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El COVID mata al histórico Don Mexilón

Los gastos, el raquitismo de las ayudas y la incertidumbre empujan a Pablo Agrelo a cerrar uno de los restaurantes más emblemáticos de O Grove

Pablo Agrelo (2º izqda.), con su familia en el Don Mexilón.  | // CEDIDA

Pablo Agrelo (2º izqda.), con su familia en el Don Mexilón. | // CEDIDA

El Don Mexilón es uno de los restaurantes históricos de O Grove. Pablo Agrelo y su esposa, Isabel Castro lo abrieron en 1994 en Beiramar, y desde entonces miles de comensales han disfrutado de sus platos. También han sido muchas las personas que se ganaron la vida en el Don Mexilón. En los buenos momentos llegaron a ser 24 trabajadores. Pero el Don Mexilón ya es historia, porque la crisis del coronavirus se lo llevó por delante.

El Don Mexilón bajó la persiana en noviembre, cuando la Xunta ordenó el cierre de toda la hostelería de Galicia. Pero lo que no sabían entonces sus dueños es que la estaban bajando para siempre. El coste del alquiler del local, el pago de las cotizaciones a la Seguridad Social, los impuestos, las tasas municipales… Fueron una losa demasiado pesada en un momento en el que todo son dudas.

“Nuestro restaurante estaba más enfocado hacia el turismo que hacia los consumidores locales. Dependíamos de gente de fuera, y sin la gente de fuera es imposible aguantar esto”, afirma Pablo Agrelo. Porque además ven un futuro inmediato bastante negro. “De aquí al verano poco se va a trabajar. Se podrá trabajar bien dos o tres días en Semana Santa, pero después vamos a estar todo el tiempo así, abriendo y cerrando. Veo difícil que este año se vuelva a lo de antes”.

Pablo Agrelo asegura que intentaron rebajar los gastos lo máximo posible, empezando por el del alquiler, pero al final llegaron a la conclusión de que no valía la pena reabrir porque 2020 fue un año malo, y las expectativas para 2021 no son mucho mejores. “El año pasado se trabajó bien en julio y en agosto. En septiembre aguantamos por si se hacía algo en la Festa do Marisco, pero en octubre ya no nos dio ni para pagar el alquiler”, lamenta el restaurador.

Las cuentas no daban. “Solo en gastos fijos, un negocio como el nuestro se lleva 5.000 o 6.000 euros al mes. Es una locura. Es imposible sacar ese dinero si solo nos dejan trabajar al mediodía y no nos dan más ayudas”. Para Agrelo, los anuncios del Gobierno y de la Xunta de que apoyarían al sector son “cortinas de humo”. “A mi me dan 800 euros al mes y a mi esposa otros 800 (por el cese de actividad de autónomos). Eso está bien para comer, ¿pero con qué pagamos todo lo demás? El alquiler, la luz, la basura, los impuestos… Las cuentas no dan”.

De modo que al final Pablo Agrelo e Isabel Castro dieron el paso que a nadie le gusta dar. “Nos costó mucho tomar la decisión de cerrar, la meditamos mucho. Pero a veces hay que pasar de una etapa a otra”. El restaurador admite que sintió pena el día que empezó a recoger los muebles de la marisquería. “Allí dejo media vida. Lo que tenemos hoy salió de ese restaurante. Mis hijos se criaron en él”.

Fue un trago duro, pero toca recomponerse. La familia es dueña del hotel O Castro, también en O Grove, así que sigue teniendo motivos para luchar y confiar en que vengan tiempos mejores.

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