La plataforma continental gallega se ha convertido en uno de los puntos más importantes de España en lo que a observación de cetáceos se refiere. Particularmente intensa resultó esta actividad el año pasado, cuando se desarrolló el proyecto Balaenatur, financiado por el Gobierno central a través de la Fundación Biodiversidad.

Esta misma noche se presentaron las conclusiones de este trabajo, las cuales arrojan importantes reflexiones y recomendaciones científicas que pueden ayudar al Gobierno de España a diseñar su estrategia en materia de preservación de especies tan amenazadas como la ballena azul, el animal más grande del planeta.

Así lo explicaba en la presentación telemática de resultados el doctor Bruno Díaz, director del Instituto para el Estudio de los Delfines Mulares (BDRI), el centro de investigación asentado en O Grove que se ocupó de ejecutar el proyecto Balaenatur.

“Ha sido una de las campañas de seguimiento de ballenas más extensas de cuantas se han realizado en el territorio nacional"

Bruno Díaz López - Doctor en Ecología pro la Universidad de Burdeos. Director del BDRI

En sintonía con lo que se fue avanzando en FARO DE VIGO durante todo el año, a medida que se desarrollaba el proyecto, las conclusiones del Balaenatur sirven para asegurar que, a pesar de las limitaciones derivadas del COVID, la suya fue “una de las campañas de seguimiento de ballenas más extensas de cuantas se han realizado en el territorio nacional, por lo que aporta valiosa información sobre la presencia de cetáceos en la costa gallega que pueden servir de base a futuros trabajos científicos, másteres y doctorados”, garantiza Bruno Díaz.

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Y es que se han logrado “resultados muy interesantes” gracias al “elevado número de avistamientos de ballenas; el más alto desde que se aplicó la moratoria a la caza ballenera en aguas gallegas en la década de los ochenta”.

Pero también son resultados positivos porque permiten determinar la enorme riqueza de las aguas gallegas, de ahí el poder de atracción ejercido por las Rías Baixas.

Este creciente uso de la costa gallega como despensa estacional y la elevada presencia de otras especies de cetáceos hacen pensar que “la recuperación de los rorcuales es posible si se aplican las preceptivas medidas de conservación”.

Medidas propuestas

Entre ellas, como ya se había avanzado en el decano, “la designación de nuevos Lugares de Importancia Comunitaria (LIC) que den paso a futuras Zonas Especiales de Conservación (ZEC) de ámbito marino”.

En este caso, el BDRI sugiere que “los nuevos LIC deben concretarse siguiendo los resultados obtenidos en este proyecto, protegiendo las zonas en las que se ha detectado una elevada presencia de especies de cetáceos”, algunas de ellas en peligro de extinción.

La presentación del proyecto.

La presentación del proyecto. FdV

De este modo, tal y como considera Bruno Díaz, “se podrá garantizar un estado de conservación favorable de los tipos de hábitats naturales y las poblaciones de cetáceos, algunas como la ballena azul o la marsopa común presentes en la costa meridional gallega y seriamente amenazadas”.

Otra de las acciones a emprender para proteger a estos animales es el establecimiento de un sistema de “avisos a los navegantes” durante los meses de verano y en las zonas con una mayor densidad de ballenas, tratando así de que extremen la cautela durante la navegación para minimizar el riesgo de colisión entre las embarcaciones y los mamíferos marinos.

A la espera de nuevos estudios “que permitan obtener información con una escala espacial y temporal más amplia, para así poder confirmar la recuperación de estas especies en las aguas gallegas”, el BDRI también incide en lo importante del trabajo efectuado “para incrementar el conocimiento sobre el nivel de impacto de actividades humanas como la pesca, el tráfico náutico y el turismo en los rorcuales”.

Todo esto, cabe recordar, sale a relucir después de que el equipo del BDRI realizara el año pasado un centenar de avistamientos en los que observó 235 ballenas, de las cuales 186 eran rorcuales comunes, 19 eran rorcuales aliblancos y 30, ballenas azules.

La ballena azul en Galicia, sola o en compañía

Quizás lo más llamativo y esperanzador del Balaenatur fue la localización de 30 ballenas azules entre agosto y octubre.

Septiembre fue el mes con mayor número de avistamientos y ejemplares observados, el 75% de ellos navegantes solitarios.

Aunque también es de destacar que se observaron agregaciones de hasta cinco ejemplares de la misma especie, lo cual no resulta nada sencillo, y que en varias ocasiones se pudieron ver agregaciones mixtas de ballenas azules y rorcuales comunes alimentándose en la misma zona, llegando a formar grupos de hasta 21 individuos.

Por cierto, que el Balaenatur permite determinar que las ballenas azules observadas medían entre 14 y 20 metros.

También es significativo lo sucedido con los 186 ejemplares de rorcual común, detectados en 61 avistamientos realizados entre junio y octubre.

El 39% de estos avistamientos correspondieron a ejemplares solitarios, mientras que el 23% eran parejas.

En tres ocasiones se estudiaron agregaciones de más de diez individuos.


Una de las ballenas estudiadas por el BDRI en el último año. BDRI

Para "alcanzar una mayor comprensión sobre la ecología de estas especies”

Para resumir el proyecto Balaenatur y explicar el por qué de llevar a cabo este tipo de iniciativas, el BDRI explica que “dada la incertidumbre sobre los efectos de las actividades humanas y el cambio climático en especies amenazadas de carácter migratorio, como el rorcual azul, es necesario alcanzar una mayor comprensión sobre la ecología de estas especies”.

Y esto justifica el proyecto de seguimiento de la ballena azul dentro de la Red Natura 2000, llevado a cabo gracias al apoyo del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

Una iniciativa que “ha permitido que se llevasen a cabo 43 jornadas de muestreo de cetáceos cubriendo un área de 2.500 kilómetros cuadrados a lo largo de la plataforma continental de la costa noroccidental de la Península Ibérica”.

Tales jornadas de muestreo “se llevaron a cabo entre los meses de enero y octubre, cubriendo una distancia total de 4.500 kilómetros y realizando un total de 493 avistamientos de grupos de cetáceos de 8 especies diferentes, de los cuales el 20% pertenecían a grupos de rorcuales”.

El mayor censo anual de ballenas en cuatro décadas

En el BDRI detallan que “el elevado número de avistamientos de rorcuales, entre los que se encontraban 30 ballenas azules, hacen de este proyecto el mayor censo anual de ballenas llevado a cabo a lo largo de la costa gallega en las últimas cuatro décadas”.

A lo que añaden que los resultados obtenidos “no hacen más que confirmar que la costa gallega es una zona estacional para la alimentación de diferentes especies de rorcuales, entre los que se encuentran la ballena azul, el rorcual común, el rorcual aliblanco y, en menor número, el rorcual boreal”.

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Así pues, “aunque serán necesarios estudios futuros para confirmar una recuperación en el número de ballenas presentes en aguas gallegas, Balaenatur muestra datos esperanzadores que esperamos puedan servir para una adecuada gestión de las áreas marinas protegidas y como base para futuros planes de conservación de estos gigantes de los océanos”, proclama el equipo de Bruno Díaz.

Caza sin control

En el proyecto Balaenatur se explica que “a pesar de la creación en 1949 de la Comisión Ballenera Internacional (CBI) para la reglamentación de la caza de ballenas, la caza sin control durante el siglo XX provocó que numerosas especies de rorcuales estuviesen al borde de la extinción”.

Pero “una clara disminución de las capturas, una menor dependencia del uso de los recursos obtenidos de las ballenas cazadas y una reacción social a nivel nacional e internacional para la conservación de estas especies, hicieron que muchos países decidiesen abandonar la caza de estos gigantes de los océanos”.

Entre ellos España, que “tras notificar en 1979 su adhesión y seguimiento de la reglamentación dictada por la Comisión Ballenera Internacional, firmó en 1982 la moratoria a la caza comercial de ballenas a partir del año 1986”.

De este modo “se puso fin a una actividad que había comenzado en la Baja Edad Media en la costa norte de la Península Ibérica y que, de un modo u otro, se había mantenido activa desde entonces”. 

Recuerdan en el BDRI que “los últimos vestigios de la industria ballenera española se concentraron en la costa gallega, una zona de alimentación estacional para los rorcuales y donde estuvieron activas las últimas factorías terrestres”. Eran la de Caneliñas, en Cee (A Coruña), entre 1951 y 1985; y Balea, en Cangas, entre 1955 y 1983.

La primera se cazó en 1951

Según relata el centro que dirige Bruno Díaz, “entre el 28 de septiembre del 1951, fecha en la que se capturó la primera ballena (un rorcual común hembra gestante de 24 metros), y el 21 de octubre de 1985, cuando se capturó el último ejemplar (un rorcual común hembra de 17 metros), más de 5.000 rorcuales fueron cazados en las aguas gallegas, contribuyendo de forma importante a esquilmar las poblaciones de estos grandes cetáceos en esta región del Océano Atlántico”.

A este respecto, “un claro ejemplo de la presión de explotación que sufrieron las poblaciones de ballenas durante este periodo son las estadísticas del año 1978, que reportan la caza de hasta 670 rorcuales comunes, 15 rorcuales norteños y 6 ballenas azules en ese mismo año”.

Casi tres décadas después de la moratoria, “algunas poblaciones de ballenas comienzan a mostrar indicios de recuperación”, y como prueba de ello se cita que el rorcual común pasó desde el año 2018 de ser considerada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) como en ‘peligro de extinción’ a ‘vulnerable’, ya que la población mundial de esta especie se habría podido duplicar en los últimos 40 años”.

A pesar de ello, hay otras especies que, como la ballena azul, siguen en peligro de extinción. En este caso “su presencia en nuestras aguas es relativamente rara, y tuvieron que pasar más de tres décadas desde el último avistamiento de un ejemplar de esta especie en aguas gallegas hasta que en el verano de 2017 se volviesen a avistar varios ejemplares del animal más grande del planeta”.

Distribución de los avistamientos.

Distribución de los avistamientos. BDRI

Así pues, “39 años después de la caza de la última ballena azul, y 32 años después del último avistamiento de un ejemplar de esta especie en nuestras aguas, el equipo de biólogos de BDRI realizó cinco avistamientos de ballenas azules y 26 de rorcuales comunes aquel mismo verano”, relata el Balaenatur.

Pero eso no es todo, sino que “la presencia estacional de estas dos especies de rorcuales se volvió a confirmar en los años 2018 y 2019 con seis nuevos avistamientos de ballenas azules y 27 de rorcuales comunes”.

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Todo esto, apunta Bruno Díaz, “dio lugar a una serie de estudios científicos, aunque con la capacidad de muestreo limitada tanto espacial como temporalmente, dada la complejidad logística y los costes económicos derivados de la organización de las campañas para el estudio de estos grandes cetáceos”.

Fue por ello que, “ante la necesidad de realizar un mayor número de campañas de muestreo especialmente diseñadas para el estudio de los rorcuales en la costa gallega”, el BDRI diseñó el proyecto “Balaenatur: seguimiento del rorcual azul dentro de la Red Natura 2000”.

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Bruno Díaz durante una de las jornadas de observación. FdV

Lo hizo con el objetivo principal de “aportar información novedosa sobre la distribución de las diferentes especies de rorcuales presentes dentro de la plataforma continental de las aguas del sur de Galicia durante el año 2020, para así comenzar a dar respuesta a los interrogantes existentes sobre estas especies y tomar decisiones para la conservación de estos gigantes de los océanos”.