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Faro de Vigo

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La demanda de piscinas se dispara y ya es casi “imposible” contratar una para verano

Construcción de una piscina privada, en mayo de 2020. | // IÑAKI ABELLA

El confinamiento de la pasada primavera espoleó las ganas de docenas de personas de tener una piscina en casa. Tanto es así que las empresas del sector tuvieron un repunte de facturación de hasta el 15 por ciento con respecto a 2019, según datos de la patronal Asofap. Y la persistencia de la pandemia y la incertidumbre sobre lo que ocurirrá los próximos meses han acentuado esta tendencia.

“A estas alturas de febrero ya tenemos el año 2021 casi cerrado”, afirma Juan José Castiñeiras, uno de los administradores de Piscinas Salnés, una empresa ubicada en Meis que es una de las principales de su ramo en la provincia de Pontevedra. “La gente quiere tener piscina en casa para disfrutarla desde abril. Pero al que llame a partir de ahora le va a resultar prácticamente imposible encontrar ninguna empresa que se la haga antes de septiembre”.

La perspectiva de nuevos confinamientos periódicos o el miedo al contagio en playas y demás espacios públicos, ha animado a la gente con posibilidades económicas y de espacio a plantearse la construcción de una piscina de obra o a la instalación de una de poliéster, prefabricada. Castiñeiras señala que, en último extremo, a los clientes les da igual un tipo que otro, con tal de disponer de una.

"A estas alturas de febrero ya tenemos el año 2021 casi cerrado"

Juan José Castiñeiras - Socio de Piscinas Salnés

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Esta situación también propicia que las empresas aumenten su área de influencia geográfica. Piscinas Salnés trabaja en toda la provincia de Pontevedra, pero también tiene encargos en la de A Coruña, y de hecho estos días están montando una cerca de Santiago de Compostela. “Es normal que lleguen encargos cada vez de más lejos porque la gente llama a todas las empresas, hasta que encuentra una que se la puede hacer para el verano”.

Aumenta la demanda

Aún antes de la pandemia, el sector de las piscinas en España estaba experimentando un ligero incremento año tras año. La Asociación Española de Profesionales del Sector de la Piscina (Asofap) hizo público en noviembre pasado su Barómetro Sectorial de 2020, en el cual se indicaba que en su conjunto el sector perdería un 1,60 por ciento de su facturación con respecto a 2019.

Pero, pese a la caída, la sensación generalizada entre las empresas era que 2020 había sido un año muy bueno, puesto que el descenso de facturación era muy inferior al 11 por ciento estimado para el conjunto de la economía española. Además, el 70 por ciento de los socios de Asofap manifestaban que el año les había ido igual o incluso mejor que 2019, con crecimientos interanuales que en algunos casos superaban el 15 por ciento. Únicamente, se vieron castigadas las firmas que se dedican sobre todo a las instalaciones públicas.

Juan José Castiñeiras sostiene que este año ha empezado con fuerza, “y es la tónica general en todas las empresas”. “2020 ya fue un año loco, pero este aún ha arrancado con más trabajo. A estas alturas de febrero, lo normal sería tener trabajo contratado a dos o tres meses vista, pero en estos momentos tenemos encargos ya hasta final del verano”.

En España hay más de un millón de albercas


Una prueba del buen estado de salud general del sector español de la piscina es que en abril se celebrará en Madrid una feria dedicada a ellas. Será en Ifema, y la organiza otra entidad patronal, como es la Asociación Española de Profesionales de la Piscina (Aseppi). Según cifras de esta organización, en España hay unos 1,3 millones de instalaciones acuáticas, y el sector genera un volumen de negocio anual de unos 1.000 millones de euros. En este sentido, España es el segundo país más importante de Europa en construcción de piscinas, únicamente superado por Francia. Ahora, la pandemia ha provocado un fuerte repunte del sector, puesto que son muchos los que quieren contar con una en sus casas, para no depender de la playa y otros espacios públicos. Contar con una piscina de unos 32 metros cuadrados cuesta entre 17.000 y 19.000 euros de media, según los materiales.

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