. De momento, y como alivio, todo aquel que quiera escuchar música de un saxofón que ha recorrido los mejores escenarios del mundo puede pasearse por el parque de O Castriño.

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